La patinadora Luz Mery Tristán se convirtió en la primera colombiana en ganar un campeonato mundial, al imponerse en los 5.000 metros a puntos. Fue en 1990. Después vinieron otras competencias y medallas de oro nacionales e internacionales. Los títulos la pusieron en la cima del deporte del país y la convirtieron una de las deportistas más queridas por los colombianos.
Cuando terminó su carrera se retiró para formar una familia con su esposo, Joaquín Mario Valencia, quien fue capturado en 2003 y extraditado un años después a Estados Unidos, por narcotráfico. Ese primer matrimonio se acabó y tiempo después de la separación, conoció a Andrés Gustavo Ricci García, un empresario del sector de las llantas y buenas relaciones sociales y laborales en Cali. Lo que en público era una pareja armoniosa se convirtió en privado en una relación tormentosa de peleas y de celos por parte de él.
Un celópata que controlaba, espiaba y agredía
El juicio logró establecer que Ricci controlaba a Tristán en cada detalle de su vida diaria. Vigilaba sus comunicaciones, sabía qué hacía cada día y le exigía explicaciones por cada persona con la que hablaba. Ella cambiaba de número de teléfono con frecuencia para evitar llamadas que él pudiera tomar como motivo de reclamo.
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Debía mostrarle sus conversaciones de WhatsApp y hacerle videollamadas para probar dónde estaba. Personas cercanas a la pareja declararon en el proceso y describieron esas escenas de control. Por su parte, los magistrados las tomaron como parte de un ciclo de violencia física y psicológica que precedió a la muerte. Por eso concluyeron que lo ocurrido en la madrugada del 5 de agosto de 2023 no podía analizarse como un hecho aislado.
Esa noche, entre el viernes 4 y el sábado 5, Ricci llegó a la casa que compartía con la patinadora en la comuna 19, en la vía que lleva al famoso cerro de Cristo Rey. Llegó borracho y en compañía de un amigo que poco tiempo después se fue.
Según la reconstrucción, fue entonces cuando empezó la discusión con Tristán, en una habitual escena de celos. La pelea escaló. Ella corrió y logró encerrarse en una de las habitaciones. Ricci disparó cuatro veces contra la puerta. Uno de los proyectiles alcanzó a Tristán.
En ese momento, la patinadora murió. Él no pidió ayuda. Se quedó en la casa y siguió tomando whisky. El cuerpo de ella había quedado detrás de la puerta: su peso impedía abrirla. Ricci no pudo entrar a la habitación ni sacarla de allí. El cuerpo sin vida de Tristán permaneció en ese lugar hasta el día siguiente.

Cuando llegaron los funcionarios del Cuerpo Técnico de Investigación y de la Policía Metropolitana de Cali, encontraron a Ricci con un arma en la mano y el cuerpo de la deportista en la habitación. En la vivienda había seis armas más, cuatro de fuego y dos traumáticas.
Fue feminicidio, no suicidio como aseguró el culpable del asesinato
Ricci negó siempre el homicidio. Dijo que Tristán había manifestado su intención de quitarse la vida, que él había intentado impedirlo y que el disparo se produjo en medio de ese forcejeo. Era una versión que convertía la muerte en un suicidio o en un accidente.
Por su parte, la Fiscalía la desmontó con las pruebas reunidas en la casa. La necropsia no encontró lesiones autoinfligidas ni nada que sugiriera que ella hubiera intentado hacerse daño. El perito Eduar René Gracia examinó las armas incautadas y estableció que una de ellas, la que Ricci tenía en su poder cuando fue capturado, era compatible con uno de los orificios de la puerta de la habitación y con la trayectoria del proyectil que impactó a Tristán.
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Otro perito explicó que la lesión en uno de sus ojos correspondía a un golpe de mucha fuerza y que las heridas en los nudillos podían ser producto de maniobras de defensa ante un agresor. Los jueces entendieron entonces que hubo una confrontación violenta antes del disparo y que la hipótesis de la defensa no explicaba ni la escena ni las lesiones.
A Ricci también le hicieron exámenes toxicológicos después del crimen. En su orina aparecieron cocaína y alcohol. Se conoció, además, que había pasado antes por un proceso de rehabilitación en Cuba por el consumo de sustancias.
Los jueces no usaron esos datos para fijar por sí solos su responsabilidad. La condena se apoyó en el conjunto de las pruebas: el contexto de violencia, los testimonios, los hallazgos forenses, la escena, el arma y las contradicciones de su explicación.
En febrero de 2025, un juez de Cali lo declaró responsable de feminicidio agravado y de porte ilegal de armas. Un mes después lo condenó a 45 años y nueve meses de prisión. Ricci fue enviado a la cárcel de Picaleña en Ibagué, en el Tolima. Su abogado, Álvaro Díaz Garnica, apeló la sentencia. El caso pasó entonces al Tribunal Superior de Cali.

La segunda instancia llegó el lunes pasado. El Tribunal confirmó la condena por feminicidio agravado y redujo la pena a poco más de 41 años. La rebaja no se debe a una duda sobre la responsabilidad de Ricci. Se debe a que la propia Fiscalía pidió excluir el delito de porte ilegal de armas, después de que quedó acreditado que el empresario tenía vigente el salvoconducto de la pistola con la que mató a Tristán.
Al desaparecer dicho delito, desapareció también la parte de la pena que le correspondía. Los cuatro elementos centrales de la sentencia se mantuvieron: el contexto de violencia y control, la prueba balística que ligó el arma con el disparo, el descarte del suicidio y los hallazgos que mostraron que Tristán fue golpeada antes de morir.
Para el delito de feminicidio no hay rebaja de pena. Ricci pasará más de 41 años en prisión. La defensa ya anunció que volverá a apelar. Buscará que la Corte Suprema de Justicia, por la vía de la casación, lo libre del delito de feminicidio o al menos de que no sea considerado agravado.
Valeria Tristán, la hija de la deportista, dijo cuando se conoció la primera sentencia que para la familia el fallo era una victoria, pero que nada iba a devolverle a su mamá, una estrella del deporte que luego de tantos años volvió ser portada de diarios y revistas, pero esta vez como la víctima de un atroz crimen en su propia habitación, cometido por el hombre que, según ella, la amaba.
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