El color de las noticias
Opinión

El color de las noticias

Amarillistas con fotos impactantes, grises insinuando saber más de lo que dicen, asalmonados que descrestan con cifras sacadas de caldero de las brujas

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febrero 28, 2017
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Ya va pasando el efecto narcótico de las noticias acerca del caso de corrupción de moda; y los medios de comunicación escritos (o “prensa escrita” como llaman algunos locutores de la “radio hablada” a los periódicos de papel), van decantando su estilo de acuerdo con su color.

Los amarillistas, dignos preservadores del estilo escandaloso de informar con titulares morbosos, creado a fines del siglo XIX en Estados Unidos, le apuestan todo a la publicación de imágenes de personas recién detenidas, luciendo esposas en sus manos y chalecos antibalas en sus pechos. Pero hasta ahí llegan. Con el gancho de las impactantes imágenes prometen a sus lectores un informe profundo, pero no es más que la misma sarta de trivialidades, lugares comunes y refritos. Nada nuevo o de utilidad para el lector.

En otra parte del espectro informativo, utilizando el más serio color gris de los periódicos tradicionales, los editorialistas y sus unidades de investigación tratan de lucir más ponderados e informados que sus colegas de amarillo, proponiendo fórmulas mágicas para salir del caos en que la corrupción ha metido al mundo; llamando a las entidades del gobierno que son precisamente las que causan, medran y se perpetúan en este desorden, a que nos saquen del mismo. No se sabe si los ingenuos son ellos por convocar a un pillo a que deje de serlo; o los tontos son quienes creen en la sinceridad de dicho llamado, hecho por parte de una empresa editorial que ni in articulo mortis va a renunciar a la jugosa pauta estatal por defender principios éticos o morales. Saben que cumplen una valiosa función como garantes de la democracia y que mientras ladren pero no muerdan van a estar bien con todo el mundo.

Por último están los asalmonados, aquellos periódicos de tan particular coloración, llenos de largos e indigeribles artículos en los cuales unos sesudos y por lo general desaliñados economistas tratan de explicar, con cifras en mano, porqué las cosas no salieron como ellos mismos habían asegurado meses antes que iban a salir. Pero como son solo economistas y no viven en el mundo real, el mundo del que paga impuestos y enfrenta desarmado a la corrupción, hay que creerles y reelegirlos como ministros, gerentes de bancos y de entidades multilaterales; porque si no son ellos, ¿quién más?

Y entonces se da por sentado que cada uno hizo su parte. Los unos publicaron fotos impactantes, los otros dieron a entender que saben mucho más de lo que dicen, pero que no lo dicen para “preservar las instituciones”; y los últimos descrestan con cifras y proyecciones sacadas de ese caldero de brujas que es la estadística cuando se pone al servicio del absurdo.

Entre tanto, el gobierno habla horrorizado de la corrupción, como si ésta ocurriera en Chad o en Djibouti y no en el territorio que mal manejan. Por su lado, las incontables ONG transparentes, dedicadas a sacarle el tuétano al hueso roído del presupuesto, se escandalizan ante los medios (¿ante quién más?) por tanto episodio de latrocinio que les toca presenciar y denunciar, sin que se haga nada por resolverlo.

 

¿Además del Banco Agrario, cuáles fueron los bancos
que le prestaron más de 600 millones de dólares a esta firma brasilera para financiar tanto sus obras como la corrupción?

 

Pero nadie piensa en investigar y menos en publicar las respuestas a preguntas simples acerca de la corrupción. Por ejemplo:

  • ¿Cuáles son las firmas de abogados, locales y extranjeras, que representan a los empresarios corruptos y les ayudan con los trámites? Seguramente que Odebrecht no buscó a un tinterillo de pueblo para que le estructurara los pliegos licitatorios o le presentara a personas influyentes en el mundo de los negocios o la politiquería para facilitar su ingreso a este club. (Por más que el fiscal lo niegue, si el grupo financiero colombiano que se asoció con ellos para algunas de las obras ya tenía a su propia firma de abogados de toda la vida, ¿no sería lógico que fuera esa misma firma la que se involucrara en este megaproyecto?)
  • ¿Además del Banco Agrario, cuáles fueron los bancos que le prestaron más de 600 millones de dólares a esta firma brasilera para financiar tanto sus obras como la corrupción con la que se ganó los contratos? ¿Dónde está esa plata? ¿Con qué garantías se prestó?
  • ¿A dónde fueron a parar los dineros recibidos como soborno? Esa plata debe estar en alguna parte y forzosamente tiene que haber transitado sin mucho disimulo por el sistema financiero colombiano. Sencillamente no puede estar en efectivo ni haber salido del país en maletines. Los pesos no valen nada en el exterior ni se pueden cambiar por moneda dura sin dejar rastros.
  • ¿Cuándo van a rendir cuentas las grandes firmas de auditoría, siempre dóciles al momento de firmar estados financieros chimbos para luego cobrar sus honorarios; pero agresivas y legalistas a la hora de explicar por qué no vieron lo que estaba pasando en las empresas que contratan sus servicios?

Cada vez estamos más lejos de conocer la verdad en este y en los demás episodios de corrupción. Afortunadamente para el gobierno y para los medios de comunicación, ya vienen los partidos de la eliminatoria, Miss Universo, etc. Y podremos cambiar de tema.

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