Carta abierta al magisterio colombiano

A propósito de la evaluación diagnóstico formativa

Por: Comité Departamental del Sindicato del Magisterio de Nariño -Simana-
septiembre 14, 2015
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Carta abierta al magisterio colombiano
Foto: tomada de internet

Joseph Goebels fue el ministro de propaganda alemán, durante la instauración del Nacional-Socialismo. A él, debemos el principio de orquestación: el control ideológico, desde la propaganda política (y en este caso también educativa) debe limitarse a la repetición incansable de un número pequeño de ideas, presentándolas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre concluyendo los mismos principios que se quieren imponer. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".

Dirigiéndose a los educadores colombianos, el ejecutivo nacional de la Fecode y los miembros de las juntas departamentales, entre ellas Simana, en diferentes escenarios de locución, han hecho y seguirán haciendo uso del principio de orquestación: presentar a los nuevos instrumentos de la evaluación de ascenso en el escalafón y de reubicación salarial como conquista gremial y la revolución necesaria para la dignidad del magisterio. Nuestra tarea, como protagonistas de esta evaluación, será, entonces, detectar cuáles son los argumentos en los que se sostienen estos nuevos instrumentos.

Creemos, firmemente, que son dos los pilares que sostienen la defensa de esta evaluación: la necesidad inútil de seguir llamándole éxito al fracaso y la instauración de una policialización de la educación. El nuevo modelo de evaluación docente necesita pensarse desde estos dos referentes: el discurso del fracaso y la política de fiscalización, control y dominio del ser de la educación.

Por la denominación de éxito al fracaso, entendemos el discurso repetitivo, vacío, carente de sentido e incoherente con la realidad educativa, que han utilizado quienes votaron a favor y defienden este modelo de evaluación docente. Discurso que se ha acompañado de agresiones –física y verbal-, señalamientos, evasivas a atender debates, de quienes defienden este modelo, contra quienes han y hemos sentado una posición crítica. Esta falta de comprensión a plenitud sobre las consecuencias de cada instrumento que comprenden la nueva evaluación diagnóstico-formativa está acompañada de un llamado al silencio cómplice, al cállese, a la sumisión. Quienes levantan la voz han sido tildados de paralelismo sindical, sin darse cuenta que quienes lo realizan son quienes, en junta nacional, se olvidaron de su ser educador para votar a favor del acta de acuerdos, siguiendo las directrices de su movimiento político.

Para entender cómo se ha instaurado la política de la fiscalización y del control, baste recordar que, como una consecuencia de los pésimos resultados de las pruebas internacionales, Colombia no ha logrado pertenecer a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico –ocde-. Y que el Estado Colombiano, en cabeza del MinEducación, ha dispuesto un conjunto de acciones para propagar una política educativa que responda a estos intereses de inclusión internacional. Entre ellas, la estandarización y evaluación de todos los procesos escolares, pedagógicos y educativos, haciendo eco a algunas recomendaciones que la Fundación Compartir e Isabel Segovia, bastión de la reflexión educativa y pedagógica en este país, han concluido de sus estudios: primero, reconocer que a los educadores colombianos se les debe mejorar sus condiciones salariales, y, segundo, que estas mejoras deben estar sujetas a los resultados mostrados por las instituciones educativas.

El diálogo de estas dos conclusiones permitió diseñar un nuevo modelo de ascenso y reubicación salarial para los profesores de la educación básica y colombiana. Modelo que ha sido aplaudido por el ejecutivo nacional de la Fecode y algunas juntas departamentales, entre ellas la del Simana. Nosotros comprendemos que la evaluación, en su espíritu, es necesaria para toda praxis humana, para reconocerse en sus fortalezas y debilidades; pero también creemos radicalmente que esta evaluación docente diagnóstica-formativa es nociva para el horizonte educativo de este país. Una catástrofe equiparable al acto legislativo 001 de 2001.

¿Por qué? Primero, porque el magisterio perdió la oportunidad histórica de fortalecer sus centros de investigación institucionales, como lo habíamos solicitado varios maestros, cuando pensábamos un modelo de ascenso y reubicación salarial ajustado a la producción académica, cultural, artística y científica de sus educadores.

Baste mirar hoy como el Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de la Federación –Ceid- ha desplazado sus debates históricos, aquellos que dieron luz al movimiento pedagógico, para ser mercaderes de técnicas en producción de vídeos audiovisuales. Eso no es serio. Este Centro no puede quedar reducido a la nimiedad del vídeo, descuidando el debate sobre el horizonte educativo.

Segundo, porque cada uno de los instrumentos diseñados en esta evaluación es pernicioso:

  1. El video permite recuperar la metáfora del Gran Hermano, donde cada actuar educativo queda reducido a un ojo que todo lo ve: el del Estado. La bondad que el ejecutivo nacional de la Fecode ha querido mostrar reside en que los educadores repitamos incansablemente esta grabación, hasta que quedemos contento con el resultado. Estas prácticas de simulacro no evidencian un actuar real del quehacer docente. Por ejemplo, ¿qué pasaría si usted decide filmar una clase donde proyectó un vídeo o una clase donde utilizó computadores? El argumento del ejecutivo nacional de la federación, en palabras sinceras, se llama mediocridad del actuar docente.
  2. La evaluación de pares: ¿qué argumento moral aplicaría usted para evaluar el trabajo de su compañero? ¿Qué argumento pedagógico? No sólo es humillante ser supervisado por un compañero educador sino que perfectamente puede quedar reducido al chantaje laboral. El argumento del Ejecutivo Nacional radica defiende la postura del dejar hacer y dejar pasar–principio fundante del capitalismo inglés-. No olvidemos también que contra este principio, los educadores oficiales de este país tenemos una regulación de nuestro actuar que se llama Código Disciplinario Único.
  3. Autoevaluación: los países donde se ha aplicado esta autoevaluación llegan a una conclusión: no es honesta. Un educador no está en capacidad de autoevaluarse a sí mismo, si tiene la presión de una mejora en sus condiciones económicas. Escuche, una vez más, el argumento del Ejecutivo Nacional: todos los educadores deberán evaluarse con el puntaje máximo. ¿dónde queda su capacidad de autocrítica, su capacidad de reflexionar su práctica? Lo propuesto por el ejecutivo nacional se llama deshonestidad.
  4. Promedio de las dos últimas evaluaciones de desempeño: la evaluación de desempeño fue creada con el fin de medir el comportamiento y funcionamiento de un educador colombiano, en cuatro áreas de gestión. Usted sabe que esta evaluación de desempeño encierra un carácter punitivo en su interior, con el cual se amenaza la estabilidad laboral de los educadores. Y usted también sabe que estas evaluaciones han sido utilizadas como medios de control y manipulación educativa. ¿Se imagina que pasará ahora que esta evaluación no sólo estará en función de su estabilidad laboral, sino que también de ella depende un mejoramiento en su situación económica? Lo paradójico del asunto es que múltiples veces, durante los años 2013 y 2014, pedimos al Ejecutivo Nacional que la evaluación de desempeño no fuese uno de los instrumentos a tener en cuenta en un modelo para el ascenso y la reubicación salarial.
  5. Encuesta aplicada a estudiantes: Imagínese que pasará si los estudiantes tienen el poder de evaluarlo. No queremos ni contarle.

Los educadores tenemos un compromiso que asumir: salvaguardar el legado de la Fecode y para eso se necesita la renovación urgente de la junta departamental del Simana y el comité ejecutivo nacional de la Federación. Estamos hablando de dos acciones concretas: la primera, que en la próxima asamblea de delegados, a realizarse en octubre de este año, no se reviva la posibilidad de reelegir a ningún candidato de la junta departamental; la segunda, que para las elecciones de la junta departamental, a realizarse en el 2016, no se elija a ningún educador recomendado por los miembros de la actual junta, así éste esté nombrado por el decreto 1278.

También, el proyecto de renovación sindical exige que quienes son o fueron representantes de la junta departamental y del ejecutivo nacional regresen al aula de clases. Son múltiples los casos de representantes que están aspirando a una curul en un concejo municipal, una asamblea departamental, una alcaldía o una gobernación; e, incluso, quienes no optan por estos cargos de elección popular sino por los cargos de elección sindical, como los comités ejecutivos de la Central Unitaria de Trabajadores –cut-. Los representantes sindicales son educadores: su lugar es el aula de clases. Deben volver a las instituciones.

Por último, compañeros/as, el Comité Departamental 1278 está organizando un foro para hablar sobre este nuevo modelo de ascenso y reubicación salarial. Esperamos que ustedes nos acompañen. Se necesita escuchar otras voces, más allá del monologo instaurado por el ejecutivo nacional de la Fecode y la junta departamental del Simana. Como la fecha aún no está programada, solicitamos estar atentos a este llamado. Con ustedes, con nosotros, luchando hombro a hombro, podemos devolverle la dignidad y el rostro histórico a nuestra federación. El foro no es una respuesta reactiva, es una emergencia necesaria. Y tendrá que ser permanente. Es un imperativo vital para el horizonte de la educación.

Con aprecio,

Comité Departamental 1278  del Sindicato del Magisterio de Nariño –Simana-

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