A muchos el fútbol les enseña a ganar y a perder. A Deiver Montes, bogotano, le enseñó algo más difícil: a renunciar a tiempo. Desde niño, su vida giró alrededor del balón. Entrenamientos tempranos, viajes, ilusiones familiares y un talento que parecía suficiente para abrirse camino. A los 13 años llegó a probarse en River Plate, uno de los clubes más exigentes del continente, donde compartió entrenamientos con futbolistas que luego se convertirían en figuras internacionales. Todo indicaba que su historia seguiría el libreto clásico del joven que se va temprano y triunfa afuera.

Pero el fútbol, a veces, no avisa. Una lesión de ligamento cruzado interrumpió su carrera cuando apenas empezaba a consolidarse. No fue solo un golpe físico, sino mental: el sueño que había organizado su vida desde la infancia se apagó de golpe. Sin camerino, sin partidos, sin rutina, Montes tuvo que aprender a mirarse sin uniforme. Lo que parecía un final fue, en silencio, un cambio de dirección.
Durante su recuperación en Estados Unidos, lejos del ruido del fútbol sudamericano, empezó a observar algo que hasta entonces le había pasado desapercibido. En ciudades como Buffalo, vio cómo los jugadores de la NFL entendían el deporte más allá del
resultado del domingo. No solo entrenaban y competían: construían marca, cuidaban su imagen, firmaban contratos comerciales y se movían con naturalidad entre el deporte, la publicidad y el entretenimiento. Para Montes, ese universo era nuevo. Y ahí empezó a gestarse una idea.

Del vestuario al escritorio: el nacimiento de Avalon, la empresa del bogotano Deiver Montes
Sin capital, sin estructura y sin padrinos, Deiver decidió intentar algo que en el mercado latino todavía era incipiente: gestionar la marca de los deportistas como un negocio integral. Su primer experimento fue tan simple como arriesgado. Se acercó a Jordan Poyer, jugador de los Buffalo Bills, y le propuso trabajar juntos sin contratos ni promesas. Solo una apuesta mutua. Junto a su amigo Brian Molina, hoy director creativo de su empresa, comenzó a manejar redes sociales, a diseñar contenidos y a tocar puertas de marcas que querían acercarse a los atletas sin entender del todo cómo hacerlo.

Ese ensayo se transformó, casi sin darse cuenta, en Avalon Sports. Una agencia que nació sin oficinas lujosas ni grandes anuncios, pero con una intuición clara: el deportista moderno no solo compite, representa. Primero llegaron más jugadores de fútbol americano; luego, el salto natural al fútbol, el deporte que Montes conocía desde adentro.
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El giro definitivo ocurrió en 2021, cuando decidió trasladar su operación a Miami, una ciudad donde convergen deporte, música y negocios. A través de contactos ligados a Blaise Matuidi, campeón del mundo y exjugador del PSG, logró cerrar su primer gran acuerdo en el fútbol europeo: una alianza entre Neymar y Amazon. El negocio funcionó y Avalon empezó a sonar en un ecosistema donde el error se paga caro y la improvisación no tiene cabida.
Cuando el fútbol se cruza con la música
A partir de ahí, la lista de nombres creció con rapidez. Rodrygo, Vinícius Jr., y clubes como Real Madrid, PSG, Manchester City y Atlético de Madrid entraron en el portafolio de una agencia que, sin hacer ruido, se movía en las ligas mayores del marketing deportivo. Pero Montes entendió pronto que el verdadero diferencial no estaba solo en el fútbol, sino en conectar mundos.
Su apuesta fue clara: unir el deporte con la cultura pop. Futbolistas con artistas, música con marcas, estadios con escenarios. Así nacieron colaboraciones como la de Rodrygo y Myke Towers, gestionada junto a Warner Music Latam, que terminó impulsando lanzamientos musicales y multiplicando audiencias. El deporte dejaba de ser un fin para convertirse en un canal narrativo.

Ese enfoque lo llevó a trabajar con artistas como Maluma, J Balvin y Blessd, y a participar en activaciones que cruzaron fronteras. En uno de esos movimientos, un artista colombiano terminó disputando la canción oficial del PSG, compitiendo en visibilidad con figuras globales como The Weeknd o Drake. No fue casualidad: fue lectura de contexto, timing y narrativa.
Hoy, Avalon Sports opera desde Miami y Bogotá, con planes de expansión hacia Madrid y Abu Dhabi, y participa en negociaciones que mueven millones sin necesidad de reflectores. Deiver Montes ya no persigue el balón, pero sigue jugando en una cancha igual de exigente. La diferencia es que ahora entiende algo que aprendió fuera del fútbol: en el deporte moderno, las historias también se negocian, y quien sabe contarlas bien, termina ganando partidos que no se juegan en la cancha.
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