Opinión

Colombia votará Sí a la paz

Las cuatro P problemáticas para la refrendación popular de los acuerdos de paz: las penas, la participación en política, el perdón y la plata

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julio 04, 2016
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Creo que la última medición de la encuesta Colombia Opina, aplicada por Ipsos Napoleón Franco del 25 al 28 de junio de este año, justo después de la firma del Acuerdo sobre el Fin del Conflicto, indica que los colombianos sí refrendarían en un plebiscito el Acuerdo Final de paz con las Farc.

Procedo a sustentar esta interpretación de los datos.

En septiembre de 2012 se comenzaron a medir los niveles de pesimismo y de optimismo de los colombianos frente al proceso de paz (el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, se firmó en La Habana el 26 de agosto de ese año). Solamente en aquella primera medición, el optimismo superaba al pesimismo (54% v. 41%); desde entonces, el pesimismo siempre ha estado por encima del optimismo.

Hoy, sin embargo, aunque el pesimismo aún se mantiene por encima del optimismo, el pesimismo se ubica en su nivel histórico más bajo y el optimismo en su nivel histórico más alto (52 % v. 47 %).

Además, esta última medición de la encuesta revela una nueva sorpresa: el “no sabe / no responde” se halla hoy en su nivel histórico más bajo (1 % v. 5 % en 2012), lo cual, en conjunto con el resultado anterior, puede estar reflejando la adopción de posiciones más sólidas, quizás más decantadas, y pareciera que cada vez más favorables frente al proceso de paz.

En la medida en que el progreso de los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc viene creando y consolidando condiciones crecientes de seguridad y confianza entre las partes, es de esperarse que el tipo de eventualidades que más han tendido a incrementar el pesimismo frente al proceso disminuyan notablemente. En este mismo sentido, podemos esperar cada vez más frecuentes y mejores noticias sobre el proceso.

Si estas dos tendencias se mantienen, es probable que la próxima medición de la encuesta revele, por fin, una inversión de la tendencia histórica de los estados de ánimo frente a los diálogos, y que, por segunda vez desde hace casi cuatro años, el optimismo frente al proceso de paz se ubique por encima del pesimismo.

 

Una amplia mayoría acudiría a las urnas (61 %)
y una mayoría votaría a favor de los acuerdos de paz (36 % v. 25 %).

 

 

Por otra parte, la encuesta muestra que la mayor parte de las personas entrevistadas está de acuerdo con que la firma de la paz debe ser validada por los colombianos a través del voto popular (84 %). Además, una amplia mayoría acudiría a las urnas (61 %) y una mayoría votaría a favor de los acuerdos de paz (36 % v. 25 %).

Si estas cifras se mantuvieran así hasta el momento real de la votación, el plebiscito sería aprobado.

Esto, por cuanto —si la Corte Constitucional aprueba el texto de la ley estatutaria “por medio de la cual se regula el plebiscito para la refrendación del acuerdo final”— en esta ocasión solo se requeriría “que la votación por el sí obtenga una cantidad de votos mayor al 13% del censo electoral vigente y supere los votos depositados por el no”. Dadas las cifras de esta medición de Ipsos, más de doce millones y medio de personas votarían por el sí y menos de nueve millones de personas votarían por el no, frente al mínimo de cuatro millones y medio de votos por el sí requeridos legalmente para que éste gane.

Por supuesto, existe un alto riesgo de que estas proyecciones estén muy infladas o distorsionadas, pues una cosa es lo que responden los ciudadanos que hacen parte de la muestra de personas a las que se les aplicó esta encuesta y otra cosa el comportamiento electoral de quienes efectivamente salgan a votar el día del plebiscito. Recordemos que los colombianos no somos muy dados a salir a votar si no obtenemos un beneficio concreto (generalmente monetario) que nos sacuda la apatía política y el letargo dominguero. Las maquinarias políticas de los bandos partidistas que se enfrentarán ese día en las urnas, no tendrán el poderoso combustible del dinero electoral; pero, al mismo tiempo, seguirán estando aceitadas por el clientelismo estatal.

En cuanto al puro voto de opinión, los riesgos son notables. La misma encuesta revela que grandes mayorías de colombianos están en desacuerdo con que los guerrilleros desmovilizados no paguen penas de prisión (84 %) o que puedan participar en política (71 %).

Estos dos factores hacen parte de lo que yo llamo las cuatro P problemáticas para la refrendación popular de los acuerdos de paz: las penas, la participación en política, el perdón y la plata.

Mientras las Farc no pidan perdón por sus crímenes y continúen declarándose una víctima más de la guerra, el pueblo colombiano seguirá desconfiando de la veracidad de sus actos y expresiones de paz y reconciliación. ¿Será necesario que, para que las Farc se decidan a pedir perdón, también se decidan a pedir perdón el estado, los partidos políticos y quienes ignoraron, azuzaron o financiaron el conflicto armado desde el ámbito privado? ¿Qué se requiere para desenredar los confusos hilos de verdades y falsedades que se entretejen en el discurso de que las Farc son magnates multimillonarios que pretenden destinar ingentes recursos ocultos derivados del narcotráfico, la extorsión y el secuestro a la compra de votos para conducir al país hacia el castrochavismo?

Dadas todas estas razones para el muy cauto optimismo que hoy quiero expresar, no podemos quedarnos cruzados de brazos, ni tampoco ocuparnos solamente de la importante y necesaria pedagogía sobre los contenidos de los acuerdos de paz. También debemos hacer pedagogía sobre el significado y los alcances de aquello que bien se llama “Justicia Transicional”, así como de todo lo que queremos llamar, verdaderamente, Paz.

 

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