Y cuando el ministro despertó, el problema seguía ahí
Opinión

Y cuando el ministro despertó, el problema seguía ahí

El sueño de una educación de calidad requiere que los docentes puedan dedicarse de tiempo completo a enseñar y formar

Por:
septiembre 14, 2015
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Si usted quiere dilatar la solución de un grave problema de interés público, contrate una comisión de expertos o realice una gran cumbre sobre el tema. Esta parece ser una máxima de todos los gobiernos que en nuestra historia han sido. La educación es uno de los grandes ejemplos.

Hace apenas unos días la revista Semana realizó la gran Cumbre Líderes por la Educación como un encuentro constructivo para abordar todos los retos que enfrenta el sector educativo, según los propios organizadores. Sus conclusiones confirmaron lo que de tiempo atrás se sabía y se ha recomendado más de una vez: que se requiere aumentar de manera significativa los presupuestos para educación. En palabras de la ministra Gina Parody, “tenemos el presupuesto más alto de la historia para educación, pero necesitamos más”. En Colombia no ha aumentado el gasto del PIB en educación, como sí lo han hecho otros países de Latinoamérica. Chile invierte 4.500 dólares al año por estudiante. Nosotros, con la devaluación, invertimos alrededor de dos millones y medio de pesos, o sea, 800 dólares. Se concluyó y se recomendó también que se necesitan educadores mejor formados, mejor pagos y con un mayor reconocimiento social a su trabajo profesional y formativo. Que es urgente revisar y actualizar los currículos escolares y lograr un gran acuerdo en torno a un currículo nacional. La educación tiene un gran papel por cumplir en el logro de la paz, pues “la paz se hace en las aulas”. Se reiteró el viejo anhelo de logar el bilingüismo, y finalmente se recomendó tener aulas dignas y útiles, pues la mayoría hace muchos años están franco deterioro y en ruinas las del sector rural.

No es la primera ni será la última reunión de expertos. Los expertos vienen, opinan sabiamente, recomiendan, se van, vuelven y no pasa nada. Somos un país pobre pero derrochador. Nos damos el lujo de contratar cuanto experto circula en el espectro mundial de la educación, para finalmente desoír o archivar sus recomendaciones.

El mayor despilfarro ha sido sin duda la Misión de los Sabios, conformada en 1994 en el gobierno de César Gaviria e integrada por Gabriel García Márquez, Rodolfo Llinas, Manuel Elkin Patarroyo, Marco Palacios, Eduardo Posada, Ángela Restrepo, Carlos Eduardo Vasco, Eduardo Aldana, Fernando Chaparro y Rodrigo Gutiérrez, diez prestantes pensadores colombianos que produjeron el famoso informe Colombia: Al filo de la oportunidad, cuyas recomendaciones vigentes hoy en día, quedaron en el olvido. Todo lo que otros expertos internacionales han propuesto está contenido en este informe. Los grandes temas de la educación que hoy se proponen, como la jornada completa de ocho horas, una mejor formación y remuneración delos maestros, la ampliación de la oferta educativa universitaria, la educación inicial de los niños entre y 3 y 5 años, fueron incluidos hace 21 años como medidas urgentes para lograr una educación de calidad para los colombianos.

El fracaso de las tantas reformas educativas que se han emprendido en los últimos 30 años radica en la medianía que las ha caracterizado. Todas ellas han quedado a mitad de camino, fueron abordas sin grandeza, sin arriesgar, sin invertir, de a poquitos, improvisando, haciendo y deshaciendo. Sin contar con la opinión y la experiencia de los maestros, en manos de la creatividad de los tecnócratas educativos y los economistas de la educación. El entusiasmo y el empeño de cada reforma dura lo que dura el ministro de turno.

Por ejemplo. De tiempo atrás existe un amplio consenso en la necesidad de mejorar sustancialmente la formación, la remuneración salarial y el reconocimiento social de los maestros. Sin maestros formados, bien remunerados y reconocidos es imposible transformar el actual sistema educativo. Los maestros reciben un salario que está entre el 18 % y el 25 % por debajo de lo que reciben otros profesionales, según los estudios realizados por la Fundación Compartir y el propio Ministerio de Educación. Hoy existen dos estatutos docentes que regulan la profesión y el régimen salarial y prestacional de los maestros, produciendo una situación de inequidad y división entre los propios educadores. Por ejemplo, a unos maestros se les evalúa para ascender y a otros no.

El reciente acuerdo entre Fecode y la ministra Gina Parody es un acuerdo parcial que no ataca ni resuelve el problema de fondo. Es un acuerdo parcial que facilita el ascenso en el escalafón de cerca de 40.000 maestros, de los 380.000 que integran el total de maestros de la educación pública, mediante la presentación de una clase en video, que será evaluada por unos pares maestros que determinaran si puede ascender o no. El video representa el 80 % de la evaluación, un 10 % la propia autoevaluación del maestro y el otro 10 % el concepto de los alumnos, sus compañeros de trabajo y los padres de familia. De no pasar, el maestro tendrá una nueva oportunidad: realizar un curso de formación y actualización en una universidad autorizada. Si lo aprueba podrá ascender en el escalafón y mejorar en algo su ingreso salarial mensual.

El problema de mejorar sustancialmente el salario profesional de los maestros y tener un solo estatuto docente es una necesidad inaplazable sin la cual no es posible el desarrollo de la jornada única de ocho horas que impulsa actualmente el gobierno. Fecode lleva más de una década exigiendo una solución a estos dos graves problemas, sin encontrar respuesta.

El sueño de una educación de calidad y pertinente, hacer de Colombia la más educada de América Latina, requiere que los docentes puedan dedicarse de tiempo completo a labor de enseñar y formar, sin tener que rebuscar el complemento a sus ingresos en otras actividades lejanas a la educación, como manejar taxi, atender pequeños negocios o vender chance.

El futuro de la educación también depende de que se abandone la improvisación y la mediana, en no olvidar que es locura —como decía Albert Einstein— “hacer lo mismo una y otra vez, y esperar resultados diferentes”.

 

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