Colombia: el eterno retorno de lo mismo y los mismos

Nuestra realidad parece una distopía, donde funcionan las consignas que planteó Orwell en 1984: "La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”

Por: John Alexander Castro Lozano
enero 21, 2019
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Colombia: el eterno retorno de lo mismo y los mismos
Foto: Twitter @CeDemocratico

En octubre 2 de 2016, 6’431.372 colombianos votaron negativamente por los Acuerdos de La Habana, logrados entre el secretariado de las Farc y el gobierno liderado por Juan Manuel Santos Calderón. Luego, en agosto 26 de 2018, solamente 11’671.420 colombianos votaron contra la corrupción, esa votación no permitió alcanzar el umbral. Detrás de esos resultados negativos se encuentran creencias ultraconservadoras que despliegan rumores relacionados con la llegada de la izquierda, el comunismo, el castrochavismo a Colombia; la omnipotencia y omnipresencia de Gustavo Petro; la presidencia de las Farc, entre otras falacias que se han convertido en verdades. Esas creencias se han extendido entre una población que considera que puede perder lo que ha logrado adquirir a partir de su trabajo, una serie de privilegios que, incluso son propiedad de los bancos, por ejemplo, cualquiera del Grupo Aval.

La consolidación de esas creencias entre millones de colombianos llevó a creer que solamente existía una (única) opción presidencial para el periodo 2018-2022. Iván Duque Márquez (IDM) fue el que dijo el (ex)presidente Álvaro Uribe Vélez (AUV). Por tercera vez lo decía pues fue primero Santos Calderón y luego Zuluaga Escobar. En la tercera ocasión que lo dijo, AUV eligió a IDM, quien es hijo de Iván Duque Escobar, gobernador de Antioquia, 1981-1982; ministro de agricultura, 1985-1986 y Registrador Nacional, 1999-2002. Por eso, el 17 de junio de 2018, IDM es elegido por 10’373.080 de colombianos, quienes votaron por el que había dicho AUV. En este aspecto, es posible que esa votación se haya logrado por el analfabetismo político de los colombianos pues votan según se les diga o votan para recibir regalos o ayudas.

Eso lo sabemos por una valla publicitaria instalada en la región Caribe: yo voto por el que diga Uribe. Luego, la frase fue popularizada con la etiqueta #yovotoporelquedigauribe. También lo sabemos pues en distintos encuentros promocionales de la campaña presidencial de IDM se ofrecieron alimentos (envueltos con la publicidad del Centro Democrático) y auxilios económicos. Así, en agosto 7 de 2018, IDM se posesionó como presidente de la República de Colombia. Pero él es un hombre que quiere posar de cuenta chistes, artista y deportista, sin saber ser lo tercero y tampoco lo segundo y lo primero. Un hombre que quiere parecer maduro y con experiencia, pero es un niño jugando a ser presidente y sus cabellos tienen más tintura que vejez.

Aunque IDM es el presidente de Colombia, le dice a AUV: “presidente Uribe”. Por ese motivo, IDM se ganó el apelativo se subpresidente y en The Economist señalaron: “muestra poco sentido de la dirección”. Yo creo que, si tiene dirección, la dirección que le señala el (ex)presidente Uribe y que María Fernanda Cabal le recuerda: “él [IDM] y su equipo tienen que darse cuenta de que allí no llegaron gratis”. En el gabinete ministerial elegido por IDM para gobernar a Colombia, es decir, a sus ciudadanos en el territorio nacional; muestra favorecimientos políticos de bancada y también, gremiales. En otras palabras, la repartición de la torta no es para los 10’373.080 de colombianos que eligieron a IDM y mucho menos para los, aproximadamente 45’500.000 de ciudadanos nacionales, la torta es para sus amigos.

Eso puede observarse en los nombramientos en distintas entidades del Estado y en la asignación de contratos, exponiendo el pago de favores a quienes acompañaron o financiaron su camino a la presidencia. María Fernanda Cabal lo recuerda: “uno gobierna con sus amigos”, al interceder por Natalia Bedoya, quien firmó un contrato exprés en el Ministerio del Interior. Cabal es esposa de José Felix Lafaurie, presidente de Fedegan, quien logró la designación de recursos parafiscales de la carne y la leche. Bedoya resaltaba, señalaba y cuestionaba los favorecimientos (mermelada) en el gobierno de Santos Calderón, pero a ella le parece que no debe ser cuestionada (ni Lafaurie) sino es (son) ella (ellos) quien/es puede/n cuestionar. Cabal y Bedoya nos recodaron el viejo refrán popular: “El problema de la rosca, es no estar en ella”. Por eso, para Cabal y Bedoya no es problema el clientelismo o la mermelada porque están entre amigos en el gobierno de IDM.

Sin embargo, en el gobierno de IDM se evidenció la fuerte represión contra los estudiantes que se movilizaron a favor de la educación pública; la repentina cancelación de Los puros criollos, dirigido por Santiago Rivas; la censura a periodistas como Andrea Olano y Carlos Chica; los cuestionamientos a las expresiones festivas del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto y la posible restricción al uso de redes sociales. Asimismo, el asesinato selectivo y sistemático de líderes sociales pues únicamente en los primeros siete días de enero de 2019, fueron exterminados siete de ellos, un promedio aterrador de un líder social asesinado por cada día transcurrido. Y de lo ocurrido el 17 de enero de 2019 en la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander no deseo reflexionar por respeto a la memoria de los ciudadanos que fallecieron en el atentado terrorista y por supuesto, comprendo el dolor de sus familiares.

En este aspecto, recuerdo a los pitagóricos, quienes seguían una serie de reglas inspiradas en la moderación, por ejemplo, “no atizar el fuego con el cuchillo”. No obstante, en Colombia nacieron ciudadanos que al parecer viven en una realidad bizarra. Después del repudiable y lamentable hecho, el (ex)presidente AUV escribió en su cuenta personal de Twitter: “Qué grave que la Paz hubiera sido un proceso de sometimiento del Estado al terrorismo!”. Luego, su hijo, Jerónimo, escribió su propio mensaje en la misma red social: “Se sabía que la paz de Santos era una farsa. Enfrentar el mar de coca, minería ilegal y corrupción que dejo Santos es un tremendo reto para el presidente Duque.” A partir de esas palabras, llegaron a mi memoria las siguientes consignas “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud; la ignorancia es la fuerza”, consignas en la novela distópica de George Orwell, 1984. En Colombia, la realidad alcanza la distopía.

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