Centralismo chocoano, mafias y clanes

La política ha sido dominada en el departamento por poderosos grupos del Atrato y San Juan, y ahora por organizaciones de Medellín, Cali y Buenaventura

Por: José E. Mosquera B.
julio 10, 2018
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Centralismo chocoano, mafias y clanes
Foto: quibdo-choco.gov.co

El modelo de desarrollo centralista ha generado profundas desigualdades en el país, debido a que las grandes decisiones políticas sobre el desarrollo económico e industrial se concentran en la región andina —rica y poderosa—, mientras que la pobreza y las desigualdades se concentran en las regiones de la periferia: costa atlántica y pacífica, la orinoquía y la amazonía.

En efecto, somos una nación profundamente desigual, producto de nuestro modelo de desarrollo y planeación centralista y excluyente. Este se replica con los mismos paradigmas en los territorios cercanos a las capitales de los departamentos, donde se concentran los poderes políticos y económicos, mientras la pobreza y la exclusión continúa en la periferia de los departamentos.

El Chocó no es una excepción dentro del endémico centralismo, también se práctica sin pudor. En el Chocó desde el siglo XX el poder político ha sido dominado por las élites de sus dos principales provincias: Nóvita (San Juan) y Citará (Atrato). Provincias que a partir del siglo XX se denominan Atrato (Quibdó) y San Juan (Istmina). De hecho, desde hace dos siglos se practica una exclusión sistemática del poder en contra de las personas nacidas en las regiones de la periferia chocoana como el Baudó, Costa Pacífica chocoana, el Darién chocoano y de los municipios del Carmen de Atrato y San José del Palmar.

Un tema que poco se habla cuando se hace referencia a la discriminación del hombre chocoano en el contexto nacional. Sin embargo, las élites políticas desde hace dos siglos practican una política de discriminación en el acceso al poder en contra de los ciudadanos de las regiones de su periferia regional, una discriminación idéntica a la que condenan cuando se refieren al poder central de la nación.

En el siglo XIX, el poder político del Chocó fue controlado desde Popayán y Cali, pero en el plano regional fue dominado por las élites de Nóvita (San Juan) y Citará (Atrato). Una política regional dominada por dos poderosos clanes políticos. Uno por los conservadores, liderado por los expresidentes conservadores, Manuel María Mallarino y su sobrino Carlos Holguín Mallarino, Octavio Hurtado, Pompeyo Guzmán, entre otros. El segundo por los liberales radicales, en cabeza de Nicomedes Conto Pontero y su hijo César Conto Ferrer, Salomón Poso, Eduardo Ferrer Lora y Leoncio Ferrer, entre otros.

A partir de 1905, el panorama político cambió con la creación de la intendencia, el Chocó quedó dependiendo políticamente de Bogotá y Antioquia, dado que para ser electo congresista por el Chocó tenía que ser mediante la circunscripción electoral de Antioquia. Por eso los primeros intendentes fueron bogotanos, vallunos, antioqueños, caucanos y costeños. Pero a partir del segundo decenio fueron exclusivamente controlados por las élites políticas de noviteños y atrateños. Igualmente sucedió en el control de la representación parlamentaria de 1905 a 1930. Estuvo bajo el dominio de clanes políticos de Nóvita (San Juan) y Atrato (Quibdó), dominados por liberales como Delfino Díaz Ruiz, Leoncio Ferrer, Emiliano Rey Barbosa, y por conservadores como Guillermo Octavio Hurtado, Manuel Gregorio Salazar, Reinaldo Valencia Lozano y Jorge Valencia Lozano.

De 1916 a 1974, las multinacionales mineras British Platinum & Gold Corp y la Chocó Pacífica, filial del emporio minero norteamericana International Mining de Nueva York, estructuraron a través de sus redes de empresas un enorme poder económico que pusieron a sus servicios al poder político del Chocó. Fueron junto con los empresarios y comerciantes nativos, sirios libaneses y cartageneros los principales financiadores de los políticos chocoanos.

En 1930 surgen los primeros líderes políticos negros que llegan al Congreso en nombre del liberalismo y el conservatismo chocoano. En consecuencia, cambia el panorama político con el ascenso al poder de nueva clase dirigente que reemplazó a las élites mulatas, descendientes de comerciantes y esclavistas de Nóvita y Citará que habían controlado el poder desde el siglo XIX.

Una nueva élite política que estructuró varios clanes políticos con sus ramificaciones dominó el poder regional durante el resto del siglo XX. Clanes que acentuaron el monopolio del poder de las élites del Atrato y el San Juan, con ejes en las poblaciones de Quibdó, Istmina, Tadó y Condoto. En el liberalismo surgió el clan de Sergio Abadía Arango y de los hermanos Dionisio Echeverri Ferrer y Ricardo Echeverri Ferrer, el cual representó la derecha liberal de Eduardo Santos en el Chocó, con dominio electoral en el San Juan.

El segundo clan del Atrato, liderado Adan Arriaga Andrade, Ramón Lozano Garcés y Leopoldino Machado, el cual representó la izquierda Liberal de Alfonso López Pumarejo en Chocó. Clan que se dividió en 1946, cuando Lozano Garcés, creó su propio movimiento político que más adelante, originó dos vertientes políticas liberales: el lozanismo y el machadismo.

El arriaguismo y el machadismo desaparecieron y actualmente perduran tres fracciones del clan Lozano. Un grupo orientado por Melania Valois Lozano y los movimientos de Integración Regional MIR, dirigido por exparlamentario, Edgar Eulises Torres Murillo y Movimiento Símbolo y Esperanza, liderado por los hermanos, el excongresista Odín Sánchez Montes de Oca y el exgobernador Patrocinio Sánchez, grupo político conocido como el Clan Sánchez Montes de Oca.

El tercer clan fue liderado por el atrateño, Diego Luis Córdoba con coequiperos del Atrato, Alfonso Meluk Salge y del San Juan Aureliano Perea Aluma y Ramón Mosquera Rivas, con el ropaje de Acción Democrática Liberal cordobista, conocido en el argot político como el Clan de Neguá. Su líder Córdoba divagó entre el liberalismo y el socialismo, dado que no tuvo una marcada cercanía política con las dos grandes casas liberales en los años 30. Actualmente este grupo político controla parte de la política chocoana. En el partido conservador surgieron dos clanes: los ospinistas, liderados por los atrateños, Eliseo Arango Ramos y Manuel Mosquera Garcés, entre otros; y los laureanistas en el San Juan por Osias Lozano Quintana, Daniel Valois Arce, entre otros.

Esta elite política como la anterior estuvo bajo la zaga del poder económico de la compañía minera Chocó Pacífica y sus redes de empresas filiales. Por eso inicialmente fueron frecuentes los enfrentamientos entre Diego Luis Córdoba, Sergio Abadía Arango y Adán Arriaga Andrade. El primero crítico de la penetración del capital norteamericana y los otros defensores, pero Córdoba sucumbió cuando se asoció con la Chocó Pacífico a través de su filial Minas de Neguá. El clan político de los Lozano que surgió de las luchas en contra de las multinacionales mineras gringas con el proceso de colombianización del oro en el decenio de los años 70 del siglo XX, entregó las banderas antiimperialista que enarboló y firmó su claudicación con el apoyo a la farsa de la nacionalización del oro.

La élite política de los años 30 del siglo XX fue reemplazada por una nueva elite que acentuó el dominio político de los poderes del Atrato y el San Juan. Elites que estuvieron marcada con el fin de la hegemonía del poderío de la compañía Chocó Pacífica y el surgimiento de las mafias del narcotráfico, que propiciaron que la política chocoana entrará un nuevo ciclo de dependencia económicas de las mafias de Antioquia y el Valle, y desde luego de sus propios emporios de corrupción regional.

Entonces, surgieron por el Atrato, líderes liberales como Jorge Tadeo Lozano Osorio,  heredero del político de su padre Ramón Lozano, Diego Córdoba Zuleta, heredero del movimiento político de su padre, Diego Luis Córdoba, Antonio Maya Copete y Fernando Martínez, entre otros.

Por el San Juan del clan de Neguá, Aureliano Perea Aluma, Daniel Palacios Martínez, entre otros, con una salvedad que por primera vez, surgieron líderes liberales por el Pacífico Reyes Murillo Sánchez, Nicanor Mena Perea y por Darién chocoano Víctor Ariza Prada. Por el conservatismo, los atrateños, Ricardo Eleazar Valencia, Manuel Barcha Garcés (alvarista), Ismael Aldana Vivas (patranistas). Por el San Juan, los alvaristas Osías Lozano Díaz, Libardo Arriaga y los hermanos Julio y Antonio Copete Murillo entre otros.

En el decenio de los años ochenta del siglo XX, el dominio de la política regional surgen otra élite política con figuras liberales en el Atrato del Clan de Neguá como Augusto Cicerón Mosquera Córdoba, William Halaby Córdoba, Darío Córdoba Rincón, Francisco Wilson Córdoba y Carlos Escobar Córdoba. Herederos del Clan Lozano como Odín Sánchez Montes de Oca y Patrocinio Sánchez. Por el San Juan las dos figuras más visibles del Clan Lozano Edgar Eulises Torres y Luis Gilberto Murillo. En el caso de los conservadores entraron en un plan de extinción como grupo político hegemónico.

Una élite política que obedeció a los mismos patrones políticos anteriores. Por lo tanto, enarboló las banderas de discriminación contra los políticos de la periferia regional. Las financiaciones económicas de sus campañas políticas fueron provenientes de un poderoso círculo de las mafias del narcotráfico, el paramilitarismo de Antioquia y el Valle, especialmente de Buenaventura y de sus emporios de corrupción regional en las entidades públicas.

De allí que la gran mayoría de aquellos líderes tienen condenadas por delitos contra la administración pública y por nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico. Por la incidencia del narcotráfico por primera vez, en las elecciones de hace cuatro años se rompió ese monopolio con las elecciones de los dos representantes a la Cámara por el Chocó de la región del Baudó, José Bernardo Flórez Asprilla y Nilton Córdoba Manyoma, un fenómeno ligado a los efectos de las mafias en la política chocoana desde Medellín, Cali y Buenaventura.

Un monopolio del poder que se replica en el control del cargo de gobernador del departamento: de los 65 gobernadores que ha tenido el Chocó, de 1947 al 2018, 53 han sido atrateños y sanjuaneños; 10 foráneos y solo 2 de la periferia regional, 1 de la costa Pacífica (Nicanor Mena Perea) y otro del Darién chocoano (Víctor Ariza Prada). Cabe decir que no se registra ningún líder del Baudó o de los municipios del Carmen del Atrato y San José del Palmar. Tal como pinta el panorama político en las próximas elecciones se vislumbra que continuará el mismo dominio del Atrato y San juan. Los mismos con las mismas, sino se produce un remezón político con un líder del Pacífico o del Darién chocoano que aspire a la gobernación del Chocó.

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