El cura que le ganó la pelea al alcalde de Villavicencio

Con un 'cacerolazo', protestó para evitar que hiciera del barrio San Benito una zona de tolerancia

Por: Leonel Uriel Alzate Herrera
diciembre 25, 2015
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El cura que le ganó la pelea al alcalde de Villavicencio

La pugna que hay en Villavicencio entre el alcalde Juan Guillermo Zuluaga y las nuevas generaciones de ciudadanos de la capital del Meta por la posible adopción del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) se ha convertido casi en una novela cuyo final, que debe darse la próxima semana, está como para alquilar balcón.

El alcalde ha presentado para estudio ante el Concejo municipal un proyecto que tiene parcializados a muchos sectores de la ciudad, toda vez que, según sus opositores, el proyecto presentado por el burgomaestre está viciado por un indebido proceso al que le faltó socialización y que quede en firme la resolución que lo declare concertado y aprobado en los asuntos ambientales del proyecto de POT, Esto beneficiaría a los grandes tenedores de tierra, al convertir en suelo de expansión urbana algunas zonas, hasta hoy, consideradas como rurales.

Lo grave del asunto es que aunque los opositores del mandatario chillen y pataleen, el proyecto de POT presentado por el alcalde va a ser aprobado casi que a pupitrazo, antes del próximo 31 de diciembre, y esto ha generado la molestia no solo de las nuevas ciudadanías, sino también de algunos seguidores del alcalde electo, Wilmar Barbosa, quien habría dejado entrever su interés en ser él, y bajo su administración, quien establezca este POT, en una de las ciudades más caóticas en materia de ordenamiento y urbanismo, como es la capital del Meta.

Un asunto entre curas, meretrices y alcaldes

La otra pata que le nació al cojo esta semana tiene que ver con que en el proyecto presentado por el alcalde saliente: se pretendía implantar cuatro manzanas del barrio como zona lúdica, así como una zona de tolerancia en el barrio San Benito, un sector que otrora fue una zona marginal de la ciudad, y que con más de 50 años de fundado, y pese a que es una zona por donde a diario transitan casi ocho mil estudiantes, ni siquiera tiene un parque recreativo y sus habitantes han tenido que convivir con mecánicos, meretrices, y hasta consumidores de droga.

Por eso, hoy, cuando gracias a la dinámica de modernidad de Villavicencio ha ido convirtiendo al barrio en una de las zonas más céntricas y con mejor acceso vial de la ciudad, sus habitantes no están dispuestos a permitirse seguir bajo el estigma de las drogas y el ambiente que genera a sus alrededores una zona de comercio sexual, por lo que se pusieron el overol de la protesta, y reunieron en la la iglesia del barrio al cura y al alcalde, a quien literalmente le cantaron la tabla, lo que motivó al burgomaestre, incluso, a amenazar a los habitantes con abandonar la reunión si no le firmaban las actas de asistencia, a lo que los feligreses se negaron, porque dijeron que esto sería como aceptar que el alcalde les socializó un tema que nunca antes se trató con la comunidad. Por eso salieron a las calles y a punta "cacerolazos" le acaban de ganar la pelea al alcalde Juan Guillermo Zuluaga, quien para mantener viva su posibilidad de ser él quien implante el POT debió ceder a las solicitud de los habitantes, aunque aún no es claro en qué lugar se ubicarán a los cientos de trabajadores y trabajadoras sexuales, quienes formal o informalmente tienen derecho a trabajar.

Así las cosas, y teniendo en cuenta que gracias a algunos concejales de la línea del alcalde, todo indica que durante los últimos cuatro años el POT se va a imponer casi que a pupitrazo antes de una semana, cuando termina su administración, quedan claros varios aspectos:

En primer lugar, que deben ser muchos los intereses que mueve la aprobación e implementación del Plan de Ordenamiento territorial para que dos administraciones, entrante y saliente, se peleen por implementarlo. En segundo lugar, que a un barrio como el San Benito, ignorado durante más de 50 años por las administraciones, y donde los líderes comunales nunca han servido para nada, le hacía falta un cura que les enseñara a pelear por sus derechos.

Por último, y tal vez el punto más álgido de esta historia, es que por paradójico que parezca, y aun cuando el tema nada tiene que ver con la era de la Santa Inquisición, fue al interior de una tradicional iglesia católica de Villavicencio, donde se definió la suerte de las, y los trabajadores sexuales que a diario pululan las calles de un barrio que pasó de ser marginal, a convertirse en la joya de la corona de los más destacados proxenetas de la ciudad.

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