Cuando la gente dice que ganó el cambio, ¿a qué se refiere?

Estas elecciones dejan enseñanzas: la politización de una sociedad que ha sido apolítica, la intención de aprender de cultura política y de investigar para escoger

Por: Omar Antonio Díaz Botiva
junio 24, 2022
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Cuando la gente dice que ganó el cambio, ¿a qué se refiere?
Foto: Leonel Cordero

Hace tres años en la región se vivieron diferentes movimientos que convulsionaron la política y la sociedad, los diferentes estallidos sociales en los países andinos que desataron lo que titule en este mismo espacio como la primavera latinoamericana; cabe aclarar que estos movimientos se dieron en el contexto prepandemia pero que como punto en común partieron de la indignación frente al recrudecimiento de la desigualdad y el aumento de la pobreza.

La respuesta de los diferentes gobiernos no se hizo esperar con la vieja fórmula de siempre, los Estados de excepción, buscando el restablecimiento del “orden” como resultado del ejercicio de políticas económicas enfocadas en satisfacer organismos multilaterales o intereses transnacionales que ven con buenos ojos el ejercicio de la violencia directa sobre la población que lucha por sus derechos.

Como resultado de estas luchas y estallidos se dio el cambio constitucional en Chile y se tumbaron las reformas económicas en Ecuador y aunque en Colombia el estallido social venía gestándose desde 2018 con el paro universitario fueron necesarias varias “réplicas” como las protestas del 21N (que se desarrollan desde el 21 de noviembre hasta febrero de 2020) y el paro nacional o estallido social de 2021 que llevó al presidente Duque en pensar la posibilidad de decretar la conmoción interior.

Este proceso que gesto la deslegitimación del gobierno Duque y del partido de gobierno por varias decisiones arbitrarias en contra de la población y que arremetió con violencia contra manifestantes, también enfiló sus armas contra campesinos y niños que calificó como “máquinas de guerra” (término desarrollado por Gillez Delleuze y Felix Guattari en el texto “mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia” en conjunto con el Estado ,para representar dos formas de ser y devenir de la realidad humana *de acá se desprende la “interpretación” de revolución molecular disipada* de la que habló Álvaro Uribe).

¿Y en qué terminó todo esto? En un voto que como dijo proféticamente Álvaro Uribe en 2020, "ojo con el 22"; la  mayoría de la población votó por un cambio, aunque no tenían claro que cambió querían, si el que proponía Gustavo Petro o Rodolfo Hernández, pero a la luz de la gubernamentalidad que se tejió durante 20 años en torno a la figura de Gustavo Petro, que trazó una estrategia discursiva en donde primó la narrativa del miedo al comunismo y el pasado guerrillero del presidente electo se fracturó; permitiéndole ser el primer presidente de izquierda que llega al poder en Colombia (vivo).

Y esto es importantísimo, porque no falta quien salga a decir que antes estuvo Samper o López Pumarejo, pero recordemos que ellos formaban parte de la clase política tradicional y en nuestra historia republicana es la primera vez que alguien por fuera del “establecimiento”, alguien del común, (algo que no es usual en el país) y si es cierto que lleva más 30 años de vida política respaldando las luchas sociales, es necesario rescatar el valor simbólico de la figura de Gustavo Petro, un estudiante de colegio público, que viene de pueblo (sea este Zipaquirá o Ciénaga de Oro).

A su lado Francia Márquez que pasó en 7 años de lideresa social a vicepresidenta, dándole una bofetada a esa clase política enquistada en el poder (que pertenece a una misma clase social) que suele menospreciar por el estrato, el color de piel o por la identidad sexual, esa clase que perdió desde la primera vuelta presidencial, a quien ahora, así sea por protocolo, tendrán que llamar vicepresidenta y mejor aún, una mujer negra que llega a enseñarnos a vivir sabroso.

Estas elecciones nos dejan varias enseñanzas, en primer lugar la politización de una sociedad que por costumbre ha pretendido ser apolítica, la intención de aprender de cultura política en un país donde esto no existía, la ciudadanía investigando, buscando referencias, cargándose de argumentos para poder escoger; creando un vínculo con la política; rompiendo esa matriz mediática de “la política” (ajena al ciudadano de a pie) y haciendo “lo político” (llevando a la acción la política por este mismo ciudadano);  los mismos estallidos sociales fueron procesos de participación, las banderas rojas de la pandemia, el dolor por la muerte de cualquier manifestante, y los muertos por acciones del Estado; la nación mostró su empatía.

Una segunda enseñanza es que, pese a todo, Colombia derrotó las fábulas del comunismo o de volvernos Venezuela toda esa gubernamentalidad que se creó para evitar que un candidato de izquierda llegará a la Casa de Nariño, Colombia venció los miedos infundados.

Y por último se da por fin la alternancia en democracia, una cosa que es de lo más normal en el mundo pero que en Colombia, nuestro querido Macondo en donde lo normal es anormal (y viceversa), construyó la idea de que “el origen del mal” en la sociedad era la posibilidad de un gobierno de izquierda (que ahora es la realidad) nos llevaría al acabose, (como si los gobiernos del establecimiento nos hubiesen convertido en la Suiza latinoamericana).

Solo queda esperar que la esperanza de una sociedad cansada de la violencia y la muerte como mecanismo de control social, que salió a votar cansada de la misma clase política que nunca tomó en cuenta los reclamos y exigencias de un pueblo cansado se vean reflejadas en un nuevo gobierno que pueda responder a los reclamos y necesidades de la población que lo eligió, y que ese anhelo nos lleve a nuevos horizontes.

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