Cómo vivir en un mundo incierto

El cerebro percibe la ambigüedad como amenaza y trata de protegernos disminuyendo la capacidad de enfocarnos en cualquier cosa que no sea crear certidumbre. Una mirada

Por: ismael suárez_córdoba -
noviembre 06, 2020
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Cómo vivir en un mundo incierto
Foto: Pixabay

Resistirse a la realidad no nos ayuda a aprender a estar mejor, puesto que la renuencia persiste y dificulta el amplificar las emociones desafiantes que estamos sintiendo acerca de las circunstancias difíciles de nuestras vidas. Aceptación de nuestros propios sentimientos que no es lo mismo que resignación, ya que que solo estamos aceptando lo que realmente está sucediendo en ese momento, no que las cosas permanezcan igual y para siempre.

Mantenimiento preventivo de sí mismo, necesario para liderar nuestra propia mente y sostener lo que nos trae certeza, conexión, significado, invirtiendo en lo que nos hace sentir seguros. Aquellas cosas que nos permiten ser las personas que queremos ser, a fin de contrarrestar la tendencia natural a sobreestimar riesgos y consecuencias negativas. Ya que podemos controlar todo a lo que le prestamos atención, desactivando alertas para evitar que secuestren nuestra conciencia y evitando que la realidad externa determine nuestra verdad interior. Centrándonos en los resultados deseados y permitiendo cultivar la calma mediante la evaluación intelectual y emocional del grado en que sentimos que nuestras vidas tienen significado, propósito, valor e impacto, cuando el mundo se siente incierto.

Arraigada creencia sobre que las emociones están cableadas en nuestro cerebro y desencadenadas automáticamente por eventos, que después de décadas de investigación expertos neuropsiquiatras de la Universidad Northeastern (Boston, Massachusetts) llegaron a la conclusión que el trabajo más importante del cerebro no es pensar o sentir, o incluso ver, sino mantener el cuerpo vivo, para que sobreviva y prospere. Cerebro que es la causa primaria de la conducta del adulto y que esencialmente construye las emociones, para poder enseñar a etiquetarlas con mayor precisión y luego utilizarlas en información detallada para ayudarnos a tomar las acciones más apropiadas (o ninguna en absoluto). Disponiendo de muchas más opciones para predecir, categorizar y percibir emociones, por medio del control de una eficiente categorización de sensaciones que adaptan mejor nuestras acciones al entorno y construyen instancias de emoción que están finamente diseñadas para adaptarse a cada situación específica.

En los que la clave para lograr incrementar la inteligencia emocional real, es ganar nuevos conceptos de emociones y perfeccionar los existentes, adquiriendo de esa manera una habilidad mejorada para negociar conflictos y llevarse bien con los demás. Trasfondo de inquietud y vigilancia que es tan automático que la mayoría de la gente olvida que está ahí, pero que es un pequeño susurro de preocupación que escanea nuestros mundos internos y externos en busca de signos de problemas. Sentido básico que es una manera de construir bienestar y recursos en el cerebro y tomar posición en la realidad, integrando y diferenciando áreas para armonizar lo que hacemos. Río de la armonía y de las orillas opuestas, entre la confusión y la rigidez, donde todo fluye y nada permanece.

Cerebro dividido en dos realidades que actúan como procesadores oponentes, que aunque están especializados "ninguno funciona de forma independiente". El hemisferio derecho, que es arcaico y conecta el mundo físico codificando imágenes, gobierna instintos y emociones. Permaneciendo en sintonía con los sonidos emocionales y todas las sutilezas del procesamiento holístico (del griego holos, «la totalidad»). El izquierdo que es más joven, desglosa palabras y conceptos, albergando la capacidad de razonar. Siendo la conciencia lingüística, el control dominante que habla en nombre de la estructura bihemisférica del cerebro, para armonizar lo que hacemos y unir de manera funcional los distintos elementos de nuestra vida reflexiva. Desestimando la idea que el derecho es racional, aburrido y masculino, mientras que el izquierdo creativo, visual y femenino; pareciendo que, igual que en los primeros tiempos de la humanidad, en el mundo de hoy aún dominara solo el arcaico.

Referencias

Christine Carter, PhD, escritora, becaria senior en el Greater Good Science Center.

Lisa Feldman Barret, profesora distinguida de psicología de la Universidad Northeastern y en la Escuela de Medicina de Harvard miembro electo de la Royal Society of Canada.

Rita Levi Montalcini, neurocientífica, Nobel de Medicina.

Iain McGilchrist, psiquiatra, escritor y erudito literario de la Universidad de Oxford, autor de El cerebro dividido: El maestro y su emisario.

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