Centrismo político, una opción válida

"Este es el camino más claro y expedito hacia el desarrollo y la paz nacional"

Por: César Augusto Curvelo Beleño
marzo 29, 2021
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Centrismo político, una opción válida

Asistí, por carambola, a la presentación del libro La tercera vía, un suceso cultural realizado en el Club El Nogal, de Bogotá, por allá en 1999. Un vinculado a la casa de publicaciones Aguilar supo de mi afición a escribir por mi libro de cuentos El revolcón del Paraíso, impreso en la ciudad capital por la Editorial Lerner. De tal manera que el tipo consideró darnos, a mí y a un amigo, sendas tarjetas de entrada para el acontecimiento mencionado, puesto que él tenía el par y no las iba a utilizar. Ni cortos ni perezosos, el compañero y yo aceptamos la grata invitación, y decidimos concurrir con nuestros mejores enteros y corbatas al evento de alto turmequé.

Creo pertinente recordar aquí una frase del economista, escritor y académico caribeño José Consuegra Higgins: “a un libro no se le hace lanzamiento, se le hace presentación”. Eso de lanzamiento, tan normal por aquí, es como si se tirara el libro a la quinta porra. Por eso reitero con precisión: asistí a la presentación de un libro. Ojalá este consejo semántico lo escuchen los “lanzadores” de libros y revistas.

La obra mentada en un principio consta de dos ensayos. Uno es Una alternativa para Colombia, de Juan Manuel Santos, en ese entonces un desempleado más, según sus propias palabras. La segunda parte es Nuevas políticas para un nuevo siglo, del exprimer ministro inglés Tony Blair.

Llegado el día y la hora, el amigo y yo arribamos muy cumplidos a la entrada del lujoso salón asignado para el efecto. Unas sonrientes chicas promotoras de la editorial vendían el libro, así que saqué la cartera y, de chan con chan, compré un ejemplar.

Entramos y ahí se encontraban los expresidentes Belisario Betancur y Julio César Turbay con su esposa Amparo Canal, lo mismo que Horacio Serpa Uribe y el entonces senador Édgar Perea Arias, el mismísimo Campeón, entre las personalidades asistentes.

Una anécdota. Terminadas las intervenciones protocolarias y dada por consumada la presentación formal, aparecieron empleados del club que comenzaron a repartir copas de whisky a diestra y siniestra. De inmediato los concurrentes tornamos a darnos los petacazos del caso y a entablar intercambios de opinión.

El amigo con quien fui, Édgar Arias, me dijo que nos acercáramos al señor Santos Calderón y le pidiéramos que autografiara el libro que había comprado. De una, en par patadas, llegamos donde él estaba. Santos nos sacó de taquito diciéndonos, en voz baja, que si él autografiaba el libro vendrían otros por la misma gracia y él no estaba para eso.

Nos alejamos y sirvieron otra tanda de escocés que tomamos en un dos por tres. De nuevo mi amigo y yo nos llenamos de ánimo, y fuimos por segunda oportunidad donde el tipo Juan. Ya al segundo trago lo veíamos como un camarada más. La bebida es así. Y nada. Nos hizo un driblin estilo Luis Fernando Muriel y nos dejó viendo un chispero.

Por tercera ocasión aparecieron los exquisitos elíxires de Baco y mi amigo Édgar y yo, ya de insistentes y testarudos, nos aproximamos donde Juan. Este miró a los alrededores como verificando que no hubiera moros en la costa, cogió el libro escondiéndolo un poco con su cuerpo, sacó un estilógrafo y le estampó una firma de color verde en la primera página, esa que a manera de protección por lo regular está en blanco.

Quizás fue la influencia ideológica de su corriente alterna lo que hizo que, ya de primer mandatario, a Santos se le metiera en la cabeza lo de alcanzar un acuerdo con las Farc, cosa que logró y que le mereció el premio Nóbel de la Paz en 2016.

Ahora sí, hablemos de esa bendita tercera vía, o sea lo que fuere que se tiene como centro, que en lo económico es una mezcla de capitalismo y socialismo.

El centrismo se enfoca en darle contentillo tanto a los de un lado como a los del otro, en la medida de lo posible y obedeciendo a circunstancias de gobernabilidad: una participación más bien de tipo nacional en los altos cargos, una reforma tributaria estructural que apriete allá y afloje aquí; un recorte estratégico al endeudamiento público sobre determinados rubros y un redireccionamiento del presupuesto nacional a temas prioritarios, que podrían ser educación, producción de alimentos, salud y seguridad; un llamado a la cordura en las conflictivas discordancias internacionales; y en fin, tratar de poner en la misma mesa a tirios y troyanos en asuntos cruciales.

Para los criticones maniqueos solo existen los extremos. Según ellos, esto del centro es un embeleco. Eso se debe a que a veces al antiextremismo se le pegan hasta las garrapatas. Incluso hay populistas lenguas viperinas que hablan de “extremo centro”. En este desorden conceptual, una derecha moderada puede autoproclamarse de centro-izquierda, lo cual es contradictorio. Pero, como todos sabemos, esa es una forma característica de hacer politiquería de los “centramposos”, “centruculentos” y “centruhanes”. Para ellos lo incoherente está a la orden del día y, si se trata de confundir más a los incautos, aparecen raudos a tirar sus varillazos. La verdad es que me tiene un poco “centristecido” eso de que cojan las vías alternas como trapos de cocina o taller mecánico.

Sucede que, a mi humilde parecer, solo el centrismo, un verdadero centrismo, es el camino más claro y expedito hacia el desarrollo y la paz nacional. El que crea que puede ampliar esto, por lo menos en su interpretación de las relaciones productivas, debe conseguir y leerse uno de los tantos libros de historia de las doctrinas económicas, ya sea el de René Gonnard, el de Charles Gide y Charles Rist, el de Oreste Popescu, el de Eric Roll o el de Nicolai Karataev, Natalie Ryndina y Sergey Stepanov. En una buena biblioteca los puedes encontrar. O en portales virtuales de venta de pago en línea y entrega a domicilio. En este último caso, la cuestión es que exista la centrada y feliz convergencia de contar con el “te-vi-llegar” disponible y tener la alegría de leer.

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