Coronavirus, el mejor amigo del gobierno Duque

El miedo generalizado por la pandemia ha disminuido las expresiones de descontento social que aterraban al gobierno como el paro estudiantil del 21 de noviembre

Por: Luis Fernando Jaramillo
junio 19, 2020
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Coronavirus, el mejor amigo del gobierno Duque
Foto: Presidencia

Si existe algo, que definitivamente el COVID-19 no puede despojar de la memoria de los colombianos, es la historia reciente. Recordemos que el año pasado el Sr Iván Duque alentado por todo su gabinete y en atención a las órdenes que le imponen organizaciones internacionales como el FMI y la OCDE y algunas nacionales como las de Luis Carlos Sarmiento Angulo y demás sectores financieros, comerciales e industriales, sin mayor humanidad ni misericordia alguna presionaba por las reformas laborales, pensionales, tributarias, entre otras medidas que obviamente herían profundamente los derechos y la economía de los auténticos ciudadanos de las clases más pobres y olvidadas del país. Planes siniestros que lograron ser interceptados desde el 21N por la movilización y la lucha que emprendieron con valentía los movimientos sociales, populares, sindicales y estudiantiles, acciones que por poco y enloquecen al indigno mandatario y por supuesto a su comité de aplausos.

En la actualidad, y con la llegada desde marzo del “terrible virus”, el Gobierno Nacional quien se encontraba contra las cuerdas, casi que al borde del Knock Out, tomó un segundo aire e inmediatamente de manera disimulada se abrazó a su paladín salvador SARS-CoV-2 más conocido en el mundo científico como alias “el coronavirus” y allí empezó la otra horrible noche para los Colombianos quienes no solo debíamos librar una batalla contra el enemigo oculto e invisible, sino también contra el arsenal de ideas que caían inesperadamente del poder ejecutivo nacional y que en definitiva, en medio del pánico sembrado con el temerario #quedateencasa, no se sabía si estas beneficiaban o por el contrario catapultaban al cadalso a la confundida población.

Conviene subrayar, y algo que tampoco puede ser camuflado por Duque, es que el virus realzó aún más los problemas que han dominado el país por décadas en temas como educación, salud, desempleo, desigualdad social, entre otra serie de despojos. Pero como los planes eran otros, y en medio de una gran mayoría de ciudadanos que luchaban hambrientos por sobrevivir y mientras varios gobernadores y alcaldes hacían fiesta con los recursos destinados para las ayudas, resucitó nuevamente la idea soberbia de una reforma laboral exprés sugerida por el consejo gremial y que ya se venía cocinando desde el año pasado, donde las bases fundamentales de este esperpento eran jornadas laborales por turnos con pagos proporcionales al tiempo laborado, la eliminación de recargos nocturnos, posponer el pago de horas extras, disminución de los aportes al sistema general de seguridad social, el pago de la prima diferida, solo por mencionar algunos oprobios y agravios en contra de la clase trabajadora más humilde quien en definitiva, está pagando los platos rotos de la emergencia social y sanitaria.

Por otra parte, con simuladas promesas nos afirman que por estos días no se realizaría ninguna reforma tributaria, pero poco a poco han venido suministrando un envoltorio de decretos, resoluciones, circulares y conceptos, disposiciones que en definitiva le han tendido la mano tributariamente a los más ricos y grandes empresarios del país, mientras los ciudadanos más pobres aún continúan en la batalla como soldados sin coraza, cargando a su vez los escombros de su propia cruz pues fueron a los primeros que precipitaron a las calles para salvaguardar la economía del país.

Avanzando en este razonamiento, es momento de recapitular que también se ha intentado una reforma pensional, o como la llama el gobierno nacional (no se vayan a reír) reforma de protección a la vejez, la cual en definitiva protege únicamente al fondo privado de pensiones más grandes del país perteneciente al señor Luis Carlos Sarmiento Angulo, mientras le arrebata los derechos a los veteranos trabajadores de Colombia. Como si no fuera suficiente tanta crueldad con nuestros adultos mayores, ahora les ha surgido la miserable y deshonrosa idea de proponerles la hipoteca inversa y con ello favorecer a los banqueros para que se queden con sus pocos inmuebles.

Indiscutiblemente si hay algo de lo que el Señor Duque y el partido de gobierno se han beneficiado de la pandemia y de tantos miedos infundados diariamente con las espantosas palabras que repiten los presentadores de noticieros con cierta perversión como “número de contagiados, número de muertos y número de recuperados”, es de la restricción obligatoria para las manifestaciones y protestas sociales, las cuales sin lugar a duda son un factor que los angustian notoriamente, aunque ya en algunas ciudades, los jóvenes y estudiantes universitarios no aguantaron más la incertidumbre nacional y se volcaron a las calles a rechazar las medidas impuestas como algunas de las aquí mencionadas y muy seguramente con el pasar de los días serán más y más las personas que se vayan sintiendo lesionadas en sus derechos y se irán sumando poco a poco a este ejercicio social ya que el gran clamor no acalla. Es decir, se puede presentir y ya se augura el fin, de la confraternidad y alianza que se ha creado temporalmente entre Iván Duque y el COVID-19.

Por todo esto, considero importante recordar al lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense Noam Chomsky cuando afirma que, “la globalización neoliberal está diseñada para asegurar que las élites están protegidas, pero no el pueblo ni la clase trabajadora a quienes terminan perjudicando. Por supuesto, el capital puede moverse con libertad, pero no la gente”. Cualquier parecido con la triste realidad colombiana actual es solo coincidencia, con la gran diferencia que en nuestro país, la gente con libertad o sin ella, ya empezó a moverse y a exigir en las calles los derechos que autoritariamente nos han querido arrebatar.

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