Calma, calma, que todavía se ve luz al final
Opinión

Calma, calma, que todavía se ve luz al final

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diciembre 17, 2013
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Supuestamente amparado por su interpretación de la Ley, el señor procurador de la Nación viene tomando una serie de decisiones que, en segundos, acaban con la vida política de funcionarios públicos, varios de ellos elegidos por voto popular. Como algunos casos de corrupción rampante se han mezclado con otros cuya sanción obedece a problemas distintos, se había demorado la reacción de los demócratas ―pluralistas, que sí existen en ciertos sectores de la sociedad colombiana―. Así, lo que acaba de suceder con el alcalde Petro le llenó la copa a la gran mayoría de la ciudadanía, no porque no reconocieran sus múltiples falencias como administrador, sino porque la sanción que acaba con su vida política de un solo tajo fue sin duda, demasiado.

Gracias a esta decisión del señor procurador Ordoñez, el país entero ―no solo Bogotá― se encuentra en un momento complejo porque la sanción le sirvió en bandeja al alcalde la posibilidad de empezar a crear un movimiento populista, al cual se le están uniendo miles de insatisfechos en todo el país, y que tuvo su primera gran expresión el viernes 13 de diciembre. Se suma esta decisión del procurador a la que tomó en el caso del superintendente financiero, también considerada injusta y que enardeció los ánimos del sector de economistas, académicos y otros grupos contra él. Si a esto se añade la sentencia contra el exalcalde Alonso Salazar y lo sucedido con Piedad Córdoba, ya es muy generalizada la reacción negativa que amplios sectores del país tienen sobre los 'supra' poderes del Procurador. Como era de esperarse, solo la ultraderecha, y entre ellos sectores del Partido Conservador, lo apoyan.

Entre las muchas especulaciones que se han estado dando alrededor de la salida de Petro, una es particularmente compleja por las posibles consecuencias sobre lo más importante que tiene el país en sus manos: el proceso de paz. ¿Lo habrá visto venir el procurador, quien además no ha hecho sino encontrarle peros a las conversaciones en La Habana? Probablemente no. El claro análisis realizado por algunos columnistas señala que la muerte política de un exguerrillero elegido por voto popular, le quita el piso al elemento más importante para garantizar que estas conversaciones lleguen a feliz término: la confianza mutua entre gobierno y guerrilleros.

Es el momento de que el Gobierno entienda este peligro ―serio y real― para que no se equivoque en su actuación. No es nada fácil y preocupa que el presidente Santos no se haya caracterizado por una gran habilidad para manejar situaciones difíciles. Pero sin dejar de reconocer la complejidad del momento actual, es absolutamente imprescindible asegurarse de que en La Habana no se pierda la confianza entre las partes, definitivamente, un aspecto donde el presidente no puede equivocarse porque como lo ha repetido sin cesar, su gran apuesta es realmente la paz. Por ello, evitar que estas actuaciones del señor procurador, especialmente las que tengan que ver con el alcalde Petro ―por las características anotadas del personaje― exigen mucha habilidad.

El país, y particularmente este Gobierno, no pueden permitir que como dice el adagio popular, se le queme el pan en las puertas del horno. Esa si sería una tragedia de inmensas proporciones para los 47 millones de colombianos, y el presidente Santos se encontraría con un freno inmenso en su reelección. Que no se rompa la confianza, señor presidente, y conociendo sus antecedentes, por favor, asesórese muy bien, somos muchos los que tenemos la fe puesta en la Paz.

En medio de todo lo que está sucediendo en el país, puede estar cambiando el panorama político en el cual se desarrollarán las próximas elecciones y se necesita que todos nos calmemos, empezando por Petro. Además, es fundamental que el presidente Santos actúe con mucho tino porque lo que está en juego es el futuro de este país. Si no se logran los acuerdos, los próximos años serán muy inciertos ―si no más violentos―; una verdadera tragedia que la historia no le perdonará ni al presidente ni al procurador ni a Petro.

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