Cali, una ciudad que sabe tirar paso

Desde su fundación. el baile ha permitido que la ciudad se encuentre, que se cite en eventos plurales

Por: Manuel Tiberio Bermúdez
septiembre 15, 2015
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Cali, una ciudad que sabe tirar paso
Foto: subida por autor

Quién sabe en qué momento el ser humano, debido a un logro importante, empezó a saltar de alegría y nació el baile. De ese primer salto hasta hoy los seres humanos no han parado de bailar, pues mediante el baile se pueden expresar estados de ánimo, emociones, socializar, agradecer.

Nuestros ancestros le daban un carácter de ritual y mediante el baile celebraban la caza, imploraban a sus dioses protección o beneficios, y muy seguramente era el corazón en acelere el que marcaba la música de sus pasos.

Luego, nos cuenta la historia, en Grecia la danza era considerada un arte. Y según parece no ha sido cosa menor el baile ya que se asegura que: “Sócrates es alabado por los filósofos que le sucedieron porque bailaba con primor. Platón mereció ser vituperado por haber rehusado bailar en un baile que daba un rey de Siracusa: y Severo Catón, que en los primeros años de su vida no cuidó de instruirse en un arte que ya se miraba entre los romanos como un objeto serio, creyó que debía sujetarse, a los 59 años de edad, a las ridículas instrucciones de un maestro de baile en Roma”. Proscrito a veces, celebrado las más, el baile ha caminado el mundo con los seres humanos.

Razón tiene Bania Guerrero, coordinadora de la oficina de turismo municipal, cuando asegura que en Cali “las almas se confiesan bailando”. Porque Cali es una ciudad que le ha gustado bailar. Desde su fundación el baile ha permitido que la ciudad se encuentre, que se cite en eventos plurales, que teja lazos de amistad, con un solo propósito: bailar.

Muchas de las obras en los barrios, pudieron llegar a buen término gracias a que la danza unió a sus moradores para bailarse unas empanadas y así recaudar los fondos justos para dar término a una caseta comunal, o a una iglesia. El tedio se exorcizó cualquier domingo caluroso en las “agua lulo”, en las que el baile era el protagonista y la muchacha pretendida era la motivación para que bailador exhibiera sus destrezas.

Recuerdo en este momento la respuesta que el escritor Julio César Londoño, le diera a algún Sancho Panza, uno de esos que no entienden la vida y le preguntó para qué servían esos encuentros de escritores que algunos quijotes realizábamos en Calcedonia. Su respuesta fue: “¿Para qué sirve un congreso de escritores?, me preguntó allá un buen hombre, uno de esos que prefieren ver a su hija casada con un traqueto antes que con un poeta. Para que los escritores puedan bailar boleros con pueblerinas bonitas, le contesté para que no jodiera, para que no se frunciera por la simpleza de que un forastero le apretara la hija al lento compás de Cosas como tú”.

Cali ha sido bailadora y es por ello que aquí se realiza, con gran éxito, el Festival Mundial de Salsa hace 10 años.

Muchos consideran que esa pasión por el baile tiene que ver por la herencia negra que tiene la ciudad. Una particularidad de los “blancos” de Cali, es que no son totalmente blancos, alguna traza negra viaja en sus genes.

Al respecto, Óscar Lozada Ibáñez, estudioso del tema de la salsa dice: “Yo no creo que en Cali haya, como lo pretenden algunos salseros, una homogeneidad en el baile y que solo se baila salsa. Eso no es verdad. Yo, por ejemplo, recuerdo que en algunas fiestas en las casas caleñas se bailaba por igual la Sonora Matancera, que la Billos Caracas Boy, sin ningún problema, así los salseros quieran establecer que la Billos, es cumbia u otro ritmo. Se tiene una mirada un poco peyorativa, incluso, sobre la música bailable del Caribe colombiano. Esa música maravillosa que hicieron, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, y otras orquestas más recientes de los años 70, como Rodolfo Aicardi y otros. Mi memoria me dice que esa música se bailaba, junto con la Sonora Matancera”.

“Lo que ocurre hoy, señala Óscar, es que hay un fenómeno de salsotecas en donde uno va a oír, específicamente salsa, y , se van especializando, ponen una salsa más estudiada pues hay alguna persona que investiga, saca un tema que nadie conoce y lo pone a sonar. Pienso que en Cali han compartido bastantes bailes de diferentes géneros. Por ejemplo, mi mamá me decía que ella bailaba Mambo, Fox, Guaracha, Bolero, Son y todos esos ritmos tenían una manera particular de bailarse con unos pasos específicos. Hoy hay una homogenización; todo se baila igual, tanto los bailarines de escuela como los que nos vamos por ahí a mover el esqueleto”.

Entre gustos no  hay disgustos, por eso muchos que le quieren bajar la caña a los salseros puros, de cencerro, clave, maracas y zapato blanco, dicen que en Cali lo que predomina es la Pachanga.

A propósito del asunto dice Lozada: “mire que Jairo Varela no se equivoca y cuando hace su himno y lo llama “Cali pachanguero”,  y es…una pachanga. Usted en Cali pone una pachanga y todo mundo sale a bailar.”

Hay quienes también argumentan que en general los discos que han sido éxitos de la Feria de Cali no son temas de Salsa. “El que más temas de Feria ha puesto, ha sido Lisandro Mesa, que no son salsa. Son sones del Caribe, son puyas o paseos pues son música que aquí se ha consumido mucho, dice Óscar”.

Sea como fuere, y más allá de esas discusiones amables, con ritmo de salsa al fondo y traguito de guaro para remojar la garganta, lo que es innegable es que Cali es una ciudad bailadora.

El baile es un andariego que se ha metido por toda la ciudad: las agua lulos, los prostíbulos, las salas de las casas caleñas, las fiestas de barrio,  y un tiempo después se fue a discotecas con nombres de gran recordación. Honka Monka; El Sétimo Cielo; Picapiedra;  Casa Blanca, y El Aguacate; sitios famosos que se quedaron en el recuerdo de las viejas generaciones y que gracias a la oralidad los entregaron en custodia a las nuevas para que no olvidaran dónde los “viejos” tiraban paso.

Esos bailadores de antaño recuerdan “como si fuera ayer no más”, sitios como El Lago, en Agua Blanca, Roger y El Osito Musical, en el Guabal,  La Guaduita, en Villa Colombia. Y en la 8ª, Costeñita; El Infierno; y Cabo Rojeño entre otros.

La Taberna Latina, La Bodega Cubana, La Barola, La Ponceña, La Topa Tolondra, Donde Ever, El Habanero, El Manicero, Mister Afinque, Nuestra Herencia, Zaperoco, son puntos que están bien definidos en la brújula nocturna de un bailador de Salsa.

A pesar de los majestuosos espectáculos de baile y de los bailarines que emocionan y sorprenden con sus alzadas, piruetas, acrobacias y otras formas de baile espectaculares cada año en el Festival Mundial de Salsa, el caleño no deja de rendir culto a como bailaban los de la vieja guardia.

“Los bailadores de Cali,  hoy tratamos de bailar –dice Óscar Lozada-, aprendiendo de esa vieja guardia. Así como bailaba “Frijolito “o el “El Tosco”, que era un baile muy de acuerdo a como estaba soñando la canción. Muy sujetos la melodía o al bajo o al ritmo de la canción. Es un baile que yo defino como sosegado, no es un baile acelerado. La otra manera de bailar, es propia de los espectáculos, del Mundial de Salsa y de las escuelas de baile que lo usan tan vistoso y acrobático para venderlo hacia afuera. La gente baila para el goce, para el disfrute, a nadie se le ocurriría ponerse a hacer acrobacias en un bailadero”:

Lo cierto, es que Cali es una ciudad que baila y en la que a los chicos se le enseñan tres cosas importantes para viajar por la vida: a nadar, a montar en bicicleta y a bailar.

Sin el baile, Cali, la Capital Mundial de la Salsa sería otra ciudad más…pero Cali, es sin duda alguna, la capital mundial de la alegría en la que la felicidad es: tirar paso…

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