Opinión

Brincando en una pata con Tom Cruise

El proceso de sanación de las heridas del narcotráfico no se va a acelerar porque Cruise venga quince días a rodar Mena

Por:
agosto 27, 2015
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No es un pájaro, no es un avión, no es Superman.

Pero igual llegó volando, al mando de su propia aeronave, procedente de un planeta lejano. (En inglés Krypton se dice Hollywood y Kal-El, Tom Cruise.)

Es un superhéroe taquillero, bonitico y millonario que aterrizó en Medellín la semana pasada, cuando Misión Imposible 5 apenas empezaba a ceder el paso a otras opciones en la monótona y lánguida cartelera de la ciudad. (Su imagen está fresca en el público de vacaciones).

Y nos tiene con la boca abierta. Abierta, abierta. De descreste, agradecimiento, incredulidad: ¿que un galán diferente a Manolo Cardona, tres veces nominado al Óscar, haya puesto los ojos sobre la bajeza de la esclava?, wow, no hay con qué pagarlo. Máxime si se mueve en la vía con la aparente normalidad de cualquier mortal: comprando ropa en un centro comercial atestado de gente, cenando en restaurantes muy concurridos y caminando por sí solo donde lo vean. (Calculando cada autógrafo, selfie y abrazo que reparte, mientras montones de guardaespaldas, camuflados entre sus fans, no le quitan el ojo.)

Nos tiene con la boca abierta, repito, por puro provincianos. Tal vez porque, en medio de los delirios de grandeza que nos caracterizan, en el fondo nos sentimos indignos de que alguna celebridad venga a visitarnos. En fin…

Lo cierto es que del alcalde hacia abajo estamos brincando en una pata con Tom.Y esa alharaca, entre folklórica y centavera, que nos tiene bordeando los éxtasis de Santa Teresa, nos distrae de lo que vale la pena en este asunto: el empeño de propios y extraños en mantener tatuada en el pecho de Medellín, no la S de Superman —sería cómico—, sino la P de Escobar, huella de una época que nos hizo tristemente famosos en el mundo y de la cual miles de víctimas directas no se han podido reponer.

Heridas como las que dejó la guerra del narcotráfico requieren de tiempo para cicatrizar. Y el proceso de sanación no se va a acelerar porque Cruise venga quince días a rodar Mena (población de Arkansas donde su personaje, Barry Seal, piloto del Cartel de Medellín, tenía un hangar clandestino), haga llover 2.5 millones de revaluados dólares; y regrese a USA —a donde ingresar es una tortura para buena parte de los colombianos— a relatar la odisea de su safari urbano y a dar testimonio de nuestras mil y una maravillas.

Porque si bien es cierto que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla —una frase ya de cajón—, también lo es que no todas las maneras de recordarla son igualmente válidas. Una cosa es el trabajo profesional y respetuoso que busca reconstruir la verdad colectiva, mediante la sumatoria de vivencias individuales —los Museos de la Memoria son pruebas reina— y, otra, la utilización de episodios puntuales de ingrata recordación con fines comerciales.

Qué rápido cambiamos los ojos con los que miramos.

Ayer no más, altos funcionarios de la alcaldía se rasgaban las vestiduras con un informe de la cadena británica Channel 4 News: Virgins for sale in Colombia in “world´s biggestbrothel”, porque no se compadecía con la imagen de la-más-innovadora que queremos proyectar Mas la protesta amainó pronto, el periodista —aparte del exabrupto vendedor en el título—, demostró la veracidad del contenido con cifras y entrevistas. Somos así, claros  y oscuros.

¿Por qué ahora, en cambio, se muestran tan satisfechos con que se produzca aquí la película de marras, frente a la cual se podrían esgrimir similares argumentos?

No importa cuánto se desgañiten estos y aquellos llamando a lista a Al Capone, Hitler, Don Corleone y tal, para argumentar que Pablo Escobar es una sombra larga que hay que aguantar sin lamentaciones. No señores. Cada pueblo es dueño de su dolor, no se admiten comparaciones. Tampoco culpabilidades y vergüenzas. Y tampoco estigmatizaciones, esa sombra reciente no hay que lucirla en la solapa a manera de carta de presentación. Lo que no quiere decir que debamos verterle encima un frasco de liquid paper; el pasado no se borra, se procesa. Además persisten ciertos coletazos que no se pueden ignorar, la estética mafiosa es inocultable.

Solo el tiempo y el trabajo nos permitirán, a la vuelta de una o dos generaciones, mirarnos como una sociedad sobreviviente y fortalecida. Real, no de película.

COPETE DE CREMA: ¿Hablar sobre narcos en Medellín está bien si nos genera utilidades, pero está mal si no sacamos provecho de ello? Y que conste, me parece excelente noticia que la Ley 1556 de 2012 comience a dar frutos. Pero pongámonos serios. No estamos hablando de una nueva corriente filosófica. La Ley de Filmación es una oportunidad de negocios y punto. Por eso,many paisas are hopping on one leg. Por la plata…

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