Decálogo para evitar la polarización política

Una guía para mejorar las conversaciones cotidianas y respetar las opiniones políticas de los demás

Por: Santiago Sánchez*
mayo 24, 2016
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Decálogo para evitar la polarización política

Me preocupa particularmente una de las manifestaciones de la actual polarización política: el dogmatismo, tanto de la izquierda, como el de la derecha. En redes sociales, en conversaciones de tienda, en reuniones familiares, en almuerzos de trabajo, emergen ciudadanos de a pie cargados de los que algunas denominan sus “férreas convicciones”, de un “bando” y del otro. Y está muy bien que emerjan, porque muestra que ahora uno puede decir lo que piensa sin que lo maten, y no siempre fue así.

La estrategia es la misma en ambos casos: vociferar con vehemencia breves mensajes propagandísticos inconexos, radicalísimos, y criticarse mutuamente el uso de la misma fórmula. Y es casi que natural que así sea, pues esta es la generación de los que crecimos en la lógica de la guerra, donde lo “normal” es la aniquilación del otro.

No son personas incultas, ni pobrecitos engañados, ni víctimas de los medios de comunicación. No son bobos. Son trabajadores y buenos profesionales, padres y madres ejemplares, gentes honradas y, en algunos casos brillantes, que les duele la situación social y portan un ideal respecto a cómo vivir mejor. Gente que quiere cambios (aunque a veces no estén tan dispuestos a cambiar).

Los hay con plata, los que tienen apenas para sus gastos, y los hay arrancados. También los hay adolescentes, jóvenes, adultos, mayores y muy mayores. Mujeres, hombres, gays, lesbianas y travestis. Indígenas, campesinos, negros, gitanos, o mestizos citadinos. Costeños, paisas, patusos, rolos, o llaneros. Godos, zurdos, o ambientalistas. Los hay sin doctorado y con alcurnia, y al revés. En fin, el dogmatismo político no es fácilmente atribuible a condiciones de clase, etnia, orientación sexual, género, región, o tendencia política. Tiene que ver más bien con nuestra cosmovisión judeo-cristiana monoteísta, pero esa es otra cuestión.

Es precisamente a los dogmáticos de todos los colores, a quienes quiero dedicar estas líneas con profundo afecto y respeto: a quienes abiertamente reconocen hablar desde el odio; a quienes se ponen bravos, se levantan y se van; a los que evitan hablar de temas políticos porque dizque que “no saben”; a los que les da pereza leer; a los que llevan piedras, gases, explosivos, palos y bolillos a una manifestación (y a los que los mandan); a los que prefieren llegar temprano al trabajo y no una marcha. A todos ellos les hago estas propuestas para disfrutar del debate político crítico:

  • No caiga en universalismos: evite el espacio cómodo del “todos los tal son tales”. Expresiones como ‘los de izquierda/derecha’, los ‘ricos/pobres’, los ‘venezolanos, los gringos’, incluyen tanto que son supremamente imprecisas. Recuerde la molesta que le causa cuando alguna vez le han preguntado: “oh, ¡colombiano! ¿tú tener un poko de coca-y-na?”
  • Acepte que se trata de opiniones: con la misma vehemencia que defiende su derecho a manifestar sus opiniones también podría hacerlo para que sea posible el derecho de los demás a hacerlo, esté en contra o a favor. Reconozca que no se trata de verdades, que su verdad no es más verdad que la del otro, y que son opiniones en pulso, y es en el debate público en donde se refuerzan o se reconstruyen.
  • Acuérdese que buscamos la inteligencia colectiva: reconozca que es entre todos que tenemos que construir esto, que la verdad de uno (la suya o la mía) nunca será mejor que la construyamos entre todos. Que todos tenemos que caber, y caber bien.
  • Mantenerse en su posición a toda costa no lo hace más inteligente: por el contrario, delata su egolatría. No por ser más perseverante tiene más razón. Aceptemos que los cambios no los consigue una sola persona.
  • Evite el adjetivo peyorativo y la descalificación fácil: conceptos como ‘narcoterroristas’, ‘castrochavismo’, ‘secuaces’, ‘mamertos’, por un lado, o ‘burgueses’, ‘oligarcas’, ‘paracos’, ‘delfines’, ‘neoliberales’, por otro, son manifestaciones de su comunión con el dogma, su falta de respeto por el otro, y de su prejuicio. Igualmente, evite hacer acusaciones sin fundamentos o denuncias sin pruebas. Y si tiene las pruebas, empiece por ahí.
  • Infórmese: echarle la culpa al gobierno, a las insurgencias, a los medios de comunicación, ya no le sirve. A estas alturas, el que se quiere informar, se informa, con casi todas las fuentes que quiera. Escuche (o lea) lo que dicen los otros, a los que confronta. Nadie le está pidiendo que se pase al otro lado.
  • No se quede en las dicotomías, reconozca la diversidad: las fórmulas binarias izquierda/derecha, amigo/enemigo, buenos/malos, legal/ilegal, son antítesis reduccionistas. La realidad es mucho más compleja, piénsela, y no esté a la defensiva. Habrá puntos de encuentro y otros de desencuentro, y si le pone atención, verá que son muchos más lo que coinciden.
  • Diferencie entre un gobierno (y un gobernante) y una política pública: no se preocupe, usted puede estar a favor de alguna acción de un gobernante, sin estar de acuerdo con el gobierno en general. Igualmente puede estar de acuerdo con algún postulado de un grupo al tiempo que denigra de sus formas de acción. Y no por haber votado a un candidato lo tiene que defender como fiel escudero, en todas sus acciones hasta el final.
  • Mantenga el debate: no huya, no abandone, no desista (menos si usted propuso el debate). No se quede en la zona de confort, donde todos quienes lo rodean le aplauden y le dan palmaditas en la espalda; no sea cómodo. No se deje excluir ni marginar; no excluya ni margine. No le tenga miedo a los conceptos ni a los tecnicismos. Si no entiende, pregunte, y si le preguntan, aclare. Nadie se las sabe todas.
  • Mantenga la calma: sobre todas las cosas, mantenga la calma. El insulto, la grosería, levantar la voz, interrumpir al otro, marcharse, no resuelve nada. Si se queda incómodo, o es porque no dijo lo que quería decir, o porque lo dijo mal, o porque no quiso aceptar al otro. Fresco, deje abierta la posibilidad de un segundo round. Eso es vivir en democracia.

* Equipo de la Coordinación nacional de la Redprodepaz

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