Cali, aparta de mí este cáliz

Con el fin del mandato de Armitage viene el recuerdo de las fallidas promesas que hizo para lograr la alcaldía, las cuales quedaron en el cuarto de sanalejo

Por: Leonardo Medina Patiño
febrero 28, 2019
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Cali, aparta de mí este cáliz
Foto: Facebook Maurice Armitage

Se aproximan las elecciones a la alcaldía de la ciudad de Santiago de Cali y se evidencian de inmediato las promesas de unos, los embates al candidato no oficialista, los abrazos de otro candidato en sectores que nunca visitaba, en fin, lo propio de las campañas para ocupar cargos públicos de elección popular. Empero, surge una reflexión necesaria para evitar que la ciudad continúe en el estancamiento en que la deja el actual mandatario Maurice Armitage, quien durante su gestión no pudo llegar al 50% de favorabilidad en las encuestas.

Y viendo ese panorama título mi columna retomando al poeta nadaísta Gonzalo Arango, quien nos dice de la ciudad en un escrito suyo, que lleva este mismo título, lo siguiente: “(…) la ciudad es como un campo de honor donde el hombre se cita con el destino, allí afirma su amor a este mundo, su fuerza, su poder de dominio, su horror al aniquilamiento; allí testimonia su ser efímero que se niega a morir, se arraiga desesperadamente a la tierra, se anula con lazos de amor a la eternidad”.

Es verdad, la ciudad es un campo de honor donde hay cita con el destino. Y las promesas que se hicieron en su momento para lograr la alcaldía de Cali quedaron en el cuarto de sanalejo y otras tantas que salieron súbitamente durante el primer y segundo año de mandato quedaron más atrás de ese cuarto. En el campo donde debía haber honor no lo hubo, se dejó apagar la antorcha…

Y recuerdo entonces a Gonzalo Arango y digo:

“Cali, aparta de mí el cáliz” de Armitage, quien prometió una ciudad 24 horas. Y anunció —con bombos y platillos— en el bulevar del río, con alcalde de Ámsterdam a bordo e invitados de Argentina, Portugal, Inglaterra, Paraguay, que Cali estaría disponible para los ciudadanos las 24 horas, y con ellos fomentaríamos el turismo y se estimularía el empleo, y los taxis harían su agosto todo el año, y los establecimientos de comercio no tendrían manera de quejarse. Es decir, “Cali sería ese sueño atravesado por un río”, como dijo otro poeta, pero no fue así: “los sueños, sueños son”.

Incluso nombraron o designaron como asesor de la gerencia para la noche de la alcaldía de Cali a Alejandro Vásquez Zawadsky —un buen ciudadano que conoce los detalles de la vida nocturna porque ha presidido la asociación de establecimientos nocturnos y de diversión (ASONOD)—. Ríase el cargo. Tanto, que poco duró en él.

Hoy, por experiencia propia que viví hace pocos días al salir de un bello concierto, y buscando lugar donde cenar después de las 11:00 p.m., quedé perplejo al encontrar los restaurantes cerrados en el Peñón y parque del perro; no fui a Granada —aclaro— para no llevarme una mayor desazón.

“Cali, aparta de mí este cáliz” que prometió cultura ciudadana y la ciudad está en un caos terrible. En la campaña a la alcaldía, el actual mandatario Maurice Armitage trajo a Antanas Mockus al lanzamiento de su política de cultura ciudadana, lo que quedó simplemente en un movimiento: trasladar una silla de un lado a otro. No alcanzó siquiera a ser una suite.

Ya ganada la alcaldía, incluyó en su agenda lo referente a la política de cultura ciudadana y designó a quien ahora funge como secretaria de bienestar social, que ha pasado por las toldas del hoy candidato a la alcaldía Jorge Iván Ospina y, por la campaña de Roberto Ortíz, a quien conocen en Cali como “Chontico”, donde coordinó la parte cultural en la campaña donde fue derrotado por Armitage, pero mutó rápidamente y quedó en el gobierno triunfante.

Sin embargo, realmente la campaña de cultura ciudadana fue show mediático. Se llenó de saltimbanquis, payasos, mimos y demás. Hoy pocos peatones usan la cebra —hace algunos días se presentó un accidente de tránsito fatal, dos ciudadanas no cruzaron por el puente peatonal en la autopista sur—, las basuras siguen en las calles, del espacio público ni hablar, la plaza de caycedo es un muladar.

Para dar salida a esta problemática, el concejo de la ciudad —con ponencia del cabildante Carlos Pinilla—, le aprobó al alcalde un acuerdo municipal que regula la política pública para el manejo del espacio público, pero a la fecha poco o nada de su ejecución efectiva se observa.

En fin, como esas promesas incumplidas hay más: seguridad, movilidad, Emcali, quedan para ser resueltos por el próximo alcalde y serán tema de debate por los candidatos que ya están despegando. La ciudadanía deberá tener cuidado a quién elige, porque más inexpertos en el manejo de lo público, en especial de lo territorial, no es prudente cuando esta ciudad ya es distrito especial.

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