Cuando los paras le quitaron todo a Lokillo

El humorista paisa vivió su infancia en Dabeiba. Vivió en la calle en Medellín, ciudad a donde llegó desplazado. Se repuso a todo

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mayo 28, 2021
Cuando los paras le quitaron todo a Lokillo

Desde su ventana en Dabeiba, Antioquia, Yedison Ned Flórez Duarte vio los ojos de la guerra. En 1996, cuando tenía nueve años escuchaba el terror que causaba el Frente Occidente Medio Antioqueño (FOMA) de las Autodefensas de Córdoba y Urabá en Frontino, uno de los pueblos vecinos. Estaban trenzados en una lucha palmo a palmo por el territorio con el Bloque José Maria Córdoba de las Farc. Pronto las poblaciones de Abriaquí, Uramita, Giraldo y Cañasgordas fueron testigos directos de los enfrentamientos. Dabeiba no tardaría en convertirse en una trinchera.
Desde su ventana el niño que alguna vez sería conocido como Loquillo veía una camioneta Toyota de color blanca pasearse por las calles del pueblo. Tenía cuatro puertas, vidrios oscuros y era conocida como Caminito al cielo: el que se montaba en ella conocía directamente a San Pedro. Hombres misteriosos, con gafas de sol y metralleta en la mano, metían en la camioneta a labriegos que nunca más volvían a verse en Dabeiba.

El 23 de noviembre de 1997 las AUC llegaron para quedarse en el pueblo. En cuatro días mataron a 14 campesinos y desaparecieron a tres más. Incendiaron 30 casas y la gente empezó a transformar a Dabeiba en un nuevo pueblo fantasma. A punta de pipetas, las Farc intentaron recuperar el pueblo. Lo único que consiguieron fue ponerle más muertos a la guerra.

Yedinson Ned lo único que tenía para vivir era el humor. Su familia estaba llena de trovadores. La primera trova la hizo a los nueve años en Dabeiba. Ya no recuerda exactamente como era pero le sacaba el lado gracioso al apocalipsis que vivía el pueblo en los tres intentos que hicieron las Farc para reconquistarlo y que dejó el saldo de ocho campesinos muertos. En uno de esos ataques la guerrilla disparó durante 11 horas sobre el pueblo en donde se refugiaban los paramilitares. Los Flórez Duarte, a finales de 1998, empacaron sus casas y como otros dos millones de campesinos tuvieron que huir de la guerra refugiándose en la ciudad.

Estuvieron un año en Cimitarra Santander. De ahí los grupos armados volvieron a expulsarlos. Su fueron para Medellín. La familia creía tener ahorros para vivir con holgura durante un año. Calcularon mal: los gastos desangraron el poco dinero que traían en apenas dos meses. Entonces a Yedinson le tocó salir a la calle a vender lo que fuera, desde helados hasta ganchos de ropa en los buses. Era tan gracioso, tan recursivo, que siempre conseguía venderlo todo. Para las paletas, por ejemplo, se ideó todo un acto cómico: el termo donde llevaba los helados lo hacía parecer un perro furioso que lo arrastraba por el suelo. El estudio ni la venta callejera le puso mella a su intención de convertirse en un trovador de peso. Se metió a un semillero en el año 2000, con apenas 12 años. Los resultados no tardarían en llegar.

En el 2003, a los 15 años, fue reconocido como Rey Nacional de la Trova en categoría infantil. Dos años después, ya en la categoría juvenil, conseguiría el cetro nacional. Fue cinco veces campeón y ya tenía el nombre que lo haría famoso como humorista: Lokillo. Su fama llegó a oídas de Hernán Peláez, entonces director de La Luciernaga. Acababa de salir el grupo Salpicón del programa, así que lo contrataron primero como un trovador que además tenía la libertad de hacer algunos libretos de parodias. Le fue tan bien que al año, en el 2013, ya Lokillo tenía personajes como Twiterpam, El Oyene o Lentuardo.

Las imitaciones lo catapultarían como uno de los más grandes del humor nacional. Su espacio en Blu Radio, emisora donde emigró después de la Luciernaga, le sirvió para imitar la voz del alcalde de Medellín, Federico Gutierrez y de Popeye. Vendrían las presentaciones en el Astor Plaza con su show y, para terminar, su aparición protagónica en La Vuelta al Mundo en 80 risas, el programa que manda en el rating nacional.

Los malos días de Dabeiba, definitivamente, ya han quedado atrás.

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