¿Conversación o diálogo?

No hay solo una mera diferencia semántica entre ambos términos

Por: Octavio Henao Orrego
diciembre 05, 2019
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¿Conversación o diálogo?
Foto: Twitter @IvanDuque

Hay todo un significado detrás de la propuesta del gobierno del presidente Duque frente a la movilización social pacífica de protesta. Veamos por qué:

1. Conversar es hablar aunque no se escuche. Es como permitir expresar un descontento sin oír la profunda queja. Es dilatar en un heterogéneo grupo de interlocutores, sin intención de responder a las peticiones o quejas de los grupos sociales representativos.

2. Dialogar en cambio es entrar en la lógica de dos personas o equipos de personas que quieren escucharse y llegar a consensos. Es partir del respeto para llegar a acuerdos.

3. Conversar con una agenda preestablecida de 6 temas, sin discutir primero con la contraparte cuáles son sus pretensiones, traduce una posición de fuerza. Y contraviene los mínimos requisitos de un diálogo, que exige sintonizarse con el otro.

4. Dialogar con unos puntos convenidos, con una metodología mutuamente aceptada y con un tiempo racional acordado, garantiza mejores resultados que una conversación eterna, o de aquí a marzo.

5. Conversar mientras se sigue aprobando decretos en contravía de lo que está provocando la protesta, es interpretado como una burla o un engaño.

6. Dialogar tiene un prerrequisito que es la confianza. Un gobernante sensato, o al menos confiable, no firma de afán un domingo, reformas drásticas para satisfacer la angurria de su ministro de Hacienda, cuestionado desde hace mucho, por varios exabruptos.

7. Conversar con todos (?) mientras quienes tienen la responsabilidad de haber convocado el paro nacional y las protestas son ignorados o "segundiados", provoca además de suspicacia, lógico resentimiento.

8. Dialogar en cambio implica concertar, aceptar, ceder, y esto involucra a las 2 partes. El diálogo es dialéctico, la conversación no pasa a ser sino una "botada de corriente".

El presidente de un país tiene la responsabilidad histórica de conducir una crisis pensando en todos los ciudadanos y no satisfaciendo solamente a un mentor eterno, o a quienes desde su partido de gobierno quieren mantenerlo rehén de una política de represión o estigmatización del malestar social.

La ciudadanía a su vez tiene la obligación de protestar pacíficamente, como lo viene haciendo salvo algunas nefastas circunstancias de vandalaje de unos pocos desadaptados, o del uso desproporcionado de la fuerza del Esmad, que dicho sea de paso es un cuerpo antidisturbios y no un ente para provocarlos.

¿Conversación insulsa y distractora para que llegue diciembre y todo se diluya?

O diálogo concertado, responsable, constructivo, negociado, para que la nación retome el rumbo, y podamos hacer entre todos la Colombia que nos merecemos: justa, equitativa, educada sin hipotecar las familias, con oportunidades, sin crímenes de líderes sociales, combatiendo la corrupción en todos los frentes, con reformas urgentes (políticas, económicas y sociales), con más empleo, dando oportunidades a los jóvenes, reivindicando a los mayores y sus pensiones, transformando la atención en salud para hacerla con calidad y oportunidad de verdad, entre otras.

Y eso se consigue con el diálogo verdadero y pacífico. No con "conversaciones" diluyentes para dar nefastas largas al estallido social.

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