¿De verdad Fajardo es un político alternativo?

"A diferencia de lo que dice, actúa como un operador político y garante de los intereses del establecimiento, antes que como representante de este sector"

Por: Emilio Lagos Cortés
octubre 23, 2020
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¿De verdad Fajardo es un político alternativo?
Foto: Vía Twitter / @sergio_fajardo

La red está colmada de reportes noticiosos en los que el excandidato Sergio Fajardo deja claro que no piensa participar de una coalición política que incluya a Gustavo Petro de cara a las elecciones presidenciales de 2022. De esa manera reitera la conducta que en 2018 llevó a la derrota del sector alternativo y al regreso del uribismo al poder, cuyas nefastas consecuencias hoy padecemos los colombianos.

Por sector alternativo entendemos a aquella parte del espectro político que se propone desalojar del poder a la tradicional clase política colombiana, que se ha enriquecido y ha prosperado a nivel individual, aunque haya sumido a la sociedad colombiana y a la mayoría de sus habitantes en una profunda crisis económica, social y moral.

Históricamente, este sector había sido una minoría política, que apenas había alcanzado votaciones notables con Carlos Gaviria y con Antanas Mockus. Pero Colombia entró en una nueva dinámica política después del proceso de paz que terminó con la guerrilla de las Farc desmovilizada. Entonces se abrió un espacio para que temas como la corrupción, la desigualdad y la protección del medio ambiente se convirtiesen en temas de primer orden en el debate político.

Fajardo ha construido su carrera política presentándose como un político alternativo, alguien ajeno al establecimiento. Sin embargo, sus gestiones en la alcaldía de Medellín y en la gobernación de Antioquia no muestran nada diferente a la forma en que gobierna la política tradicional. No en vano es, junto a Uribe, el principal impulsor del desastroso proyecto de Hidroituango. Si se traspasara esa gestión al ámbito nacional, Colombia seguiría siendo, básicamente, la misma que ha sido en manos del establecimiento, con un modelo neoliberal que todo, hasta el agua, lo reduce a negocio. Simplemente sería una cara nueva en el gobierno nacional. Por cierto, una cara muy amiga tanto de Uribe como del resto del establecimiento. Sin duda, sería una transición sin sobresaltos, muy del agrado de Uribe y las elites política y económica, que seguirían ocupando sus posiciones de poder. ¿Transición?, ¿de qué a qué?

Sin duda mostrarse como alternativo es un factor que puede capitalizarse en política. Gran parte de los colombianos ha tomado conciencia de que el país está en manos de una clase política que lo ha llevado al desastre en el que nos encontramos. De manera que una de las tareas inmediatas para salir del atolladero es quitarla del poder político. Quien se presente como alternativo se torna en una figura atractiva.

La campaña presidencial de 2018 era el momento propicio para que la unidad de sectores alternativos y defensores del proceso de Paz llegase al poder, incluso en primera vuelta: solo había que llegar unidos. La mera unión entre Petro y Fajardo sumaba el 48% de los votos en primera vuelta, frente al 39% del candidato del uribismo.

Sin embargo, toda la actividad política de Fajardo, desde 2017, cuando en Colombia comenzó a sentirse que era posible derrotar al establecimiento, parece enfilada a evitar que los distintos sectores alternativos se consoliden y trabajen unidos para obtener la presidencia. Aunque se le pudiese calificar como alternativo, lo cierto es que su actividad política desde el 2017 parece orientada a evitar que el sector alternativo no pueda llegar a la presidencia; a menos que sea con él, él, no Él, como candidato.

Desde noviembre de 2017, cuando Fajardo punteaba en las encuestas, Petro propuso una consulta para definir un candidato de unidad que se enfrentase al uribismo; Fajardo no aceptó. Luego de que Petro pasara a la segunda vuelta, Fajardo, rechazando la oferta de un cogobierno, realizada por Petro, decidió irse a ver ballenas, como si la realidad política del país nada le importase. Ahora, de cara a las elecciones de 2022, reitera que con Petro jamás hará acuerdos políticos.

Más que llevar al sector alternativo al poder, pareciera que su objetivo es evitar que el sector alternativo llegue al poder de la mano de Gustavo Petro. Entonces cabe preguntarse: ¿qué tan alternativo es un político que rechaza reiteradamente la posibilidad de la unión del sector de los alternativos?

Su conducta, más que a vencer al establecimiento, ha estado orientada a evitar que Petro llegue a la presidencia. Así, resulta más un defensor del establecimiento que alguien empeñado en sacarlo del poder. A Fajardo solo le resulta aceptable una transición en la que se cambie a las figuras tradicionales del establecimiento por otra que, estando en el poder, le garantice al establecimiento la conservación de sus posiciones de poder político y económico. Un simple maquillaje. Por esa razón no acepta un pacto con Petro.

En ese escenario, contrario al relato impuesto por los grandes medios, Petro resulta ser el candidato que trabaja por la unidad del sector alternativo, mientras que Fajardo es el ególatra que no concibe una alianza política en donde él no sea el candidato, y que teme ser derrotado en una consulta interna anterior a la primera vuelta presidencial.

A diferencia de lo que dice, Fajardo actúa como un operador político y garante de los intereses del establecimiento, antes que como representante del sector alternativo. ¿Un caballo de Troya?

Adenda. La minga deja claro que un movimiento de protesta masivo y pacífico implica una derrota para el gobierno; urge hallar la forma de que el vandalismo no se infiltre en la protesta ciudadana.

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