Brasil va hacia el colapso sanitario

Con un sistema de salud colapsado, una pandemia en curso y otras condiciones adversas, el país dirigido por Bolsonaro tiene todo para caer en una crisis tremenda

Por: ANTONIO RESTREPO BOTERO
mayo 04, 2020
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Brasil va hacia el colapso sanitario

Exministros de Salud de Brasil han denunciado ante la ONU al presidente Jair Bolsonaro por genocidio como resultado de su desastroso manejo de la pandemia de Coronavirus. Este es el último episodio de una historia reciente que está desembocando en la tragedia que está viviendo el pueblo brasileño con su sistema de salud al borde del colapso.

Para entender como ha ocurrido todo esto hay que remontarse al 2016. Ese fue el año del impeachment que removió a Dilma Russef de la presidencia de Brasil y colocó en su lugar a una figura de transición, Michel Temer. Aquello fue una gran coalición táctica de todas las fuerzas de centro de y de derecha del espectro político brasileño para poner fin a los gobiernos progresistas de Lula y Dilma.

Pues bien, de manera casi sigilosa y con el pretexto de poner orden en las finanzas del país el Poder Legislativo expidió la Enmienda Constitucional N. 95 de 2016 que estableció los topes del gasto público hasta 2030. Ese fue un golpe mortal al Sistema Único de Salud que hasta entonces había sido e orgullo y motivo de admiración internacional del Brasil.

Expliquémonos: el SUS (Sistema Único de Salud) es la aplicación del principio de la Constitución de 1988: "la salud es un derecho y deber del Estado". Esto significa que todo individuo dentro del territorio nacional tiene derecho a ser atendido en forma gratuita, desde la atención básica primaria hasta los más altos niveles de complejidad como los trasplantes. Y si bien sigue siendo así en el papel, en la práctica el acceso universal es cada vez más precario en vista de la caída en picada del presupuesto de salud en los últimos años.

Ahora el mayor desafío en materia de salud es la sobrevivencia del SUS. Alexandre Padilha, quien fuera ministro de Salud de Dilma Russef, es categórico: “las actuales propuestas de imponer un tope a los gastos (en salud) por medio de la Enmienda Constitucional 95, están destruyendo el SUS”.

Como un aviso de lo que se venía, Bolsonaro, recién electo, descalificó (contra toda evidencia) la idoneidad de los médicos cubanos y cuestionó el programa Mais Medicos, lo que llevó a la postre a su salida y a un lánguido final del programa que había permitido que muchos municipios por primera vez contaran con un médico de planta.

Ya en 2019, el nefasto EC 95 dejó caer toda su carga letal contra la salud del pueblo brasileño. En virtud del tope de gastos, el año pasado el SUS dejó de recibir 9.5 billones de reales, más de dos billones de dólares. Es bueno indicar que allí no existen equivalentes a las EPS, ni a las IPS ni al Sisbén. Nadie cotiza a salud. Solo hay dos opciones: los planes privados de salud (prepagos), cuyo costo solo está al alcance de la clase media alta hacia arriba, y el SUS. Cálculos muy conservadores indican que al menos un 75% de la población brasileña depende de este sistema universal de salud, pero estas cuentas son anteriores a la pandemia de COVID-19. Por supuesto que esa cifra hoy es muchísimo mayor.

Si para alguna cosa sirven las crisis es para dejar al desnudo las fragilidades de la sociedad. Han bastado cuatro meses para transitar de la preocupación a la tragedia, y dejar a la vista las consecuencias inmediatas del desmonte del sistema de salud.

Poco antes de que la pandemia agitara su guadaña sobre Brasil, las autoridades del Estado de la ciudad de Sao Paulo, bajo la inspiración del ministro de hacienda Paulo Guedes, habían propuesto cerrar la Unidades Básicas de Salud que manejan el 70 por ciento del presupuesto municipal para salud, para sustituirlas por planes de salud de bajo costo.  E irónicamente, este afán privatizador asoma su hocico neoliberal en el estado de Sao Paulo que, unas semanas más tarde, sería especialmente azotado por el coronavirus.

Y este no es el fin de la historia. A grandes trazos, el panorama actual muestra: falta de recursos; falta de médicos; déficit de camas de hospital normales y de UCI; precariedad de equipos; corrupción; alta tasa de mortalidad hospitalaria; deficiencia de saneamiento básico. Esta es la combinación exacta para que un evento como el que está golpeando al mundo se convierta en Brasil en una tragedia de inmensas proporciones.

Y se avecina el invierno en el hemisferio sur con el incremento estacional del dengue, el zika y el chikunguña: epidemias cruzadas con la pandemia del COVID-19, la tormenta perfecta en medio del colapso del sistema sanitario.

Exmiembro de la Dirección Ejecutiva y Coordinador de Salud de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), con sede en Brasilia.

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