Consulta contra la corrupción: ¿un canto a la bandera?

“Tan fabulosa operación no se la cree nadie, ni los mismos que venden la receta para curar todos los males. A estos ‘buenos propósitos’ les faltan dientes”

Por: Tiberio Gutiérrez
Abril 23, 2018
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Consulta contra la corrupción: ¿un canto a la bandera?
Foto: Colprensa

Definitivamente estamos en el país de las maravillas, algo parecido al Macondo del coronel Aureliano Buendía, quien hizo treinta y dos guerras y las perdió todas, por lo cual tuvo que esperar la muerte haciendo pescaditos de oro en el laboratorio de Melquíades, soñando con la jubilación del Gobierno en medio de los avatares de una esperanza inútil. Cualquier parecido con la historia de Colombia es pura coincidencia.

No hay mal que dure cien años… y sin embargo, aún continuamos buscando el ahogado río arriba, porque no de otra forma se puede calificar la propuesta del Partido Verde al Senado de la República de aprobar una consulta popular para definir mediante el voto ciudadano si se aprueba el rechazo a la corrupción que está destruyendo el tejido social y todas las instituciones del país. ¿Ingenuos candidatos descubriendo el agua tibia?

Por supuesto que el debate en el Senado donde estaban sacándose los trapos al sol estuvo como para alquilar balcón, pero ni tanto que digamos porque el único que desenmascaró de frente y sin eufemismos la trampa electorera, hábilmente disfrazada de lucha contra la corrupción, fue el vocero del Partido de la U, quien lo hizo con una capacidad de convicción irrebatible, una coherencia dialéctica demoledora y una persuasión tan argumentada y arrolladora que la defensora de la causa moral no tuvo más remedio que plegarse al compromiso con la representante de uno de los partidos más cuestionados éticamente en la historia político-criminal de este país.

La defensora de la moral en abstracto, fingiendo ser la inmaculada Madre Teresa de Calcuta, cometió el error de proponer todo un directorio telefónico de buenas intenciones que a estas alturas del paseo suenan tan vacías y mentirosas como los discursos de los culebreros de Medellín: disminución del salario de los congresistas, tres períodos en el Congreso, rendición de cuentas, quitarles la casa por cárcel, presupuestos públicos con participación ciudadana, hacer públicas sus declaraciones de renta, contratación con pliegos tipo en todo el país. Estos elementos que ya han sido consignados en legislaciones anteriores no solo no han servido para nada sino que han permitido la más escandalosa corrupción de los últimos gobiernos en casi todas las instituciones del país: Reficar, Electrificadora del Caribe, Odebrecht, Saludcoop, el Congreso de la República, la Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional, la Fiscalía, las Fuerzas Militares, gobernaciones, alcaldías y la última perla de la corona, el manejo de los contratos con la plata del Fondo Colombia en Paz para la implementación de los acuerdos en el posconflicto.

“Esta ha sido la iniciativa con mayor respaldo en la historia del país. Tuvimos más firmas válidas que la segunda reelección de Uribe y la inscripción de la candidatura de Vargas Lleras. La gente se unió de todos los partidos, de derecha, de izquierda, de centro, las que votan en blanco y las que no votan. Los ciudadanos están esperando esto, quieren poner la atención en la corrupción de Colombia”, dijo la senadora Angélica Lozano.

¡Qué bien! ¡Qué maravilla! Como quien dice: con estos preceptos morales aprobados por una mayoría de 12 millones de votantes, en una consulta que vale 250 mil millones de pesos, acabaremos con la corrupción de una vez por todas. Tan fabulosa operación no se la cree nadie, ni los mismos que venden la receta para curar todos los males. A estos “buenos propósitos” les faltan dientes, es decir, le faltan criterios políticos de fondo para poder enfrentar el problema con perspectivas reales de solución, porque mientras no se corrijan las estructuras políticas, económicas, sociales, institucionales  y mediáticas que dan origen al fenómeno, es imposible acabar con el cáncer que ha hecho metástasis en todo el cuerpo social de la nación.

En efecto, en la sesión del Senado del miércoles 18 de abril la propuesta fue aplazada para el 5 de junio, mediante acuerdo entre la vocera de Alianza Verde y la vocera del “Centro Democrático”, aprobando el aplazamiento en una maniobra de la cual salió ganador el candidato presidencial “Uribe-Duque”, quien desde ya debe estar planeando las enmiendas jurídicas necesarias y la salida política oportuna para agitarse como el paladín de la moral y de las buenas costumbres, para que sus “buenos muchachos” vayan a “votar verracos”, porque si no lo hacen… “te rompo la cara marica”, como dice con elegancia el jefe de la tribu.

De cualquier manera que se le mire, la corrupción generalizada en este país es una de las expresiones más elocuentes de la profunda crisis ética y moral que atraviesa el modelo de acumulación capitalista neoliberal, aupado por la clase dominante y las grandes transnacionales del gran capital, ante la cual no queda sino el camino de una revolución democrática, empezando con una profunda reforma electoral, pues es en el Congreso, principalmente, es donde se encuentra el nido de víboras de la corrupción. Dicha reforma se intentó recientemente por enésima vez, con las orientaciones de la comisión de expertos en la materia, pero fue mutilada en lo esencial y finalmente retirada del Congreso bajo la presión del Centro Democrático y Cambio Radical, los mismos que ahora se visten con la bandera de la moral para asumir la lucha contra la corrupción de una manera cínica y desvergonzada.

En el mismo sentido hay que ponerle dientes a la lucha contra la corrupción no solo con la demagogia electoral de la campaña presidencial, sino con una profunda reforma de la justicia que acabe de una vez con la podredumbre de la injusticia; reformas que no han sido posibles hasta el día de hoy porque no ha habido un gobierno capaz de ponerle el cascabel al gato y además porque la corrupción hace parte estructural del sistema político de la clase dominante.

Así las cosas, va quedando claro que con el “nuevo” Congreso elegido el 11 de marzo no hay posibilidades reales de combatir la corrupción con resultados positivos, y mucho menos con la consulta popular que se inventaron los prestidigitadores de la moral pública. No va quedando sino la esperanza de que este pueblo despierte algún día con la herramienta de una Asamblea Nacional Constituyente que barra sin compasión la podredumbre moral de la clase dominante. Por eso en estos momentos tiene plena vigencia la consigna de Gaitán: “Por la restauración moral y democrática de la República, a la carga”.

Cerremos esta nota con una noticia de cartel: “Estados Unidos y Colombia crean grupo para perseguir la corrupción en Venezuela” (Dinero, 23 de abril de 2018), ¿cómo les parece el batido?

 

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