Según Jacques Benigne Bossuet, “la política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir”. Y la verdad no se equivoca, porque realmente esa es la mecánica del quehacer político: la lucha por el poder. En esa contienda siempre habrá una representación de pareceres, siendo el elector el que se ajuste o no a las posturas que se le propongan si tiene conciencia o sentido común.
Es en ese deseo de alcanzar el poder y la simpatía del votante que entra en escena Abelardo de la Espriella, un abogado polémico, controversial, hedonista, fachero y repudiado por todo aquel que no sea conservador o de derecha. Los que no lo aprueban lo condenan por ser el litigante del narco y del paramilitar, el costeño de origen italiano que nunca ha demostrado realmente de dónde viene la plata que presume en las redes sociales.
Sin embargo, ese rechazo no le ha impedido ganarse el afecto de cierta parte del electorado nacional, ese que no le cree a Petro ni mucho menos a Cepeda. Su estrategia es mostrarse tal como es, sin experiencia en la política y fabricando un discurso que de una u otra forma se opone a las castas políticas tradicionales. Todo un outsider, sin lugar a dudas.
Abelardo, aunque muchos digan que es un soldado de Uribe, cautiva porque es lo más políticamente incorrecto nunca antes visto en Colombia, algo parecido a lo que ha sido Trump en Estados Unidos y del que sin dudarlo es su mayor inspiración. Se aleja de las casas políticas tradicionales y, por supuesto, se niega a recibir su apoyo para demostrar públicamente que lo suyo es la rebeldía.
Esa independencia, sea rebeldía pura o simple estrategia, ha hecho que sus enemigos le levanten escándalos, le hagan una mala publicidad mediática, porque como dice Jacques Benigne Bossuet, estos políticos no desean salir así por así de su zona de confort, dejar el poder y perder los privilegios que gobernar ofrece. En ese orden de ideas, ser independiente tiene su precio, y esto lo sabe muy bien el primer abogado influencer que busca llegar a la presidencia.
La pelea la tiene dura, sabiendo que no solamente compite con Cepeda: se enfrenta a una Paloma Valencia envalentonada por una consulta que la posiciona como la candidata de la derecha que tanto repudia Petro y los suyos. Nadie sabe qué va a pasar, pero si gana Abelardo el espectro político colombiano se va a mover como un tsunami. Amanecerá y veremos, o con calma y paciencia también se llega al fin de la meta si uno es constante.
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