Cano murió. ¡Viva Timochenko!

¿Sabía Santos que una vez muerto Cano su lugar en la dirección guerrillera lo ocuparía inmediatamente una persona sin el mismo arraigo y autoridad sobre las bases?

Por: Alberto Pinzón Sánchez
Abril 25, 2018
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Cano murió. ¡Viva Timochenko!

Aún recuerdo aquel 23 de febrero de 2011 en Buenos Aires, Argentina, cuando en un cuarto aledaño del hotel donde se realizaba el nutrido y abigarrado “Encuentro Internacional Haciendo la paz en Colombia”, convocado por la organización “Colombianos y colombianas por la paz”, nos encontramos reunidos Mark Chernick, Atilio Borón, Iván Cepeda, Francisco Tolosa, Javier Calderón (escribano) y yo, discutiendo la redacción del comunicado final del citado encuentro realizado durante los tres días anteriores.

No hubo dificultades insalvables en su redacción salvo algún adjetivo, que Javier hábilmente supo corregir. Al final le dimos gusto a Iván Cepeda poniendo la sentencia de Mahatma Gandhi: “No hay caminos para la paz. La paz es el camino”.

Estábamos optimistas, quizás un poco eufóricos, después de haber escuchado tal número de ponencias sobre la posibilidad real de encontrar una Solución Política al conflicto interno de Colombia y haber recogido los aportes de las enriquecedoras discusiones allí dadas, muy a pesar de las noticias agoreras y premonitorias sobre la vida del comandante Alfonso Cano dadas por Iván Cepeda, a quien días antes en Viena se lo había comunicado el embajador de Colombia en Austria, el conocido y cuestionado general Padilla de León, autor del plan militar “Odiseo” destinado a “neutralizar” al entonces comandante de las Farc-EP, y, de la inquietante noticia que León Valencia, uno de los ponentes del encuentro, que ese día nos confirmó, ya realizada:

“Están comprobando si el cadáver hallado después del bombardeo es el de Alfonso Cano”, nos había dicho a Omar García Alzugarate y a mí; nueve meses y pico antes de su verdadera ejecución. Tiempo más que suficiente para no coger a ningún soldado desprevenido.

Hoy, he recibido de parte de Lisandro Duque, en dos disquetes y con una dedicatoria especial el audiovisual que realizó sobre el comandante Alfonso Cano. Lo asumí como un regalo valioso para dejar testimonio de nuestro encuentro durante cuatro años en los claustros del departamento de Antropología de la U Nacional de Bogotá, en donde ambos compartimos pupitre universitario con Alfonso Cano y con algunas de sus ideas de redención social.

Pero también hoy, viendo el audiovisual mencionado, no pude dejar de relacionar la situación actual por la que atraviesa la organización en la que ha quedado convertida las Farc-Ep; con la cacería implacable y la orden fría de su fusilamiento dada por el presidente Santos, como parte de ese plan militar Odiseo relatado por el inefable general Padilla de León a Iván Cepeda, del cual no cabe duda tuvieron gran participación las agencias de inteligencia militar “internacionales” que han asesorado y dotado de la última tecnología disponible al tenebroso aparato de la inteligencia militar de Colombia.

¿A quién benefició esa muerte? Solía preguntarse Sir Winston Churchill.

En los actuales momentos (abril 2018) cuando los dos grandes beneficiarios de ella, Santos y alias Timochenko, ven cómo su pacto de paz (ante la reactivación de una nueva y más agresiva versión imperialista de la War on Drugs) se deshace como hielo entre sus manos; la pregunta es mejor invertirla:

¿A quién perjudicó esta muerte?

Entonces salta a la luz clara que el gran perjudicado es el horrorizado pueblo trabajador colombiano, que impotente y sin un liderazgo arraigado y legitimado por la base mira cómo lenta e irreversiblemente se va deslizando hacia otro ciclo de violencia difusa, caótica, desideologizada y de cien cabezas, tal vez más deletérea, como la que estamos presenciando.

¿Sabía Santos y su aparataje de inteligencia militar que una vez muerto Cano, y, también ya sin la presencia física de los más importantes dirigentes históricos de la guerrilla, su lugar en la dirección guerrillera lo ocuparía inmediatamente una persona sin el mismo arraigo y autoridad sobre las bases, sin la misma lucidez ideológica y política, y sin el mismo filo analítico mostrado por Cano y el Secretariado originario?

A mí, después de ver el caos actual en que ha quedado convertida la antigua organización Farc-EP y su liquidación, no me cabe duda de que eso es así. Es por tal razón que es más fácil entender la frialdad y la racional-irracionalidad mostrada por Santos a la hora de dar la orden de fusilar un hombre viejo, miope, herido y desarmado, con quien ya se tenían iniciadas las conversaciones para iniciar un proceso de paz. En el fondo de tal orden militar estaba la idea contrainsurgente de Santos y su cúpula militar acompañante y que hoy se ha hecho realidad: reemplazar conscientemente a Cano por un mediano con serios problemas en el riego cerebral, fácilmente seducible, o cooptable, o influenciable, para que se encargara de llevar la antigua organización guerrillera al sitio en donde se encuentra hoy. Liquidarla e inducir el “caos creador manipulable”, como por ejemplo ocurrió en Somalia, Yemen, o Libia.

Santos está próximo a salir de su exitoso mandato contrainsurgente y neoliberal, posiblemente hacia la Embajada de Colombia en Londres a donde lo enviará el próximo presidente. En cambio, alias Timochenko se quedará con unos cuantos de sus lugartenientes y seguidores dejando a la Farc (no dividida en dos) sino atomizada en múltiples grupúsculos, inconexos, aislados y sin autoridad ni propósito unificador distinto a su llamado abstractos a la paz y a la reincorporación urgente de sus jefes. Todo bajo el lema muy colombiano de “vea a ver qué hace” o quizás del sálvese quien pueda.

Entonces, surge la pregunta obligatoria que se desprende de una perspectiva tan poco halagüeña: ¿Permitirá el pueblo trabajador colombiano tal desbarrancamiento?

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