Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC, una historia de pura resistencia

Hace 49 años, en tiempos de despojos y violencia, las luchas por la recuperación de tierras indígenas en el Cauca originaron la primera organización indígena en Colombia

Por: Antonio Palechor Arévalo
febrero 24, 2020
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Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC, una historia de pura resistencia
Foto: Santiago Puccini / Las2Orillas

49 años de resistencia

“Estábamos trabajando, ganándonos un jornal,
se nos vino a la cabeza una idea muy singular:
Porque no buscamos gente y nos vamos a sembrar
a las tierras de ese rico que las tiene haciendo na’…”

Así resume don Manuel María Sánchez, un indígena curtido que tenía conformado un grupo musical denominado Los Amigos de Paniquitá, sobre cómo se iniciaron las luchas por la recuperación de las tierras que dio como origen al Consejo Regional Indígena del Cauca, un 24 de febrero, hace 49 años en el resguardo de Toribío, al norte del Cauca.

Fue precisamente la carencia de tierra para trabajar lo que fue conformando una gran masa humana de indígenas que un día se cansaron de trabajar de peones  y con el lema "Unidad y Tierra" conformaron la primera organización indígena en Colombia y una de las principales en el mundo entero.

Dicen los mayores, algunos que ya se marcharon hacia la otra casa, que en un comienzo no fue fácil conformar una organización indígena porque de inmediato despertó la reacción de los terratenientes con sus bandas de “pájaros” (grupos armados a su servicio), el gobierno con las fuerzas armadas y los políticos con la herramienta difamatoria en contra de la naciente organización.

Uno de los primeros asesinatos fue el de Gustavo Mejía, un zambo del municipio de Corinto que, cansado de lidiar con la política partidista y en compañía de otros campesinos e indígenas, fueron madurando la idea de contar con una organización que liderara las luchas que evitaran su desaparición. Luego vendrían otras muertes como la del Padre Pedro León Rodriguez, Avelino Ul, Marco Anibal Melenje, Justiniano Lame, entre otros, que habían comenzado a liderar recuperaciones de tierra en sus resguardos. Pero no solo debieron afrontar esta persecución. También encontraron contradictores entre los grupos guerrilleros como el sexto frente de las FARC que masacró a 7 indígenas en el resguardo de Munchique y Tigres, municipio de Santander de Quilichao por oponerse a su política armada. Rosa Elena Toconás, maestra indígena del resguardo de Jambaló quien no compartía los principios guerreristas, fue asesinada por este mismo grupo. Ramón Tote, un nativo del pueblo Kokonuko asesinado por el Movimiento 19 de Abril, así como el alcalde municipal de Jambaló Marden Arnulfo Betancourt Conda, asesinado por insurgentes del Ejército de Liberación Nacional.

Posteriormente se registra el asesinato del Padre Alvaro Ulcué Chocué a manos de policías encubiertos en Santander de Quilichao, Benjamín Dindicué asesinado frente a su esposa e hijos en Tierradentro por matones al servicio de terratenientes. Dionisio Ipia, un comunero del resguardo de Santa Rosa, municipio de Inzà quien fue asesinado por un terrateniente conocido como el Llanero. Sería larga la lista pero es preciso mencionar que en acciones conjuntas comprobadas de las fuerzas regulares del Estado con terratenientes, narcotraficantes y paramilitares se cometieron varias masacres, entre ellas las del Nilo con 20 indígenas asesinados o la del Naya, de la cual nunca se conocerá la cifra exacta de fallecidos.

Pero volvamos a la canción de Manuel María: “Busquemos a mi compadre que tiene muchos hijitos para que de aquí a mañana, coman aunque sea choclitos”… y así fue como comenzaron a buscar sus tierras perdidas que les arrebataron los terratenientes con diferentes artimañas y el acompañamiento de los propios funcionarios que registraron escrituras a sabiendas que las tierras de resguardo no se pueden vender, cambiar, hipotecar, que no prescriben y que son propiedad colectiva.

Verdaderamente, la lucha ha correspondido frutos a pesar de las adversidades. Podemos destacar la recuperación de las fincas de López Adentro, el Nilo, La Mancha, la Finca de la Arquidiócesis de Popayán en el resguardo de Kokonuko, Ambaló, San Fernando, entre muchas otras que han permitido avanzar en el saneamiento y la ampliación de sus territorios. Dicen que hacen falta muchas, especialmente las que se encuentran en manos de empresas agro industriales pero que la lucha solo se detendrá cuando se apague el sol.

Hoy, 49 años después, los puntos de lucha con los que inició el Consejo Regional Indígena del Cauca siguen vigentes como la recuperación de las tierras, la ampliación de los resguardos, la defensa de los espacios de vida, sin dejar de lado los restantes en los que ya se tienen importantes logros.

Los asesinatos, la persecución, las amenazas no han sido en vano y hoy cuentan con una Empresa administradora de los recursos del régimen de salud para comunidades indígenas, la Universidad Autónoma indígena Intercultural, aprobada y financiada con recursos del Estado colombiano, el manejo de la educación dentro de sus territorios y la aprobación de diferentes leyes que permitirán que los acuerdos plasmados en distintas movilizaciones se puedan convertir en realidad.

En otros campos, uno de los frutos cosechados es el reconocimiento como autoridad de carácter especial, el haber liderado el fortalecimiento de procesos organizativos similares, en todo el país y crear luego la Organización Nacional Indígena de Colombia, ser referente de las luchas en Latinoamérica y en el mundo entero y ahora, en cumplimiento de los mandatos del último congreso, convertirse en una organización del orden nacional e internacional.

Hoy, en consecuencia, las comunidades indígenas se visten de fiesta y ataviados con su pañoleta rojo y verde con el escudo de los bastones de autoridad, celebran un nuevo aniversario que será el comienzo de la gran fiesta del primer cincuentenario. Será en el resguardo de Pitayó, municipio de Silvia en la zona oriente, con reconocimiento a quienes forjaron los principios de Unidad, Tierra, Cultura y Autonomía y con un gran pastel del maíz plantado en estos 49 años.

Seguro que en asamblea de cabildos hoy se recordará nuevamente los acordes de los comuneros de ese pueblo chiquito llamado Paniquitá:
-Muchas gracias queridos compañeros de la Junta directiva del CRIC, no tendremos dinero pa’ pagarles.

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