Contrabando, marihuana y paras: la herencia de los Gnecco en el Cesar

Después de que Jorge 40 asesinara al patriarca de la familia, Cielo Gnecco tomó las riendas hasta convertirse en la mujer que pone gobernadores y alcaldes en el departamento

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septiembre 17, 2019
Contrabando, marihuana y paras: la herencia de los Gnecco en el Cesar

Con un chivo guisado, arroz de camarones y varias botellas de whisky, Jorge Gnecco Cerchar estaba convencido de poder arreglar las diferencias que tenía con su tocayo y antiguo socio ‘Jorge 40’. En agosto de 2001 el comandante del Bloque Norte de las Autodefensas Campesinas de Colombia mandó a llamar al jefe del clan Gnecco al cuartel general de los paramilitares en las Sabanas de San Ángel, cerca Fundación, en Magdalena. Sin embargo, lo que parecía una reunión de viejos amigos terminó con la muerte de Gnecco, quien fue encontrado el domingo 12 de agosto tirado en una carretera en la zona rural de Bosconia con varios disparos en el rostro.

Dos décadas atrás, la familia Gnecco Cerchar había entrado al departamento del Cesar para convertirse en el grupo político más poderoso. La crisis del algodón, que implicó la quiebra de importantes familias como los Araújo, los Pupo o los Castro, fue la oportunidad perfecta para los hermanos Jorge, Nelson, Lucas, Cielo y José Eduardo Gnecco, quienes no dudaron en meterse la mano al bolsillo y comenzaron a financiar las campañas políticas. Provenientes de La Guajira, habían amasado una jugosa fortuna con la bonanza marimbera y el contrabando de whisky y carros, además de controlar el transporte de carbón hacia Santa Marta, rutas por las que pasaba el narcotráfico que les dejaba un buen pago por su uso.

El primero en lanzarse al ruedo político fue Jorge, quien fue elegido diputado del Cesar a finales de los ochenta. Con ese capital, decidió impulsar a su hermano Lucas, quien llegó a la Cámara de Representantes en 1988 con el aval del Grupo Organizado Liberal Popular (GOLPE), financiado principalmente por los Gnecco, y posteriormente se convirtió en el primer gobernador elegido popularmente del Cesar en 1992. Los tentáculos del clan familiar se extendieron rápidamente y en pocos años habían tomado control de varias alcaldías y concejos tanto en el Cesar como en Magdalena.

Jorge Gnecco Cerchar con su esposa María Espinosa del Castillo y sus hijos.

Aunque en un principio los Gnecco se metieron en las elecciones con la bendición de los Araújo, que seguían mandando en la política local, esa alianza rápidamente se rompió, lo que abrió una disputa en toda la región. Mientras José Eduardo ‘Pepe’ Gnecco aspiraba a reemplazar a su hermano Lucas en la gobernación del Cesar, los Araújo le pelaron voto a voto el poder con su candidato Mauricio Pimiento, quien terminó victorioso. Sin embargo, eso no mermó el poder de los Gnecco, y a través de Jorge, la familia se volvió una de las promotoras de los paramilitares en todo el caribe colombiano.

Aunque desde el principio de los años 90 Jorge 40 se había acercado bastante a Jorge Gnecco, con quien incluso hizo una alianza para elegir a Hugo Gnecco Arregocés, sobrino del patriarca de la familia, alcalde de Santa Marta, fue el 18 de septiembre de 1996 cuando se conformó oficialmente la alianza Gnecco-AUC con el nacimiento de la Convivir Sociedad Guaymaral Ltda., en la que además tuvo participación Salvatore Mancuso.

Con ese antecedente, Lucas Gnecco volvió al poder en 1998 cuando fue elegido nuevamente gobernador, mientras que su hermano Pepe sacó 61.000 votos para ocupar una curul en el senado con el Partido Liberal. Gnecco Cerchar fue uno de los políticos que firmaron el pacto de Ralito el 23 de julio de 2001 entre las AUC y por lo menos 26 políticos para "refundar" juntos a Colombia. Su caso fue llevado inicialmente por la Corte Suprema de Justicia, pero al renunciar a su curul en el Senado, la Fiscalía asumió el expediente que terminó finalmente archivado.

El destape paramilitar de la política colombiana puso contra las cuerdas a varios clanes familiares en el país, entre esos los Gnecco, que cayeron en desgracia con el asesinato del patriarca Jorge en manos de los paramilitares. Jorge 40 había entrado en disputa por el control del narcotráfico con el temible Hernán Giraldo, comandante del Bloque Tayrona, y decidió matar a Gnecco por respaldar a Giraldo en esa disputa. En los años siguientes, los paras no dejaron en paz a la familia Gnecco, que sufrió el secuestro Pepe en 2004 por parte del comandante del Bloque Norte, sin embargo, por petición expresa del presidente Álvaro Uribe y con la intermediación de su comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, el 30 de junio de ese mismo año Pepe Gnecco recobró su libertad.

Cielo Gnecco con su hijo Luis Alberto Monsalvo Gnecco, exgobernador del Cesar y el candidato más opcionado para volver al cargo,

Los Gnecco perdieron su poder durante la década de los 2000, cuando la justicia condenó a Lucas por el delito de constreñimiento electoral, además de las tres condenas de la Corte Suprema de Justicia por los delitos de celebración indebida de contratos y prevaricato cuando fue gobernador. La familia estaba acéfala, pero fue Cielo Gnecco la llamada a recuperar el poder que alguna vez los había convertido en el clan más poderoso del Cesar.

Y empezó a moverse con destreza, pero también con la plata proveniente del capital de su esposo Luis Alberto Monsalvo Ramírez, un importante ganadero que cuenta con más de 30 mil cabezas de ganado. Ungió a su hijo consentido, Luis Alberto Monsalvo Gnecco, quien fue elegido en 2002 representante a la Cámara por el Partido Liberal. Con su paso por el Congreso, Monsalvo Gnecco agarró vuelo político con la bendición de su mamá y en 2011 le apostó a la gobernación del departamento, aunque esta vez con el aval del Partido de la U, toldas donde ya estaba Luis Alfredo Gnecco, hijo de Lucas, sobrino de la matrona de la familia y pieza clave en el departamento en 2014 para la reelección santista. Al mismo tiempo, Cielo respaldó a su primo Kiko Gómez Cerchar, hoy condenado a 55 años de prisión por asesinato, para hacerse con la Gobernación de La Guajira, su tierra natal y de la que había salido hace 40 años.

Desde que Monsalvo fue gobernador los Gnecco han dominado el cargo de manera ininterrumpida. Cuando su hijo iba de salida, hizo una alianza con el vargallerismo que le sirvió para mantener el control a través de Franco Ovalle, actual gobernador, y expandir sus influencias en el partido Cambio Radical. De hecho, en las pasadas elecciones legislativas, Cielo Gnecco le apostó al exalcalde de la Jagua de Ibirico y actual senador Didier Lobo Chinchilla, señalado de hacer política con maletín en mano, quien sacó 87.000 votos en las legislativas y junto a José Alfredo Gnecco se convirtieron en los dos senadores más votados del departamento. Una movida política perfecta con la que Cielo Gnecco logró que sus dos fichas no se quitaran votos durante la campaña.

Vea también: La jugada de los Gnecco para quedarse con dos senadores en el Cesar

Cielo sabe que las alianzas son clave para mantener el control político, por eso no solo buscó tener el control de los dos senadores que eligió el departamento, sino que logró influencia sobre tres de los cuatro representantes a los que tiene derecho el Cesar: de su línea directa está Jorge Salazar, del Partido de la U; con los godos se unió a Alfredo ‘Ape’ Cuello, la voz que manda en Valledupar; y con Cambio Radical también firmó su alianza a través del representante Eloy ‘Chichí’ Quintero.

Para estas nuevas elecciones, Cielo Gnecco no quiere ponerse a improvisar y por eso su hijo Luis Alberto está a punto de repetir en el cargo, algo que ya parece tradición dentro de la familia. A pesar de tener encima a la Corte Suprema de Justicia, que lo investiga por supuesto constreñimiento al elector, pues para su primera elección como gobernador firmó un documento en el que se comprometió a no desalojar a 800 personas de un terreno en la invasión Tierra Prometida, terrenos que son de Óscar guerra Bonilla, Monsalvo Gnecco parece tener las elecciones en el bolsillo y los demás partidos lo saben, por eso antes de buscar candidatos, el Partido Liberal, Cambio Radical y el Partido Conservador le entregaron el aval para tener una participación segura en su administración, que reafirmaría el poder de Cielo Gnecco en el Cesar, quien sacó de las cenizas a su golpeada familia para ponerla nuevamente en el trono del poder vallenato.

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