Opinión

Claves para la pedagogía del Acuerdo de paz

Cinco puntos esenciales en la enseñanza del Acuerdo para que la ciudadanía vote bien informada el 2 de octubre y la profunda deliberación a desarrollar desde esa fecha en todas las regiones

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Septiembre 12, 2016
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En el curso del último año hemos venido desarrollando —con un amplio grupo de colegas, estudiantes y líderes comunitarios— lecturas deliberativas de los borradores, y actualmente del texto final, del Acuerdo para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

Esa experiencia me ha dado la posibilidad de reflexionar sobre algunas claves para la pedagogía del acuerdo. He intentado llevar estas claves a la práctica en la presentación que estoy usando en estos días para explicarlo (disponible acá para quienes la encuentren de alguna utilidad en sus propios ejercicios de pedagogía del Acuerdo), y hoy quiero ver si puedo hacerlas más explícitas.

La pedagogía sobre el Acuerdo de paz no solo es importante para que la ciudadanía vote bien informada en el plebiscito del 2 de octubre. Además —y quizás principalmente— la pedagogía del Acuerdo será de suprema importancia para nutrir la difusión y la profunda deliberación que tendremos que desarrollar a partir de esa fecha en todas las regiones colombianas, con el fin de asegurar una amplia e informada participación ciudadana en el proceso de implementación territorial de los compromisos que en él se han plasmado.

La primera clave —francamente obvia, salvo para quienes parecen querer soslayarla engañosamente— es tratar de no distorsionar los contenidos del Acuerdo. Esto no es fácil de lograr, en buena medida por la extensión del texto (297 páginas) y su complejidad.

Por un lado, hay que saber elegir bien cuáles son los elementos esenciales del Acuerdo, y buscar la manera de exponerlos con claridad y concisión en el corto tiempo (una o dos horas) con el que generalmente se cuenta para desarrollar estos ejercicios pedagógicos. Para ello, me parece útil contar con la cartilla publicada por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, así como con los otros materiales disponibles en su página web.

Con base en esos materiales, el Grupo Regional de Memoria Histórica de la UTB produjo un resumen de 17 páginas, en blanco y negro, con letras grandes, y fácil de imprimir y fotocopiar. La metodología de lectura deliberativa que implementamos en nuestros ejercicios pedagógico —de uso libre para quienes estén interesados en desarrollar ejercicios similares, adaptando nuestro enfoque a sus contextos territoriales y ámbitos de actuación— está disponible acá. También hay materiales muy útiles acá y acá.

Por otro lado, la complejidad (sustantiva y política) de los temas tratados en el texto del Acuerdo hace más difícil eludir los riesgos de distorsión que emergen de los sesgos naturales de la postura propia frente a ellos. Ojalá que todos los que estamos dedicados —en estos momentos y en el futuro— a hacer pedagogía del Acuerdo, seamos claros sobre nuestra posición personal, y nos comprometamos sinceramente a evitar el uso de artilugios retóricos o apelaciones puramente dogmáticas, identitarias y pasionales, alejadas de la razón.

 

 

La segunda clave es usar un lenguaje apropiado
para referirse a los actores y a los actos de la historia

 

 

La segunda clave es usar un lenguaje apropiado para referirse a los actores y a los actos de la historia. A comienzos de este milenio, una andanada de ataques terroristas con impacto mundial contribuyó a refrescar la reseca retórica ideológica de la Guerra Fría. En Colombia, las oficinas de prensa gubernamentales y los grandes medios de comunicación dejaron de hablar de conflicto armado interno y guerrilleros, para hablar de amenaza narcoterrorista y delincuentes. El uso de estos términos, inapropiados desde el punto de vista del tratamiento riguroso que se les busca dar en la academia y la prensa serias, dificulta enormemente la comprensión de asuntos de tan profundo calado como, por ejemplo, el de la justicia transicional. La verdadera fuente de reflexión e inspiración sobre esta clave pedagógica es este importante Discurso Inaugural del profesor Fernán González; invito a su lectura.

La tercera clave es abordar los diversos puntos del Acuerdo en clave de memoria histórica. Conectarlos con las causas y las consecuencias del conflicto armado ayuda enormemente a construir una mejor comprensión de la lógica y la interconexión de las propuestas y compromisos que en ellos se establecen. El informe general al publicado por el Centro Nacional de Memoria Histórica es un recurso muy útil (y hay un resumen y un documental). También sirven mucho los textos contenidos en el informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas

La cuarta clave es hacer énfasis en la centralidad de las víctimas, como se propone en el Acuerdo, a la hora de evaluar si este medio para poner fin al conflicto armado con las FarcC cumple, no solo con los estándares del derecho internacional, sino —sobre todo— con las exigencias y las esperanzas de las víctimas en términos de verdad, justicia, reparación y no repetición.

La quinta clave es el ejercicio de la razón pública. El Acuerdo de paz abre nuevas posibilidades para sostener diálogos amplios y profundos para la construcción colectiva de nuestra propia concepción como país y la constitución democrática de nuestro futuro.

 

El punto sobre Desarrollo Rural implica
debates de fondo sobre nuestro modelo de desarrollo
y nuestros hábitos de consumo

 

El punto sobre Desarrollo Rural implica debates de fondo sobre nuestro modelo de desarrollo y nuestros hábitos de consumo. El punto sobre Participación nos exige hacer conciencia transformadora sobre las fallas tectónicas de nuestro sistema y nuestra cultura políticos. El punto sobre Drogas abre nuevas oportunidades para poner en discusión la trágica y fallida guerra contra las drogas. Y el punto sobre Víctimas invita a una introspección colectiva sobre las responsabilidades que todos tenemos para contribuir a la superación histórica del sufrimiento y el olvido.

 

 

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