Capitalismo, sevicia contra la mujer

"Este sistema ha ido degradando el honroso papel de la mujer, reduciéndola a simple desfogue sexual, a estrictas labores domésticas, a objeto de ultraje permanente"

Por: Alberto Palmarrosa Inciarte
marzo 11, 2021
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Capitalismo, sevicia contra la mujer

El ocho de marzo innegablemente hay conmemoración y celebración por el día de la mujer, delineado a la perfección por el sector del comercio, aupado con gran difusión por los medios de comunicación, que, te resalta y entrevista a aquellas mujeres “destacadas” en la marejada y exclusiva vida burocrática, para pocas mujeres, que se hacen tan evidente en la sociedad, por la exclusividad que la sociedad burguesa da a los hombres para la opción de cargos de responsabilidad en la conducción del Estado Burgués y capitalista.

Se está generando una confusión en el país para eximir la responsabilidad exclusivamente del Estado en la propagación de la violencia contra la mujer, los grandes medios de comunicación hacen su trabajo, señalando y enseñando a señalar, que el hombre, como individuo, es el responsable únicamente de la violencia contra la mujer. Eso es como buscar el muerto río arriba, o, la fiebre en la sábana, o como el asaltante cuando se ve perseguido también grita: agárrenlo, para crear la confusión y salvarse. Así hace el Estado burgués, regido por hombres y mujeres, y el régimen de producción capitalista.

Una de las características fundamentales de la sociedad capitalista donde impera el régimen de producción capitalista es la máxima ganancia. Incluso la ganancia extraordinaria: la plusvalía, producto del plus trabajo, o, trabajo sobrante. Innegablemente que el hombre por sus condiciones físicas, o fuerza de trabajo, para los objetivos nada humanísticos del capital ofrece mejores condiciones para la superexplotación de estos países atrasados; la mujer participa muy poco en la producción, desplazada a labores domésticas, bajo el dominio de hombres domesticados como machistas y eso genera la violencia intrafamiliar. Es que hombres y mujeres somos víctimas de esta sociedad, las mujeres en mayor grado.

Este ocho de marzo me paseé por todo el dial de mi radio, escuché entrevistas a mujeres que resaltan por ostentar cargos burocráticos, o parlamentarias, que son pocas; pero, sobre las madres comunitarias que son miles cayó un horrible y vulgar acto de omisión a su grave situación laboral que a estas alturas aún no han sido contratadas por el Icbf. Y que contraste, las mujeres de los potentados se visten de gala, con trajes de alta costura, vestidos de casas exclusivas como Zara, por ejemplo. Belleza de vestidos para mujeres bellas, pero esos vestidos llevan en sus costuras la horrible y humillante explotación de millones de mujeres costureras hacinadas en maquilas en las que escasamente le pagan para mal comer una vez al día.

Millones de campesinas e indígenas de Colombia y América Latina no son más que parte de la prolongada y extenuante jornada de trabajo de sus maridos, trabajo que no le es remunerado. Las campesinas no tienen pensión, lanzadas a morir en el lastre de la miseria. Esta sociedad capitalista va degradando el honroso papel de la mujer, reduciéndola a simple desfogue sexual, a estrictas labores domésticas, a objeto de ultraje permanente, etc. Con la aparente judicialización del feminicidio también se oculta la general política de violencia que existe contra la mujer en esta sociedad.

Hombres y mujeres debemos de caminar juntos por la senda libertaria, en la búsqueda, que es posible, de una sociedad justa e igualitaria, tenemos que traspasar el umbral de la resistencia por la lucha progresiva, uniéndonos todos los trabajadores, demócratas, progresistas, contra el duro flagelo del capitalismo. No nos dejemos dividir entre hombres y mujeres, somos la humanidad; tenemos que librarnos de las cadenas oprobiosas de la indiscriminada explotación de un reducido grupo de hombres y mujeres contra la inmensa masa de hombres y mujeres pobres. A los míseros ricos no les conmueve la dolorosa vida que llevan los que ellos han desposeído de su riqueza: el trabajo.

Y cómo no felicitar el ocho de marzo a ese inmenso ejército de mujeres que empiezan a comprender que el futuro de ellas y su prole está en la lucha unitaria por una sociedad donde todos quepamos como iguales. Claro que será una lucha ardua, pero al fin y al cabo victoriosa con la imprescindible participación de la mujer.

Viva el combativo ocho de marzo.

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