¿Clan del golfo, Autodefensas Gaitanistas de Colombia, Urabeños o Clan Úsuga?

Tienen origen común en las Autodefensas Unidas de Colombia, una serie de agrupaciones paramilitares con autonomía regional

Por: Sergio Alejandro Gómez Velásquez
octubre 04, 2017
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¿Clan del golfo, Autodefensas Gaitanistas de Colombia, Urabeños o Clan Úsuga?
Foto: Coccam Nariño.

El Clan del golfo ha puesto sobre la mesa del presidente una propuesta en la que ratifica su disposición de acogimiento a la justicia. Este acercamiento de paz se genera días después de la muerte en un operativo militar de alias “Gavilán”, segundo al mando del Clan del Golfo. El anuncio ha generado expectativa en varios sectores políticos y sociales por lo que pueda suceder a corto y largo plazo con un grupo que representa un factor de violencia que ha vulnerado la estabilidad política, social y económica de múltiples poblaciones rurales y urbanas de Colombia. El problema tiene mayor complejidad ante la confusión y desconocimiento por parte de la opinión pública de su composición, evolución y el papel que juegan las autodenominadas “Autodefensas Gaitanistas de Colombia” (AGC).

Este gran caldo de cultivo tiene el origen común en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las cuales eran una serie de agrupaciones paramilitares armadas con total autonomía regional, que tras el fallido proceso de paz de Santafé de Ralito (2003-2006) germinaron en varios grupos criminales debido al proceso de desmovilización difuso y la deserción de muchos “ jefes paramilitares” – o mejor decir narcos— y mandos medios que comenzaron a crear y dirigir sus propios grupos por fuera del proceso de paz  para continuar delinquiendo y protegiendo sus negocios legales e ilegales.

A raíz de esto, en San Pedro de Urabá se formaron los Urabeños, constituidos por los antiguos bloques paramilitares Elmer Cárdenas y Bananero que, a partir de un rearme intensivo, buscaron consolidarse como grupo armado bajo la batuta de Daniel Rendón Herrera “Don Mario”. Como nuevos dueños de la guerra se presentaron “oficialmente” a sangre y fuego el 15 de octubre del 2008 con la entrega y circulación de unos panfletos en los municipios del Urabá, con los cuales convocaron a un paro armado en el que se cerraron los comercios y se suspendieron los servicios de transporte   protestando por el incumplimiento del gobierno nacional a los acuerdos de Ralito y a la entrada de grupos guerrilleros a la región. Con la captura de Don Mario en el 2009, los hermanos Úsuga: Juan de Dios “Giovany” (abatido por las fuerzas militares en Choco en el 2012) y Dairo Antonio “Otoniel” fueron los nuevos cabecillas de este grupo ilegal, lo cual trajo consigo una mayor expansión internacional con cambio de nombre incluido.

Fue hasta el 2014 que la opinión pública y la policía nacional adoptaron, para identificarlos, el nombre de Urabeños (o uribeños según algunos) debido a su lugar de origen, trayendo consigo una estigmatización negativa a los pobladores de la zona. Posteriormente, fue directamente la Presidencia de la República quien los bautizó Clan Úsuga, pero ante múltiples negativas y solicitudes formales los entes gubernamentales deciden otra vez bautizarlos como Clan del Golfo, todo esto con el fin de “preservar el buen nombre de las personas que llevan el apellido Úsuga”.

Con más bautizos que iglesia de pueblo, el Clan del Golfo es el principal responsable del narcotráfico y microtráfico, la extorsión a hacendados, campesinos y comerciantes; el control de la minería ilegal, el mototaxismo, la trata de personas y la prostitución en el Urabá, Choco, Córdoba y Catatumbo. Esa peligrosa mutación entre paramilitares y narcotráfico es el recuerdo de que lo malo que sigue ahí, como una continuación de una y más guerras dentro de este país.

Ahora, ¿qué son las Autodefensas Gaitanistas de Colombia ? Este es el “brazo político” del Clan del Golfo, el cual se autodefine como una organización político-militar de resistencia civil en armas, de carácter social, transitoriamente en la ilegalidad. Allí contemplan una visión propia basada en ideologías paramilitares antecesoras con pretensiones de convertirse en un grupo armado con reconocimiento político por su lucha contra los grupos armados generadores de violencia y el gobierno reivindicando la igualdad, la justicia, la protección de la propiedad privada y la construcción de la paz.

Es complicado digerir este tipo de contradicciones en el que una organización criminal a partir de su brazo político reivindique la paz, la igualdad y ataque de frente a los grupos generadores de violencia, pero esto más que aspirar al premio Cafam, simplemente es una herramienta para encubrir sus negocios ilícitos evadiendo las operaciones militares y las responsabilidades en la vulneración de los derechos humanos de la población civil  logrando un reconocimiento general de movimiento político. Retomando el punto de acogimiento (o sometimiento según el gobierno nacional), el Acuerdo de la Habana abrió las puertas a la lucha abierta contra organizaciones criminales sucesoras del paramilitarismo como esta, que más allá de ser actor del conflicto armado, es un grupo con pretensiones inútiles de status político. Así como es complejo entender sus dinámicas, aún va a ser más difícil estudiar y tratar las consecuencias de una masiva entrega de más de 3.000 hombres armados, la cual demandaría un nuevo proyecto de ley en el Congreso vía fast track, donde se puedan dejar unas reglas claras para el sometimiento colectivo y generar resultados positivos, no como los hechos y resultados con el Cartel de Medellín y las AUC.

Con esos antecedentes oscuros, se  suma la inexactitud  de los miembros totales y reales  de este grupo armado, hay poca claridad de la centralidad del mando más allá de alias “Otoniel” y las discrepancias entre el gobierno y los criminales  desde el simple hecho en que puertas adentro del poder político y militar  se le llame sometimiento, mientras que en las selvas del Pacifico y Urabá se le diga acogimiento —ahora no me imagino cuando tengan que hablar de entrega de bienes, indemnizaciones, tipos de reclusiones y tratados de extradición—.  Se debe pensar en cómo hacer para que a estos no le sigan, después otra generación de (¿neo?) criminales o grupos armados organizados mafiosos, poderosos y complejos, donde lo mejor es que no sea un futuro de balazos antecedido de una historia plagada de violencia, de falsas desmovilizaciones, bandidos, narcos, cínicos y amenazas a líderes sociales.

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