Crónica de un día de cuarentena en un barrio popular

Colombia vive la cuarentena de muchas maneras. Aquí un testimonio para describir las particularidades y dificultades que hay para subsistir en el marco del Covid-19

Por: Moisés Gaitán Bautista
marzo 22, 2020
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Crónica de un día de cuarentena en un barrio popular
Foto: Alcaldía de Soacha

Sin la habitual música a buen volumen del vecino alegre de la cuadra amanecimos hoy, algo de angustia se siente en el ambiente, la noticia de que pasamos de un ensayo de cuarentena a una en propiedad hizo que los incrédulos tuvieran su golpe de realidad, esto es con todos y en todo el mundo. Una ojeada por la ventana veo algunos ciudadanos con y sin tapabocas, no todos los consiguieron o les interesa tenerlos hay afanes más urgentes ¿Qué vamos a comer? 

Veo a una señora que limpia furiosa la fachada con manguera y escoba, no se si en la noche le mancharon de grafitis los azulejos bermellón que imitan los ladrillos cocidos con esas letras apelmazadas y confusas que usan los Banksy de barrio, o si es por la paranoia del virus, sé que muchos están lavando y relevando como nunca, o si simplemente ya merecía la fachada un poco de agua jabonosa y el masaje de la escoba como en fin de año, quizás hace falta espantar un poco los malos augurios que todos presentimos.

La calle no esta vacía en los barrios populares la gente no puede simplemente encerrarse y ya, nunca lo hacemos, en los días de descanso o feriados es el tiempo para salir a comprar alimentos pues el salario es limitado y queda poco para ahorrar así que muchos viven al diario, a expensas del día de pago, tampoco solemos gastar en domicilios porque nosotros somos los que llevamos los domicilios, y digo nosotros porque yo vivo aquí entonces soy de aquí. Decido salir pues me hacen falta algunas cosas en mi plan de largo plazo Así que antes que sea tarde tomo mi tapabocas y me voy.

Salgo a ver si el supermercado tiene servicio normal, hace dos días casi cerraron ante la cantidad de personas que se afanaron a comprar, hoy  franqueada por un guarda armado y de buen tamaño apenas si dejan una abertura donde van entrando en tandas de cinco y desde la fila que le da la vuelta a la calle los ciudadanos con sus carritos de mercado. Ni siquiera me planteo hacer la fila, ¿Para qué? Hace dos días me hice en la fila, para cuando entre me recibieron los estantes vacíos del arroz, el azúcar, el pan. Por supuesto a fuera en las tiendas hay todas esas cosas pero el ahorro de unos cuantos pesos es lo que nos atrae a todos hacia los mercados de descuento.

Sigo por la calle y me encuentro un pequeño fruver improvisado en el corredor de la puerta de una casa medianera, han puesto sobre unas canastas plásticas en el andén  unos pocas frutas y verduras relucen, tomates, piñas y pequeños aguacates de cáscara negruzca, una joven pareja arrastrando un carrito de mercado se detiene a negociar, los atiende el dueño con sus guantes de latex azules, la camisa roja y el tapabocas azul pálido. -Vecino ¿A cómo tiene los aguacates?- habla la muchacha frenteando al vendedor, una voz ahogada detrás del tapabocas responde 4 por 2000  el muchacho más atrás se adelanta y los mete al carro. sigo de largo más allá sé que hay un fruver bastante grande, cuando llego las persianas están a medio abrir, una fila más larga contornea la cuadra hasta la esquina donde aún permanece una llanta gastada atada al poste anunciando un montallantas que ya no existe. ¿Para qué sigo? en todas partes el miedo debe estar igual.

De regreso por un atajo encuentro un anciano asomado a la ventana me detengo a hablar con él desde una distancia razonable, protegido con su tapabocas y tras la reja de la ventana del primer piso, me parece una imagen memorable, en esta época que se habla de distanciamiento se me hace cruel dejar de hablar, ahora es cuando más nos alivia comunicar nuestros temores. Yo casi nunca hablo con nadie en la calle voy pensando en mis cosas y nada más. Le pregunto qué le parece la cuarentena, me cuenta que tiene 86 años, que hace dos que no sale de la casa por una enfermedad del la cual no supo decirme el nombre, que perdió un pulmón, que no le parece nada del otro mundo, que ya veremos y que confiando en Dios todo se solucionará. Esa fé que siempre nos llega en los momentos más oscuros parecer ser el único escudo invisible del que siempre estamos seguros. Le pido que me deje hacerle una foto accede amablemente y me despido, creo que pasaré otra vez por esa misma calle para ver cómo le va. 

Sigo mi camino me de tengo en la tienda de pulpas de fruta más cercana y que decidió abrir por no dejar, no hay fila, tampoco gran cosa, la nevera esta casi vacía, los cartelitos con los nombres de frutas, de las cuales ya no hay existencias son los únicos que se congelan, supongo que muchos tendremos que poner en el congelador parte de nuestros planes por este año mientras "vemos que pasa" hoy no somos tan dueños de nuestro destino como lo éramos unas horas antes. "Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma" escribo William Ernest Henley en su Invictus el poema que inspiro a Nelson Mandela para resistir en prisión Mandela si sabia eso de resistir. Compro un par de bolsas de pulpa fruta para no regresar a la casa sin nada, me ofrecen unas tortas pero burlonamente le digo que no tengo nada que celebrar, el dueño me mira perplejo, no entiende mi humor negro, a veces yo tampoco lo entiendo pero que se le va a hacer, es lo que tengo para conjurar mis propios demonios. 

Regreso a casa a sentarme a ver las estadísticas mundiales de los enfermos, a leer, a informarme, asustarme y hacer números con mis propias proyecciones a vivir este momento tan singular. Mi abuelo hablaba de la guerra de los mil días, mi padre de la violencia del 56, yo crecí leyendo sobre las dos grandes guerras del siglo pasado pero ningún evento hasta ahora tiene ese carácter universal en nuestra generación, estamos en guerra pero no entre nosotros lo cual es raro, los colombianos no sabemos matar de muchas formas y lo tenemos tan asimilado que ya poco nos estremece, pero esto es distinto es un enemigo que no vemos, no lo podemos señalar, desdeñar, ignorar, o negar y eso nos deja anonadados ¿Qué está pasando? ¿Porque esto? Me pregunta un amigo, nadie sabe, la mayoría preferiría no saber, cerrar los ojos y creer que esto es un sueño, pero ¿Porque perdérselo?

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