Opinión

Clases virtuales insoportables

Hay atraso enorme en pedagogía virtual en colegios e instituciones de educación superior. No solo hay que estar conectados a Internet: ¡Urge un vuelco a los métodos pedagógicos!

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mayo 11, 2020
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Clases  virtuales insoportables
El rol del maestro debe pasar del expositor que todo lo sabe, amparado en su tablero, al articulador que con ingenio convierte también en mentores a los estudiantes. Foto: Pixabay

El lío para estudiar en casa es mayúsculo en ésta época de confinamiento. Por un lado, millones de hogares que no tienen internet o computador. Por otro, en los casos en los que es posible la relación virtual entre maestro y estudiantes, muchos docentes creen que se trata de seguir con los mismos recursos pedagógicos utilizados presencialmente en el aula. Están atiborrando de contenidos a los estudiantes y creen que cumplen poniendo tareas por internet.

Mas de 1.500 millones de personas en el mundo entero, entre niños, jóvenes y adultos, tuvieron que interrumpir sus estudios presenciales en algún momento entre febrero y marzo del 2020 por el confinamiento decretado. En Colombia, aproximadamente 12 millones y medio de estudiantes, incluyendo los de la educación básica y media (10 millones) y aquellos matriculados en la educación superior, dejaron, de un momento a otro, de tener sus clases en colegios, universidades, instituciones técnicas y tecnológicas.

Lo primero, dramático, es el asunto de la conectividad. Cerca de la mitad de los hogares en Colombia carece de conexión a internet o de dispositivos y, añádase, hay una fracción de los conectados que carecen de un ancho de banda satisfactorio como para llevar a cabo el teleestudio o el trabajo de forma más o menos fluida, amén de presentarse competencia entre familiares por el uso del PC.  Los chicos de los hogares más pobres accedían a internet bien en salas dotadas con computadores e internet en la institución educativa, o bien en los cafés internet cercanos a sus residencias.

Nos encontramos, entonces,  ante una brecha enorme que es más grave aún en desfavor  del campo y de regiones de las costas y los departamentos de la Orinoquía y la Amazonía, brecha que anuncia nuevos rezagos de sus niños y jóvenes frente a los que han conseguido avanzar en sus programas académicos de manera virtual.

No obstante, no solo hay un problema de conectividad y equipos. Por ejemplo, numerosas universidades privadas, pese a  haber invertido en años pasados en plataformas digitales de soporte a sus programas presenciales, se encontraron, por la pandemia, con que carecían de un profesorado con las competencias suficientes para emprender el uso de las herramientas virtuales en el nuevo escenario. ¿Qué pasaría con las ya maltrechas finanzas de centros de educación superior privados si los estudiantes afectados, que pagaron su semestre, procedieran a exigir de las universidades el reembolso del dinero argumentando la verdad, es decir, que no recibieron los servicios por los que pagaron?

Hay atraso grande en materia de pedagogía virtual tanto en colegios como en instituciones de educación superior.

En general, en términos prácticos, la educación en línea incluye las tareas que los profesores ponen, los encuentros en línea entre estudiantes y maestros, así como materiales virtuales (videos y otros) recomendados por aquellos.

Sin embargo, en esta etapa obligada de educacion virtual, los docentes suelen caer en varias trampas que afectan la calidad del aprendizaje. Niños y jóvenes de la educación básica y media son las víctimas principales*.

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La primera trampa es creer que atiborrar a los estudiantes de materiales pdf y ppt subiéndolos a la plataforma de aprendizaje, correspondientes  a los textos, resuelve el problema

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La primera, la trampa del contenido: creer que atiborrar a los estudiantes de materiales pdf y ppt subiéndolos a la plataforma de aprendizaje, correspondientes  a los textos de las asignaturas, resuelve el problema. El aprendizaje de contenidos es solo una parte del proceso de apropiacion de conocimientos y competencias. La clave, acá, consiste en cómo propiciar discusiones virtuales, en cómo pueden proponerse proyectos que puedan hacer uso de valiosas herramientas digitales que faciliten el trabajo colaborativo entre alumnos.

Otra trampa, que hace recordar a Pink Floyd, consiste en que muchos docentes creen que la medida de lo que él o ella ofrecen a sus estudiantes es estándar: lo mismo para todos, serial. La virtualidad permite, justamente, la incursión en algunas dosis de personalización en función de necesidades específicas.

El rol del maestro debe cambiar: pasar del expositor que todo lo sabe, amparado en su tablero y poseedor de la verdad, a un articulador que, con ingenio y teniendo en cuenta las necesidades particulares de sus estudiantes, contribuye a convertirlos también en mentores. De ahí que lo que expertos han encontrado es que una clase no puede ir más alla de 15 a 20 minutos y que el resto del tiempo lo dedique a apoyar a los estudiantes en los procesos de aprendizaje.

Otro error: el del aislamiento, referido a una especie de endogamia (el profe y los alumnos y nadie más), al desaprovechar el espacio virtual para poner en contacto a los alumnos con estudiantes de otras instituciones dentro y fuera de la ciudad y del país, así como convocar invitados virtuales que, en forma breve, realicen intervenciones. La magia del internet, precisamente, está en que estamos cerca de cualquier parte del mundo al alcance de un clic.

Hay maestros simpáticos, carismáticos, bromistas, que cautivan en el aula. Sin embargo, tales encantos no son transplantables al espacio virtual. Hacer divertida la clase implica el uso de otros recursos, incluyendo el uso puntual de música, de los descansos, la aplicación de encuestas breves, concursos en línea breves, entre muchos.

La evaluación de los alumnos no puede ser similar a la presencial (“qué tanto saben de tal tema...”). Nuevas formas, acudiendo a las herramientas digitales, deben utilzarse: que los mismos estudiantes hagan en equipos, por ejemplo, videos en los que propongan formas de resolución de un determinado problema).

No solo necesitamos estar conectados a internet. Requerimos dar un vuelco a los métodos pedagógicos.

(*véase Rebecca Winthrop, 5 Traps that will kill online learning, mayo 5 de 2020, WEF).

 

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