A comienzos de los años 2000, cuando la vida nocturna de Bogotá aún era un territorio inestable —bares que abrían y cerraban en meses, negocios informales y propuestas sin identidad—, Andrés González no estaba de rumba. Su mundo era otro: el negocio de los gimnasios. Allí se había formado en áreas comerciales y operativas, aprendiendo algo que luego resultaría clave: cómo administrar servicios de alto flujo de público, construir marca y convertir hábitos de consumo en negocios sostenibles.

Andrés González
Ese conocimiento terminaría cruzándose con una industria que apenas se estaba organizando. Cuando González se vinculó al naciente proyecto de Evedesa, la empresa no era un imperio, mucho menos un holding del entretenimiento nocturno. Era apenas una apuesta de varios socios que compartían una intuición común: la noche podía gestionarse como empresa y no solo como diversión.
Desde el inicio, Evedesa fue un proyecto colectivo. Varios empresarios jóvenes —con perfiles complementarios entre creatividad, operación y administración— decidieron profesionalizar un sector que hasta entonces dependía más del carisma que de la gestión. González no lo fundó en solitario, pero sí se convirtió con el tiempo en una de sus figuras más determinantes: el socio que aportó estructura empresarial a un negocio históricamente volátil.
Los años en los que la rumba empezó a organizarse
A mediados de la década de 2000, Bogotá vivía un auge nocturno fragmentado. La Zona Rosa, la calle 85, el Restrepo y Chapinero concentraban la mayor parte de la oferta, pero la mayoría de establecimientos no superaba unos pocos años de vida. En ese contexto surgieron los primeros bares del grupo que luego sería Evedesa.
Entre 2006 y 2010 nacieron conceptos como Bambulé, Furia, África, 4:40 Music Hall y Matilde Lina, que para entonces ya mostraban una característica distinta: no eran bares genéricos, sino propuestas musicales y de ambiente claramente definidas.
Para 2010, el grupo ya operaba cinco establecimientos activos en Bogotá, una cifra relevante para una industria donde la rotación era la norma. Ese primer portafolio consolidó el modelo del grupo: segmentar públicos y experiencias en lugar de abrir locales indistintos. Cada marca respondía a un estilo musical y a una atmósfera particular, lo que permitía atraer nichos específicos y reducir el desgaste del formato tradicional de discoteca.

En esos años, la presencia de González empezó a sentirse en la organización interna. Su experiencia previa en el sector de gimnasios —donde había trabajado en gestión y expansión comercial— aportó procesos, indicadores y disciplina operativa a un negocio que históricamente había funcionado de forma intuitiva.
De bares a marcas de entretenimiento
Durante la década de 2010, Evedesa dejó de verse como operador de bares para convertirse en constructor de marcas de entretenimiento. El cambio fue gradual, pero decisivo.

Matilde Lina, inspirada en el vallenato clásico, se consolidó como una de las discotecas más reconocidas de música tropical en Bogotá. África y Bambulé reforzaron el posicionamiento del grupo en la rumba crossover y latina, mientras 4:40 Music Hall apostó por la música en vivo, un formato menos común en la ciudad.
Ese crecimiento coincidió con la profesionalización del sector nocturno en Colombia. La creación de Asobares en 2004 y la regulación progresiva de horarios y seguridad empezaron a cambiar el panorama. Evedesa se adaptó a ese nuevo entorno con una lógica empresarial más formal: estandarización de operación, inversión en infraestructura y desarrollo de marca.
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Para finales de la década, el grupo ya no era solo un operador nocturno, sino un actor relevante del entretenimiento urbano bogotano.
Casa D y Casa Matilde: el salto al modelo replicable
El giro estratégico más importante llegó en los años recientes. Evedesa entendió que el futuro no estaba solo en abrir bares, sino en crear conceptos replicables.

Así nacieron dos de sus marcas más fuertes: Casa D y Casa Matilde. La primera evolucionó desde el antiguo Casa Despecho hacia un formato retro-musical que mezcla nostalgia, espectáculo y gastronomía. La segunda transformó el vallenato en experiencia escénica y culinaria, combinando restaurante y show musical.
Este modelo permitió algo que pocas empresas nocturnas colombianas habían logrado: expandirse fuera de Bogotá. Casa D llegó a Cartagena y luego a Miami, marcando la entrada del grupo al mercado internacional.
Evedesa: un negocio colectivo con liderazgo visible
Aunque Andrés González se volvió una de las caras más reconocidas del grupo, Evedesa nunca fue un proyecto individual. Desde su origen, la empresa se construyó como sociedad entre varios empresarios que aportaron capital, creatividad y gestión.
Bajo ese esquema colectivo, el grupo logró sostener operaciones durante casi dos décadas en un sector conocido por su volatilidad.

Hotel V Bar
De la noche a la industria
Hoy, Evedesa es uno de los conglomerados de entretenimiento nocturno más importantes de Bogotá, con marcas consolidadas, presencia en varias ciudades y miles de empleos generados en el sector gastronómico y de ocio. Algunas de ellas son Casa Matilde, Gyal, Furia, La casa de Donovan, Matildelina, Casa D (en varias ciudades de Colombia), Afrika y muchas más.
El camino no fue lineal. La empresa atravesó crisis económicas, cambios regulatorios y transformaciones del consumo nocturno —desde la digitalización hasta la pandemia—, pero logró adaptarse.
La clave estuvo en entender algo que Andrés González y sus socios vieron temprano: la rumba podía gestionarse como industria.
Eso implicaba inversión, marca, experiencia y operación estandarizada. Implicaba pensar en expansión y no solo en el bar del momento. Implicaba pasar de la improvisación al modelo empresarial.
La herencia de una apuesta
Dos décadas después de aquellos primeros bares, la historia de Evedesa muestra cómo un sector tradicionalmente informal puede transformarse cuando adopta lógica empresarial.
Andrés González fue uno de los arquitectos de ese proceso, pero no el único. Su aporte estuvo en llevar estructura a la intuición, gestión a la creatividad y escala a la experiencia.
El resultado es colectivo: una red de marcas, una presencia internacional emergente y un modelo de entretenimiento que ayudó a redefinir la noche bogotana.
Porque, en el fondo, Evedesa no nació de un solo empresario ni de una sola idea brillante. Nació de varios socios que decidieron que la fiesta también podía planearse como empresa. Y de uno que ayudó a convertirla en industria.
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