Opinión

Camino a la locura

La democracia, desestabilizadora y caótica, no ha podido resolver las demandas ciudadanas en estos tiempos de ciudadanías digitales superconectadas, que se jactan de los “memes” como su mayor conquista

Por:
noviembre 11, 2016
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Los intelectuales están pasando de moda. O mejor dicho. El sistema de pensamiento científico, racional y empírico de Occidente entrará en crisis por lo que se anuncia para los próximos tiempos. Y parece que con ello, también se arrastra de paso, a la conquista más altruista y lograda por la civilización occidental: la democracia.

Los signos son protuberantes. No se requiere ser adivino ni profeta medieval. Hay ciertas luces en el ahora que anuncian el apagón y la oscuridad con sus tinieblas amenazantes que se vendrán para el mañana.

La democracia como sistema político que intenta resolver de manera acertada y consecuente, los problemas estructurales y coyunturales de la sociedad, parece entrar en un periodo de fallas crecientes por cuenta de su pérdida de confianza por parte de la misma comunidad de electores.

¿Por qué fallan las democracias en estos tiempos?

Amén de la crisis de globalidad y hegemonía cultural de un mundo avasallante, ramplón y superficial. La democracia no ha podido resolver las demandas ciudadanas que surgen en estos tiempos de ciudanías digitales superconectadas y subyugadas al extremo por la tecnología inocua que no construye sino que entretiene y adormece.

La mayor conquista de la que se jacta esta democracia de ciudadanos digitales son los “memes” que intentan reducir a lo simple, jocoso, irreverente, repetidos y cansones; una mirada ligera y vacía de lo que acontece en cualquier parte y que se vuelve tan fugaz como los recuerdos que de ellos quedan; no en la memoria nuestra sino en la memoria del teléfono móvil y la cual, después debe ser eliminada por cuenta del fastidio y la saturación de espacio en el aparato.

Frente a la dictadura de los “memes” es poco lo que podemos hacer. Mientras haya aletargados seguidores y su virus (fenómeno viral) se propague por el planeta; será imposible detener el contagio entre una ciudadanía que desprecia la reflexión y el análisis, a cambio de la ligereza y síntesis de mal gusto (a veces) que le llegan a cada repositorio celular que se porta.

Estos mismos aspectos con los que tasamos la realidad en su cotidianidad de remedos de caricaturas digitales, son los que definen elecciones, tumban ministros, revierten reformas de políticas públicas y orientan a la clase política y dirigente sobre el rumbo a seguir en esta democracia de espectros electromagnéticos y otras vainas traídas del mundo del coltán y el silicio.

Puede ser una locura global. Puede que sea un avance en el manejo de la información en estos tiempos. Que algunos “memes” tenga algo de creatividad, crítica e irreverencia. Pero no pueden llegar a reemplazar a la capacidad del elector y del ciudadano, para incidir en las decisiones de política pública con mayor grado de cultura política, con mayor análisis y con menos tendencia manipulada y esquizofrénica como se viene asumiendo ahora.

 

La democracia como la conocimos es un zombi
que deambula entre pantanos de confusión y falta de salidas

 

La democracia como la conocimos es un zombi que deambula entre pantanos de confusión y falta de salidas. No hay tierra firme de donde asirse. No hay reposo para otear el próximo camino a seguir. La niebla de los “memes” y de la desinformación amenazan con mantener a los “caminantes de la muerte” en su infinita agonía de muertos vivientes. Útiles para sumar votos, pero inservibles para interactuar con el otro ciudadano que reclama solidaridad, equidad y justicia social para erradicar los eternos males de la desigualdad y la exclusión.

A veces desconsuela escuchar o pronunciar que los designios de la democracia hay que aceptarlos como vengan. Para eso la inventamos. Bueno, en nuestro caso, el modelo venía de afuera y lo que hicimos fue empeorarlo a nuestra usanza mestiza e impura.

¿Qué otras sorpresas nos esperan en estas democracias que se reconfiguran con pedazos de espejos rotos?

Creo que fallaremos ante cualquier pronóstico o predicción. La democracia de estos tiempos es desestabilizadora, caótica y desequilibrada; no juega a la estabilidad y el equilibrio, sino a las hegemonías y fundamentalismos. Al discurso de la pasión y la división, antes que el debate de ideas y de fórmulas para reinventar el bienestar y el progreso.

Los discursos totalitarios y radicales están de moda, reverdece y de qué manera el desprecio hacia la igualdad y la equidad; eso es bueno cuando se está en la mayoría dominante y es malo para los que la genética combinada con el infortunio de la historia, nos jugó una mala pasada.

Coda: “Pensamos que nuestros conciudadanos no votarían por un candidato tan evidentemente poco calificado para el máximo cargo, con un temperamento tan demente, tan escalofriante como absurdo.” (Paul Krugman en el NYT la noche del 8 de noviembre de 2016).

 

 

 

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