¿Cuándo nos libraremos del clientelismo?

Esta antigua práctica política está tan arraigada en la mentalidad colombiana que será difícil de erradicar

Por: ANTONIO ACEVEDO LINARES
agosto 16, 2019
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¿Cuándo nos libraremos del clientelismo?
Foto: The Register

El clientelismo es un sistema de protección y amparo con que los partidos patrocinan a quienes se acogen a ellos a cambio de su sumisión y servicios. Hay que venderle el alma al diablo si se quiere conseguir un empleo en este país y, el ejercicio de la politiquería parece ser una buena fuente de empleo. Por eso hoy muchos individuos se lanzan a crear microempresas políticas y venden la idea de que con su elección las cosas van a cambiar y sus asesores de imagen lo venden como un hombre transparente, abanderado de la anticorrupción, y se autodenominan como una nueva opción política y se dicen independientes, cuando en realidad provienen de los viejos partidos políticos tradicionales. Se avergüenzan de sus orígenes y ese es un rasgo de la personalidad que fomenta el arribismo político. La política regional es un fiel reflejo de la política nacional en donde cada político funda su feudo y tiene su clientela que es la que lo lleva al poder. Los políticos viven de sus clientelas porque la política es solo un negocio más del libre mercado, viven de la miseria y de la necesidad ajena, sin ella no habría quienes votarían por ellos y no estarían en el poder donde simulan representar a la sociedad. Las excepciones a estas prácticas políticas son visibles en el país pero también son visibles los políticos y sus clientelas.

Clientes y proxenetas

El proxenetismo político es una antigua práctica del ejercicio de la política en Colombia; dícese del individuo que induce mediante engaños a la prostitución política. El proxeneta político obtiene beneficios a cambio de la prostitución política de otros. El ejercicio de la política ya ha alcanzado los mismos niveles de la prostitución, que es vender por dinero su cuerpo. En el ejercicio de la política se vende la conciencia por dinero, porque es inconcebible votar sin recibir nada a cambio, y al vender la conciencia, se ejerce también la prostitución, en tanto que el cuerpo y la conciencia son lo más inalienable de un individuo. En el proxenetismo político la lucha por el poder es para obtener más poder y robar los fondos del Estado, traficar influencias y corromper las instituciones. La democracia está sostenida con estas prácticas culturales y políticas, que son prácticas premodernas y licenciosas, y mientras estás no cambien, el ejercicio de la política en Colombia seguirá siendo de clientes y proxenetas. Por otra parte, se prostituye la conciencia de los individuos cuando se ve obligado por la necesidad o la intimidación a votar por determinado candidato, su libertad se enajena y el derecho a negarse pierde su sentido democrático porque la abstención también es una forma de la democracia que debería reivindicarse y tener sus efectos en la sociedad.

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