Opinión

De que nos clavan, nos clavan

"El problema de Colombia es usted, porque no le gusta leer, no quiere estudiar, no quiere trabajar, vive esperando el viernes, solo piensa en fiesta, solo habla de fútbol"

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enero 20, 2016
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No hay que atacar al poder si no tienes la seguridad de destruirlo
Nicolás Maquiavelo

¿Quién dijo que para rebelarse e ir contra el establecimiento, contra el sistema, contra la clase política tradicional, hay que ser mamerto y quemar la bandera yanqui? ¿O lanzar arengas contra el capitalismo y el imperialismo? ¿O tirar piedra en la Nacional? ¡Para nada!

Lo que está sucediendo en Colombia en términos políticos y económicos tiene que levantar a sus ciudadanos. Hay que buscar la forma de decirle a quien toque ¡NO MÁS! Pero unidos, fuertes, coherentes. Hay que actuar y dejar la quejadera, porque lo cierto es que siempre al final nos dejarnos clavar sin decir ni mu. Qué pena el término, pero no hay de otra.

No voy a meterme en el cuento de si fue bueno o no vender Isagén, pero sí dejaron muchas dudas Juan Martín Caicedo (presidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura), Luis Fernando Andrade (presidente de la ANI) y el mismo ministro de Hacienda con sus intervenciones en los medios de comunicación el día de la venta. Estos señores, con todos los títulos y reconocida trayectoria, ¡No tenían claro cómo iban a destinarse los recursos! Dudaron, se salieron por la tangente, pero se les notó la improvisación. Eso es como si vendo una joya muy fina y luego pienso qué deudas voy a pagar con su venta. De remate, Clemente del Valle, gerente general de la FEN, dice que en dos meses recibirá el primer billón de la venta, cuando se suponía que todo llegaría en 20 días. Francamente, eso genera muchas dudas y desde ya se dice que esa platica se perdió.

Bien dice Gustavo Álvarez Gardezábal en su columna del 18 de enero pasado en ADN: “El presidente Santos conoce lo débil que resultan ser los políticos frente a un frasquito de mermelada, pero, sobre todo, sabe que en este país nadie, ni él, convoca multitudes”. Sobre este último punto, que es el tema central de esta columna (unirse y revelarse) concluye algo cierto y es que “Uribe ya no es una piedra en su camino. Los congresistas del expresidente no hacen ni cosquillas, y las Farc y los partidos están demasiado satisfechos para pelear con la cuchara. Esa es la verdad y aunque no guste, debe admitirse”. ¿Y entonces no vamos a hacer nada?

Miremos la platica, el bolsillo. Los colombianos tenemos que apretarnos el cinturón y de qué manera. Hoy una entrada al supermercado vale mínimo $200.000 y se sale con una bolsa y tres cosas básicas para el consumo; ni un solo gustico. El pasado domingo, el economista y exministro Guillermo Perry sugirió que los colombianos también deben exigirle al Gobierno hacer lo propio con el recorte del gasto público improductivo y ordenar una verdadera austeridad a sus ministros, y agrega que “Será difícil convencer a la opinión de que se necesita aumentar el recaudo de impuestos si sigue la alegre repartición de ‘mermelada’ a través de los ministerios de Hacienda (cupos indicativos), Transporte (vías secundarias) y Agricultura (programa Pares)”. Y agrega algo ya mencionado en esta columna: “Pero la simple duda de que los recursos de la venta de Isagén pudieran irse en ‘mermelada’ y corrupción condujo a una oposición muy fuerte a su venta. Y podría suceder algo parecido con la necesaria reforma tributaria”. ¿Y qué pasó? La oposición fue fuerte pero insuficiente, y seguimos en las mismas; se salieron con la suya.

 

Decirle a un país ordeñado en impuestos
que no se ven, como en este:
“Vote y en agradecimiento yo le subo los impuestos” es un imposible

Ahora, esta bomba social compuesta por lo político y lo económico, surge en el momento en el que se va a consultar al pueblo colombiano para poder llegar a la firma “del acuerdo para finalizar el conflicto entre las Farc y el Estado colombiano” (me encanta esta frase que puso en aprietos al general Rodríguez por lo real; porque así es). Muy astutamente, el Gobierno aplazó la reforma tributaria estructural que había filtrado para medir la reacción de los contribuyentes (léase clavados), y la dejó para después de la consulta. Es que decirle a un país ordeñado en impuestos que no se ven, como en este: “Vote y en agradecimiento yo le subo los impuestos” es un imposible. Era obvio. Solo hay que remitirse al miedo que demostró el Ejecutivo bajando el umbral de dieciseis a cuatro millones de votos para que la consulta pase como sea.

A la final, ¿qué hará el Gobierno con su reforma tributaria, en la que inclusive dos ministros dejaron ver la falta de unanimidad a su interior (MinTic que alegó el incremento en el precio de las tabletas y MinEducación el de los cuadernos)? ¿Desistirá de la estructural para hacer una más de las paliativas a las que nos tiene acostumbrados? ¿Cómo va a reemplazar los recursos que vienen del petróleo que se le reducirán de $23 billones a $2 billones?

El asesinado Jaime Garzón dijo en alguna oportunidad: “EL PROBLEMA DE COLOMBIA ES USTED, porque no le gusta leer, no quiere estudiar, no le gusta madrugar, no quiere trabajar, vive esperando el viernes, solo piensa en fiesta, solo habla de fútbol”. Ese es el gran problema de los colombianos. No entienden de Isagén, ni de reformas tributarias y menos se dan cuenta de cómo pasó la mermelada porque tienen las prioridades trastocadas. Basta mirar como ejemplo la indignación nacional por la humillación que sufrió Ariadna Gutiérrez en Miss Universo, con lo cual estoy de acuerdo, ¿pero más que los planteamientos de la Reforma Tributaria donde el incremento del solo IVA escandaliza? ¿Más que el desbordado incremento a los impuestos de los carros, donde los viejos quedaron pagando cifras absurdas en lo que se denominó una reforma tributaria disfrazada? ¿Más que la oficialización del término mermelada y su descarada práctica dentro de los proyectos gubernamentales, solo por citar unos pocos casos?.

¿Saben por qué no entienden, por qué siguen y seguirán en las mismas? Porque ni siquiera leen las instrucciones de un electrodoméstico. Es que leer no quiere decir volverse experto en Shakespeare, o Voltaire, o Saint Exupéry. Es tener la mínima curiosidad de llegar al conocimiento de cómo funcionan las leyes, los asuntos de su interés y darse cuenta si están mal manejados por otros. Eso les permite revelarse con argumentos. Por eso “el problema de Colombia es usted”… Por eso, de que nos clavan, nos clavan.

 Hasta el próximo miércoles.

 

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