Compatriotas, paguemos hoy nuestra deuda con los hermanos venezolanos

“¿Cuántas familias encontraron alivio a su pobreza con los giros que llegaban de Venezuela?”

Por: Carlos Helman Uribe Tarazona
Abril 24, 2018
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Compatriotas, paguemos hoy nuestra deuda con los hermanos venezolanos
Foto: La Patilla

Busco en los recuerdos de mi infancia y encuentro a mi tío Cecilio, hermano de mi padre; es una de esas memorias bonitas que la vida nos deja. Recuerdo que llegaba de visita cada año a la casa de la tía Mercedes, en Bucaramanga, con regalos para las familias de sus cinco hermanos. Estos presentes incluían jabones como el Camay, agua de colonia, ropa y todos esos artículos que se solo se conseguían de contrabando.

Duraba varios días la visita y luego partía de nuevo a la tierra que lo recibió a finales de los años 50. Mientras tanto, sus sobrinos quedábamos encantados con un bolívar que nos dejaba de regalo, porque en esos tiempos era mucha plata, y por un momento nos sentíamos ricos. Él era el tío rico de la familia y desde Humocaro Bajo o desde Barquisimeto, en Venezuela, llegaban continuos envíos para los Uribe Escobar.

Con su ayuda fue que mi padre montó un taller grande donde fabricaba lujos y boceles para muebles y carros, con tecnología que poco se conocía en esas tierras santandereanas como tornos de última generación y troqueladoras de 20 toneladas que cortaban lámina de acero inoxidable con solo tocar el pedal; era tecnología ubicada por el tío Cecilio en Venezuela, país que por esos años nos llevaba años luz de ventaja empresarial, educativa y social.

Más adelante, en el año 1974, el otro Cecilio de la familia, mi hermano, se instaló en Maracaibo con su familia, esposa y tres hijos. Allí desarrolló sus actividades comerciales hasta mediados de la década de los 90 cuando la añoranza familiar lo trajo de regreso a Bogotá. Esa es una pequeña parte de la historia de mi familia en los años 60, historia que es la misma de miles de colombianos, la mayoría de familia pobre, que emigraron hacia la República de Venezuela en los años posteriores a la época de la violencia y en las dos o tres décadas siguientes ante la falta de trabajo y oportunidades en nuestra Colombia.

La mayor parte de los emigrantes fueron a realizar labores de campo y domésticas, también trabajaron como operarios, conductores y técnicos. Y claro que había uno que otro profesional y también muchos delincuentes. En entrevista para Ana Maria Jaramillo del diario El Tiempo, el 29 de septiembre de 1991, el señor Rafael Rodríguez Mérida, director de extranjería de Venezuela, manifiestaba que Venezuela tenía unos 20 millones de habitantes, de los cuales al menos un millón doscientas mil personas eran colombianas o descendientes de colombianos; cifras de hace más de 25 años, que posiblemente hoy sean iguales o mayores.

Entonces, ¿cuál es la deuda social que hoy tenemos los colombianos con Venezuela?, ¿cuántas familias encontraron alivio a su pobreza con los giros que llegaban de Venezuela?, ¿cuántos compatriotas estudiaron y se formaron aquí y allá con el producto del sudor de sus parientes en suelo patriota? No tenemos estadísticas, pero sí muchos ejemplos en toda la costa Caribe, los Santanderes, Arauca y los llanos.

Hoy la historia se invierte, ya no van colombianos a Venezuela, ahora salen venezolanos para Colombia, los vemos en todas las actividades y a muchos deambulando por la calles. Los que vienen son los pobres, los humildes y también los delincuentes; los ricos y los que ahorraron van a Miami, a New York y a París.

Los venezolanos sufren hoy la situación política que sufrimos nosotros, que explotó el 9 de abril de 1948 y que convirtió a Colombia en tierra sin empleo ni oportunidades. Ellos buscan hoy nuestro apoyo, nuestra ayuda; buscan empleo,oportunidades. Por mi actividad laboral conozco de primera mano la angustia con la cual buscan estudio para sus hijos o un empleo decente, lo que sea, pero que les permita sobrevivir dignamente.

Es el momento de pagar las deudas, debemos retribuir la ayuda que los venezolanos nos han brindado durante más de un cuarto de siglo. Es hora de organizarnos para mostrarles a nuestros hermanos venezolanos que aquí estamos listos para recibirlos, asesorarlos y organizarlos en este momento crítico de su patria; no es el momento de generalizarlos como delincuentes ni de aprovecharnos de su trabajo.

Es el momento para que las autoridades locales y departamentales establezcan gerentes para liderar la atención a los hermanos patriotas; gerentes con equipos de trabajo en lo laboral, lo académico y lo social.

Compatriotas, paguemos hoy nuestra deuda con los hermanos venezolanos.

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