El coronel que acorraló a Hugo Aguilar en Santander cuenta la historia

El exmilitar, Julio César Prieto, revela en su libro como logró demostrar la cercanía del poderoso gobernador con los paramilitares que terminaron mandándolo a la cárcel

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junio 11, 2017
El coronel que acorraló a Hugo Aguilar en Santander cuenta la historia

Desde que llegó a San Vicente de Chucuri, en Santander en 2004, el excoronel Julio César Prieto tenía una meta: demostrar la relación de los paramilitares con finqueros y gobernantes para realizar todo tipo de ilegalidades, incluidos asesinatos y despojos de tierra. En el mismo año había sido elegido gobernador Hugo Aguilar quien llegaba con el prestigio de haber sido el policía que disparó el tiro certero que mató a Pablo Escobar. Esta imagen le sirvió para construir una carrera política en su tierra donde es considerado un héroe. Pero el excoronel Prieto sabía que se trataba de un prestigio con pies de barro. Y lo siguió.

El libro que será lanzado el próximo 21 de junio en la Librería Lerner relata la persecución con pruebas documentales a un personaje que utilizaba el poder con habilitad y artimañas hasta lograr acorrarlo judicialmente y terminar contribuyendo con las pruebas que lo mandaron a la cárcel Esrte aparte del prólogo del periodista Darío Fernando Patiño, adelanta de que se trata.

Desenmascarando al hombre que mató a Pablo Escobar, resume el lastre paramilitar que en muchos sectores de nuestra sociedad ha sido un pretendido remedio a todos los males que nos aquejan.

Más que un libro valiente, documentado, pasional, el testimonio del coronel Julio César Prieto, es el viacrucis de un soldado que por ser transparente, por respetar la ley, por combatir a todos los delincuentes (guerrilla, paramilitarismo, etcétera), incluso a sus compañeros de armas, cae en un mundo absurdo, donde sus superiores, la justicia y el Estado colombiano, lo abandonaron casi hasta el ostracismo. Aunque parezca un relato kafkiano, es un recorrido real por la reciente historia de Colombia.

Como en el coronel de García Márquez, Julio César Prieto, está esperando una carta, un mensaje, un guiño, de una sociedad indiferente, sin memoria, a veces más por oportunismo que por ignorancia, y que institucionalmente se ha marginado de la ley.

Este comandante de batallón, que no era ni siquiera comandante de brigada o de división, es decir que no era la primera autoridad militar ni el oficial de más alto rango en la zona,  se estaba midiendo no solo a un contrincante sospechosamente respaldado y con mucha ascendencia en el Gobierno Nacional, sino también a sus temibles socios.

Foto: semana.com

CAPITULO 1

CONOCIENDO UNA CRUDA REALIDAD

Asumido oficialmente el mando de este Batallón, conformado por 1.300 hombres, 200 de los cuales estaban agregados al Norte de Santander, específicamente en el Catatumbo, durante la segunda y tercera semana de diciembre, lo primero que realicé fueron cambios mínimos en la organización de la unidad, nombré como Jefe de inteligencia al capitán Jorge Hernán Gómez Mejía, un oficial recién llegado, y Jefe de operaciones al capitán Aderley Gallego Meza, a quien por jerarquía le correspondía este cargo, la restante organización la mantuve como la tenía mi antecesor, entre los que se encontraban: en la sección de inteligencia el sargento viceprimero César Perea Ramírez, igualmente, dispuse la elaboración de veinte mil tarjetas personales de presentación, donde incluí mi número de celular personal, así como mi correo electrónico y me dediqué a hablar con la población en general, con los hombres del batallón, con las autoridades civiles, policiales y eclesiásticas, a quienes sin ningún reparo, les entregaba mi tarjeta, factores que me permitieron empezar a conocer la problemática de la región, con unas infortunadas evidencias: las instituciones, incluyendo mi batallón, no gozaban de la confianza de los ciudadanos, llegando hasta el punto y con vergüenza lo recuerdo, en que algunas personas se referían a este como el batallón de los paracos y/o el batallón del cartel de la gasolina, en cambio, la gran mayoría de los pobladores reconocían y avalaban la presencia de los paramilitares, quienes prácticamente ejercían la autoridad en todo sentido, a cambio de un mal llamado “bono de seguridad”; que como mansos borregos todos los habitantes cancelaban muy cumplidamente. Con este lamentable escenario, no me fue difícil llegar a la conclusión, que el paramilitarismo en esta región era prácticamente una cultura.

Pues bien, en una época del año caracterizada por todos los bellos sentimientos y costumbres que entraña la Navidad, algo muy diferente se estaba viviendo en esos momentos en el municipio de El Carmen de Chucurí, cuya cabecera distaba en carro por carreteras en regular estado a dos horas y media de San Vicente. Recibí informaciones que indicaban que allí, sus habitantes estaban enfrentados en dos bandos, por los resultados de las elecciones, donde había sido electo el señor Félix Gómez por el partido Colombia Democrática con 2.655 votos, derrotando a la señora Claudia Janeth Beltrán Luque del movimiento Colombia Viva con 2.384 votos; los seguidores de la señora Beltrán amenazaban con no dejar posesionar al alcalde electo y estaban promoviendo la desobediencia civil.

Así las cosas, procedí a informarle al recién posesionado comandante de la Quinta Brigada brigadier general German Galvis Corona, sobre la tensa situación en este municipio, quien dispuso de manera inmediata una visita a esta localidad el 19 de diciembre. Este día, un helicóptero de la Fuerza Aérea me recogió en mi batallón y en su interior, acompañando al general, iba el gobernador electo de Santander Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo. Lo saludé naturalmente. Poseía ese extraño aire de leyenda que le daba, según múltiples testimonios, ser el hombre que como miembro del Bloque de Búsqueda, dio muerte a Pablo Escobar. Parecía jovial y un tanto arrogante, características que hoy me resultan siniestras, oscuras, después de conocer la verdad sobre su forma de ser. Esta fue la manera como conocí a este personaje de la vida pública. Qué lejos estaba de imaginar que mi labor como soldado, tiempo después, me llevaría a desenmascarar el otrora héroe de la Policía Nacional.

Llegar al Carmen de Chucurí, fue encontrar una multitud cercana a las 600 personas, que en un salón comunal ubicado a dos cuadras del parque principal, tenían dispuesto un auditorio para debatir con los ilustres visitantes; todos manifestaban que las elecciones se las habían robado, que no estaban dispuestos a dejar posesionar al alcalde electo, que el resultado había sido direccionado, manipulado, pero absolutamente nadie se atrevía a mencionar a los paramilitares (era obvio), dentro de aquel conglomerado debía haber más de un infiltrado, atento a quienes hablaban y de tomar las represalias posteriores. El general Galvis y el gobernador electo Aguilar Naranjo hicieron sendas intervenciones, aplacaron los ánimos, prometieron investigaciones, haciendo desistir a la comunidad de sus pretensiones; por mi parte, realicé una corta intervención, donde me presenté ante los asistentes, hice énfasis en que combatiría todas las estructuras al margen de la ley, sin importar su filiación y repartí a diestra y siniestra mis tarjetas personales.

Al culminar la reunión, un hombre joven se me acercó, me saludó de manera muy efusiva, la verdad no lo reconocí, pero me recordó que había sido soldado mío en el año 1997 en la Península del Sinaí en el Medio Oriente cuando yo era capitán, se trataba del concejal electo en este municipio Robinson Rueda Vargas, quien me manifestó que en la región tenían muchos problemas, que ahí no podía hablar porque había mucho sapo, que después el me contactaba, le entregué mi tarjeta y nos despedimos; así transcurrió mi primera visita al Carmen de Chucurí, nunca llegué a imaginarme, que allí, en esta cabecera municipal se llevaría a cabo meses más tarde, una terrible y perversa encerrona, tramada por algunos políticos de Santander, en unión con los paramilitares, buscando mi traslado de la región, con solicitudes formales ante el entonces Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez.

No pasaría mucho tiempo, para tener conocimiento y evidencias de que este conflicto político, adquiría su origen en el hecho que el señor Félix Gómez había ganado la Alcaldía de El Carmen de Chucuri, gracias a la presión ejercida por los paramilitares del frente Ramón Danilo, a pesar de que ambos candidatos en plena campaña electoral habían asistido a una reunión con el cabecilla de esa estructura Alfredo Santamaría Benavides alias “El Gordo” y este les había manifestado que él no tomaría parte en la contienda electoral, que se enfrentaran en franca lid, que ganara el mejor, pacto que no cumplió.

Retomando mi relato, a medida que avanzaba el mes de diciembre, fui conociendo la realidad de la región y esta era que allí delinquían: la cuadrilla Capitán Parmenio del ELN integrada por 8 terroristas que centraban su accionar en la Cuchilla de los Yariguies, específicamente en límites de los municipios de Galán y el Hato, con esporádicos movimientos hacia el municipio de Zapatoca, sin una capacidad desestabilizadora; dos frentes de los paramilitares, pertenecientes al Bloque Magdalena Medio, el Frente Ramón Danilo, cuyo cabecilla era el sujeto Alfredo Santamaría Benavidez alias “El Gordo”, integrado por 90 terroristas, que centraban su accionar en los municipios de Zapatoca, Betulia, San Vicente y El Carmen de Chucurí, el Frente Isidro Carreño cuyo cabecilla era Ciro Antonio Díaz Amado alias “Nicolás”, integrado por 120 terroristas, que centraban su accionar en los municipios de Simacota y Santa Helena del Opón y una estructura del Bloque Central Bolívar, el Frente Walter Sánchez, cuyo cabecilla era alias “El Puma”, integrado por 40 terroristas, que centraban su accionar en el Bajo Simacota, la Ciénaga del Opón y parte de Barrancabermeja; estructuras de las FARC no existían…

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