De moléculas, piedras y proyectiles (III): las ideas (la filosofía se juega en las calles)

¿Qué significa la Revolución Molecular Disipada (RMD) desde el punto de vista de Alex López y Álvaro Uribe? Una mirada conocedora

Por: Daniel Yepes Grisales
mayo 18, 2021
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De moléculas, piedras y proyectiles (III): las ideas (la filosofía se juega en las calles)

“Hace años que estamos advirtiendo que la batalla cultural es decisiva. Pero los tecnócratas y la centro-derechta cobarde, que no entiende ni le interesa la cultura, pensaron que era una cosa de filósofos, de gente que está en las nubes de las ideas. Ahora, ¿quién estuvo todo este tiempo en las nubes? La batalla cultural es la precondición de una Revolución Molecular” (Agustín Laje).

“Piñera decretó Estado de Emergencia, no Estado de Sitio. En eventos insurreccionales anteriores se decretaba Estado de Sitio, y había saqueos, y había paredón ahí mismo donde se estaba ejecutando el saqueo, estaba permitido legalmente; y se acababa el problema: los saqueos duraban apenas 24 horas” (Alexis López Tapia).

¿“Revolución” o proceso político contencioso?

Tras un largo preámbulo de dos entregas (2) ahora nos podemos ocupar del asunto de fondo: ¿qué quiere decir Revolución Molecular Disipada (RMD) desde el lugar de enunciación de los guerreristas de ultraderecha López y Uribe? Se trata de un esquema a la vez descriptivo e interpretativo que les ha servido no solamente para leer el estallido social que se viene presentando los últimos tres años (el cual asumen como coyuntura crítica decisiva), sino todo un proceso “revolucionario” de larga duración que se habría venido desarrollando desde finales de la década de 1980. Veamos de qué “revolución” están hablando López y Uribe cuando dicen RMD.

Entre 1982 y 1990 cayeron las últimas dictaduras militares en América Latina (siendo la chilena la última en caer), lo que condujo a procesos de democratización en todo el continente. A partir de 1989, con la caída del muro de Berlín y la implementación de las fórmulas del Consenso de Washington se produjo simultáneamente el proceso de reformas neoliberales y el proceso popular de resistencia al neoliberalismo en América. Esa resistencia antineoliberal ha tenido como protagonistas a los movimientos sociales de todo cuño y a los movimientos específicamente antiglobalización capitalista como la Cumbre de los Pueblos (a partir de 2005) y el Foro Social Mundial (a partir de 2001). No obstante, es el Foro de Sao Paulo, fundado en 1990 por iniciativa del Partido dos Trabalhadores (PT) de Brasil como escenario de debate, formación y coordinación de los esfuerzos políticos antineoliberales y revolucionarios de la izquierda latinoamericana en su amplio espectro, el que ha despertado interés y preocupación por parte de las facciones de ultraderecha del continente.

Es sabido, por otra parte, que todos los gobiernos del llamado “giro a la izquierda” latinoamericano, principalmente en la primera década del siglo XXI provenían de movimientos sociales fuertes que hacían parte del Foro de Sao Paulo y que, de ser movimientos sociales autónomos, muchos de ellos pasaron a conformar partidos políticos de izquierda y luego a integrar y apoyar partidos de gobierno socialistas o progresistas, con el respaldo de las organizaciones de la “vieja izquierda” y en algunos casos de las insurgencias armadas.

La conclusión más lógica es que en América Latina ha habido en los últimos 30 años una relación flexible y dinámica (aunque no exenta de contradicciones y problemas) entre los movimientos sociales, las organizaciones políticas de izquierda, los gobiernos progresistas y algunas insurgencias armadas que han logrado sobrevivir. Ahora se entiende mejor a cuál “revolución” se refieren López, Uribe y las fracciones guerreristas que ellos representan, cuando dicen “Revolución Molecular Disipada”; es ni más ni menos que ese proceso político contencioso (3) latinoamericano de larga duración, y que en los últimos años viene expresándose en ciclos de protesta de magnitud y alcance que no se veían desde hace décadas.

La “disipación” en la protesta

¿Pero por qué a dicho proceso político contencioso se le ha comenzado a nombrar “disipado”? Como López no toma este término de los filósofos, debemos proceder por tanteo. El diccionario de la RAE define disipar como “hacer que algo se desvanezca por separación de las partes que lo forman” y “evaporarse, resolverse en vapores”. El término también ha sido usado para describir un comportamiento de distintos ciclos de protesta social, por ejemplo el que se produjo en Hong Kong en 2019, en el cual, al aplicarse el principio difundido por Bruce Lee de “moverse como el agua”, incluía un recurso táctico de disipación (o “evaporación”) consistente en que la manifestación central se dispersara rápidamente (“por separación de las partes que la conforman”) ante la arremetida directa del bloque policial antidisturbios, para después volver a “condensarse” en otros lugares previamente concertados, logrando con ello dispersar, a su vez, las fuerzas represivas estatales, conservando así la iniciativa y la ventaja.

Así pues, la disipación se trataría, en este contexto, de un recurso táctico o incluso potencialmente parte de un repertorio modular (3), que hoy vemos aplicarse, por ejemplo, en la dinámica móvil, descentralizada y reticular (o molecular) de los bloqueos en Cali, Colombia. No obstante, ni a ese nivel táctico ni a un nivel más estratégico el término disipación o “disipada” parece añadir mucho a la concepción de revolución molecular, que en sí misma ya implicaba todos esos aspectos móviles y dinámicos. En este sentido, si bien la analogía de la disipación NO es algo azaroso o absurdo (no es un “disparate” de López), por ahora tampoco es claro su pleno sentido en la noción de Revolución Molecular Disipada. Sin embargo, conviene conservar el término completo (RMD) en aras de no confundir la idea política novedosa de López para el caso de América con el planteamiento teórico-político general del filósofo Félix Guattari (Revolución Molecular, a secas).

Félix Guattari y la izquierda latinoamericana

La noción de “molecular” como atributo del proceso político latinoamericano del que venimos hablando, López la toma directamente de Gilles Deleuze y Félix Guattari, sobre todo de éste último, quien en 1977 publicó La revolución molecular y por tanto es el referente teórico privilegiado de López, lo cual, a su vez, tiene una fuerte explicación histórico-política que no han sabido entender los eruditos profesores de filosofía que hoy tanto cacarean y se rasgan las vestiduras por supuestas “malas lecturas”, incomprensiones y tergiversaciones. Estos señores y señoras olvidaron que para estos autores franceses, que bebieron del deconstruccionismo de Derrida, no existe algo que se pueda llamar una “mala lectura” por oposición a “la lectura correcta” de los eruditos; lo que existen son lecturas diferentes que obedecen a lugares, supuestos, medios y propósitos diferentes, lo cual es precisamente lo que habría que analizarse.

Félix Guattari no fue un filósofo común. Muy por el contrario, como psicoanalista y activista político sus planteamientos filosóficos (de la mano de Deleuze, que sí era filósofo de profesión) se desprendían directamente de su radical compromiso con el momento histórico-político que le tocó vivir, y los problemas tácticos, estratégicos y teóricos que de éste se derivaban. Guattari fue un intelectual comprometido, un intelectual de izquierda, un intelectual orgánico de los explotados y oprimidos. En su última década de vida estuvo muy comprometido con las causas de la izquierda latinoamericana tras la caída de las dictaduras, particularmente en Brasil, siendo uno de los intelectuales que apoyó desde sus inicios la propuesta socialista democrática y autonomista del PT de Brasil, viajando en numerosas oportunidades a ese país a partir de 1979, en las cuales promovió su teoría de la Revolución Molecular aplicada al caso brasilero.

Por ejemplo, en la entrevista que Guattari le hizo a Lula da Silva en 1982, le dijo al final: “Si ustedes continúan al ritmo en que están comprometidos en esta suerte de transformación de Brasil, tal vez ustedes acaben marcando el camino de las revoluciones moleculares”. Entonces algo es cierto: la referencia teórica y política que trae López no es ni azarosa ni desatinada sino, por el contrario, aguda y perspicaz, toda vez que, como intelectual comprometido, Guattari dedicó una parte de sus últimos años de vida a aportar a los procesos de transformación política y social latinoamericanos.

La Revolución “Molecular”

¿Por qué tanto López como Guattari llaman “molecular” a la revolución? Como pudimos ver, el hombre de guerra y el intelectual de izquierda no hablan de lo mismo cuando dicen “revolución”. Mientras el primero se refiere a una supuesta guerra prolongada comunista en América, el intelectual se refería más a una concepción cultural (aunque no dejaba de ser política) de la revolución que se inspiraba en la experiencia del Mayo francés de 1968, la cual pretendía el ascenso de “la imaginación al poder” más que la toma del poder. No obstante, parece ser que en la noción analógica de “molecular” el señor López sí procura ser fiel a la lectura filosófico-política de Deleuze y Guattari, por lo que nosotros también debemos seguirle la pista, evitando que se convierta en patrimonio teórico exclusivo de esta ultraderecha perspicaz.

Se trata de una analogía que no es fácil de descifrar, pero voy a intentar explicarla. La idea básica que permanece en algunos de sus usos, y que Deleuze/Guattari aplican al análisis de las nuevas revoluciones culturales y políticas, es que las moléculas son entidades de diversa forma, estructura y tamaño que se componen de varias partículas menores (los átomos) unidas por enlaces de intensidad variable y que eventualmente pueden deshacerse y rehacerse obedeciendo a leyes de atracción-repulsión electromagnética pero también a estímulos externos como el calor. Si visualizamos aquí el comportamiento dinámico y flexible de la acción colectiva contenciosa de los Nuevos Movimientos Sociales del siglo XXI podemos comenzar a entender de qué va el asunto.

Adicionalmente, los autores quieren diferenciar lo molecular de lo celular (que era la analogía que usaban los partidos comunistas), pues el problema de las células es que entran en una lógica vertical y jerárquica al formar tejidos, que forman órganos, que conforman sistemas, que finalmente son dirigidos por un cerebro central. Aquí es claro que el esquema descriptivo y la propuesta política “molecular” de Deleuze y Guattari tiene el sentido de impulsar en los Nuevos Movimientos aquellas formas organizativas horizontales, descentralizadas y autónomas que se coordinan a través de dinámicas de democracia directa asamblearia y de redes provisionales y flexibles. Movimientos que, por lo tanto, son muy difíciles de desactivar o desarticular por parte de los poderes represivos del Estado, la escuela, la familia, etc.; esto es lo que más asusta a los ultraconservadores como López y Uribe.

Cabe enfatizar que Deleuze y Guattari no invocaban solamente una transformación individual, como ahora dicen algunos profesores de filosofía. Por el contrario, convocaban la conformación de “enjambres de máquinas deseantes” en todos los espacios cotidianos de la sociedad, y de “agenciamientos colectivos” que “territorialicen” los espacios y que puedan unirse a través de “planes de consistencia o composición” que, a diferencia de los viejos planes de organización, no homogenizan sino que reúnen las heterogeneidades y multiplicidades, cuyo número de conexiones aumenta constantemente hasta el infinito.

Así pues, la revolución molecular no se trata ni de una simple agregación individualista ni de una centralización autoritaria, sino de Nuevos Movimientos moleculares que son imposibles de guillotinar porque no tienen cabeza central y que son muy difíciles de disolver porque producen nuevas conexiones múltiples constantemente. Son la pesadilla de todos los poderes autoritarios del capitalismo patriarcal, cuyos defensores criollos de hoy son personajes como el señor López y el expresidente imputado Uribe.

El juego de Go y la estrategia (lúdica y política) de los Nuevos Movimientos

El señor López ha dicho que la estrategia utilizada en la RMD es la estrategia del juego de Go (4). Dice además que el Go llegó a Chile a través del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) cuando era una insurgencia armada activa, quienes supuestamente lo habrían aprendido del grupo separatista vasco Euskadi Ta Askatasuna (ETA), quienes a su vez lo habrían conocido a través de la novela del escritor y exmiembro de la CIA estadounidense Trevanian, titulada Shibumi.

Dicha afirmación se trata probablemente de una fake new, de una noticia falsa sin sustento fáctico. En la reconstrucción histórica que se ha hecho del Go en América Latina ha quedado claro que el juego llegó a finales del siglo XIX con emigrados japoneses, chinos y coreanos, y que en los años 50 del XX se comenzó a extender a pequeños grupos de “criollos” en las facultades de ingeniería de algunas universidades (no en grupos de izquierda como afirma López), sobre todo en Brasil, y después en Ecuador, Perú, y finalmente Argentina, Chile y otros países. Así pues, pensar que la extrema izquierda trajo el Go a Latinoamérica para replicar el nacionalismo vasco se basa más bien en conexiones mentales que solo son posibles en la cabeza de alguien que, como López, se ha dejado llevar por la paranoia neonazi.

El Go sí ha sido utilizado por revolucionarios asiáticos como el chino Mao Tse-tung y el vietnamita Võ Nguyên Giáp para inspirar sus estrategias militares irregulares de resistencia frente a una potencia imperialista invasora. Pero no existen indicios de que alguna insurgencia americana hasta ahora haya hecho uso de estas estrategias, que son casi desconocidas fuera del Lejano Oriente asiático. No obstante, algunos grupos libertarios y anarquistas sí han publicado en internet lecturas del juego de Go aplicadas a estrategia política revolucionaria (5), lo que conecta muy bien con las analogías bélicas de Antonio Gramsci para entender la política moderna: el Go sirve como modelo de la llamada “guerra de posiciones” de la que Gramsci hablaba (por oposición a la “guerra de movimientos” que se parece más al ajedrez), aludiendo con ello a las luchas políticas y culturales contrahegemónicas en el terreno de la sociedad civil.

También se podría emparentar bien al Go con la teoría de la Revolución Molecular de Guattari y Deleuze, quienes en 1980 en su libro Mil Mesetas hicieron una oda al juego de Go como buen ejemplo de sus “enjambres de máquinas de guerra deseantes y no subjetivadas”, que son ni más ni menos que las moléculas de una revolución a la vez cultural y política. Si se piensa bien, tiene sentido la analogía: la piedra de Go, con sus cuatro libertades, es como el átomo de carbono que, al enlazarse de formas diversas, dinámicas y flexibles con otros átomos produce formaciones moleculares descentralizadas, sin jerarquías ni liderazgos visibles.

Es un modelo de una gran riqueza (aún por explorar) para describir, analizar y proyectar la acción colectiva contenciosa de los Nuevos Movimientos Sociales de tipo horizontal, reticular, asambleario y de “código abierto” a los que tanto teme la ultraderecha conservadora, porque son el nuevo fantasma que recorre el mundo. Nuestra consigna entonces debe ser: ¡a estudiar, a luchar y a jugar!

En conclusión

En este recorrido un poco extenso he intentado poner en evidencia el hecho de que la idea política de Revolución Molecular Disipada (RMD) no debe tomarse a la ligera y, por el contrario debe tomarse muy en serio. Porque quienes usan esta idea son hombres de guerra que, en medio de su paranoia neofascista, han sobredimensionado –a conveniencia- la influencia de los gobiernos socialistas de la Región y de las reducidas expresiones altamente organizadas y armadas de la izquierda en el direccionamiento del proceso político contencioso de larga duración, que de manera imprecisa (interesada) denominan “revolución”. Contra esa supuesta revolución han desatado un verdadero exterminio dirigido sobre los jóvenes y todas las expresiones de inconformismo o protesta social, bajo el supuesto de que si no son controladas con toda la violencia en sus fases bajas van a escalar, copar y saturar.

Pero no se trata de “malas lecturas” o simples tergiversaciones amañadas. No solo en el sentido de que su particular lectura tiene un sentido e implica un proyecto político de derecha radical neofascista que si lo subestimamos podría, éste sí de verdad, “escalar”, “copar” y “saturar”. También porque los planteamientos a los que ellos le temen, que se inspiran no solamente en Guattari sino también en Deleuze, en Derrida, en Michel Foucault, en Toni Negri, en Ernesto Laclau, en Jacques Rancière, en Daniel Bensaïd, en Antonio Gramsci, y por supuesto en Marx y en Bakunin; sí deben seguir siendo estudiados, analizados, debatidos y aterrizados en todos los espacios (partidos, movimientos, asambleas populares, barricadas, fábricas, familias, escuelas, medios alternativos, redes virtuales, etc.) que buscan la transformación con miras a una mayor justicia social o directamente el fin de la injusta sociedad capitalista y patriarcal.

Este texto se ha tratado, pues, de una convocatoria para comprender lo que los adversarios políticos de los Movimientos Sociales y de las formas de democracia directa desde abajo ya entendieron muy bien: la filosofía se juega en las calles.

Notas

- Aquí se normalizó la oración al lenguaje escrito, puesto que el original es un discurso oral, pero no se alteró en nada el sentido. El video está disponible en: Colombia bajo Ataque: Revolución Molecular | Agustín Laje

- Las primeras dos partes de esta columna están disponibles en: De moléculas, piedras y proyectiles (I): los hechos (la revolución sí será transmitida) y De moléculas, piedras y proyectiles (II): el personaje (la guerra no es un chiste)

- Los conceptos proceso político contencioso (o simplemente contienda política) y repertorios modulares, son tomados de los autores estadounidenses Charles Tilly, Sidney Tarrow y Doug McAdam.

- El Go, que en Japón se le conoce como igo, en China como weiqi y en Corea como baduk, es un juego de estrategia para dos personas de origen milenario, el cual se juega sobre un tablero (goban) cuadriculado de 19x19 líneas (361 intersecciones) y de un solo color, en el que se ubican por turnos las piezas (llamadas “piedras”), las cuales son todas iguales en forma y valor, con la única diferencia de que las de un jugador son todas blancas y las del otro todas negras. El objetivo del juego es llegar a controlar o “cercar” más territorio que el adversario, aunque solo sea por medio punto. Para más información se puede consultar acá. Para aprender a jugar se puede consultar acá.

- Algunas de esas interesantes lecturas sobre el Go con distintas aplicaciones y reflexiones se pueden encontrar en acá. Sobre todo la que se titula “Cómo el Go se convirtió en el juego favorito de anarquistas y libertarios”.

* Mg en Ciencia Política, doctorando en Filosofía, jugador amateur de Go, miembro del observatorio En Movimiento.

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