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Bogotá o Barranquilla, la absurda discusión sobre la “casa de la Selección”

Un intento desde el campo futbolístico por dar explicación a esta controversia que buscará probar las posiciones erradas de ambos bandos

Por: Julián Pineda Ceballos
Octubre 11, 2017
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Bogotá o Barranquilla, la absurda discusión sobre la “casa de la Selección”

Aún en medio de la euforia existente por la sufrida clasificación de la Selección Colombia al Mundial de Rusia en 2018 tras el empate conseguido en Lima contra Perú, que nos permitió reponernos de la desazón por la derrota contra Paraguay como locales, nuevamente ha regresado la sempiterna (pero no por ello menos bizantina) discusión sobre la elección de la sede del equipo nacional para el próximo ciclo mundialista que se desarrollará en Qatar, que generalmente se divide entre los partidarios de que la sede permanezca en la ciudad de Barranquilla y los que solicitan nuevamente el traslado a la ciudad capital de Bogotá. Una discusión que, de paso, es terriblemente desagradable por las enormes cargas de insultos regionalistas que se manejan, frente a los pocos o nulos argumentos deportivos que se traen a colación para el debate. El presente escrito es un intento por dar una explicación desde el campo futbolístico que buscará probar las posiciones erradas de ambos bandos y mostrar la conveniencia de una tercera vía en este asunto. Por otra parte, las referencias que voy a usar se encuentran en publicaciones fácilmente asequibles.

La mejor manera de comenzar este ensayo es analizando el primer gran éxito de la Selección Colombia en su historia: la clasificación al Mundial de Chile en 1962 (y que, a la fecha, sigue siendo la única clasificación obtenida por el combinado patrio en Bogotá). Como es de conocimiento público, Colombia derroto a Perú por 1-0 en El Campín (gol de Eusebio Escobar) y luego logró igualar la desventaja en el Nacional de Lima con gol del “Zipa” González para obtener el boleto al Mundial. El mito popular considera precisamente como un “milagro” lo sucedido en esa llave clasificatoria, al lograr la Selección “Albiazul” derrotar a un rival de mayor calidad futbolística. La realidad, en cambio, es un poco más prosaica.

Al revisarse la nómina de la Selección Colombia que disputó el Mundial de 1962, nos encontramos con dos particularidades estrechamente relacionadas entre sí: la primera es que, de los 22 convocados, cinco (“Cobo” Zuluaga, “Copetín” Aponte, Jaime Silva, “Mono” Tovar y “Zipa” González) pertenecían en ese momento al Independiente Santa Fe, dos (Marino Klinger y “Maravilla” Gamboa) eran jugadores de Millonarios y otros dos (Óscar López e Ignacio Pérez) jugaban en el Once Caldas. De entrada, nueve jugadores de campo hacían parte de equipos que jugaban a más de 2.000 metros a nivel del mar, pero además, los restantes seleccionados provenían de equipos que se encontraban por encima de los 1.000 metros. Junior de Barranquilla y Unión Magdalena, en ese sentido, brillaban por su ausencia. Por supuesto, no ignoro la presencia de jugadores costeños en esa convocatoria (como el “Caimán” Sánchez, el “Toño” Rada o el “Olímpico” Coll) pero unos y otros jugaban en conjuntos “montañeros” en el momento de disputarse el Mundial.

La segunda particularidad es el hecho de que los cinco jugadores “cardenales” y el “embajador” Klinger hicieron parte de los equipos que consiguieron los mejores resultados del fútbol colombiano a nivel de clubes para ese entonces: el Millonarios semifinalista de la Libertadores 1960 y el Santa Fe semifinalista de la Libertadores 1961. Incluso Francisco “Cobo” Zuluaga podría alardear de haber sido el único jugador que fue titular de ambas proezas (para darse una idea del logro obtenido, cabe decir que solo hacia 1978 el Deportivo Cali pudo superarlos, que Millonarios nunca volvió a llegar a dicha instancia bajo el formato de llaves –descontando el grupo semifinal de la Libertadores 1974- y que Santa Fe solo vino a igualar lo conseguido en 2013)

Como pueden ver, si una Selección está compuesta principalmente por jugadores que juegan en clubes “montañeros” como Bogotá, Medellín, Manizales y Pereira (con 1.400 metros sobre el nivel del mar, como mínimo), y en donde seis de ellos fueron protagonistas en las actuaciones destacadas de sus equipos a nivel internacional, pues la elección de Bogotá como la sede de esa eliminatoria era algo que se caía de su propio peso. Demás decir, el peso jerárquico de esos jugadores se hizo sentir: no fue casualidad que el “Zipa” González marcará el gol de la clasificación en Perú, que el “Cobo” Zuluaga fuera el anotador del primer gol colombiano en la historia de los Mundiales, o que Klinger fuera el autor del definitivo 4-4 contra la Unión Soviética.

Por supuesto, a partir de ese momento se cimentó Bogotá como la casa de la Selección durante los años 60, 70 y 80 bajo fundamentos validos: los mejores jugadores del país llegaban a la capital para jugar en Santa Fe y, sobre todo, en Millonarios. De hecho, la única actuación decorosa en eliminatorias en el interregno entre Chile 62 e Italia 90, la Selección que busco cupo a Alemania 74, estaba compuesta por jugadores como Jaime Rodríguez, Hermenegildo Segrera, Jaime Morón, Ernesto Díaz, Willington Ortiz, Alejandro Brand y Arturo Segovia, todos los cuales se preparaban y jugaban en los equipos bogotanos.

Ahora bien, en los años 90 todo cambio. La Selección que disputó las eliminatorias a Italia no solo estaba compuesta de la base del Atlético Nacional campeón de América, sino que esta base se complementaba principalmente con jugadores nacidos o actuando en equipos de la Costa Atlántica (Alexis Mendoza, Wilmer Cabrera, Wilson Pérez, Carlos Valderrama y Arnoldo Iguarán), además de Bernardo Redín y Freddy Rincón, provenientes de la Costa Pacífica. En contraste, el aporte de Santa Fe y Millonarios se reducía a Eduardo Niño (arquero suplente), los ya mencionados Cabrera e Iguarán, y Rubén Darío Hernández. Al igual que en el 62 y en el 74 tenía sentido que Bogotá fuera la casa de la Selección, ahora era deportivamente coherente que Barranquilla o Medellín lo fueran en ese clasificatorio. Por supuesto, desconozco las razones que evitaron que la ciudad antioqueña fuera el nuevo huésped de la fiebre amarilla, aunque, entrados a suponer, el ya presente enfrentamiento regionalista entre “rolos” y “paisas” por lo sucedido el 26 de abril de 1989 llevó a las directivas de la Fedefútbol a cortar por lo sano y escoger el mal menor (que luego ese mal menor se convirtiera en el mal mayor es otra historia.)

Desde luego, al comprobarse el éxito de la formula “Atlético Nacional + Costa Atlántica” en dicha eliminatoria y tras ver como se repetía dicho éxito en las subsiguientes dos clasificatorias (1994 y 1998), se creó el mito de Barranquilla como la “mejor” casa de la Selección Colombia, de que jugar en el Metropolitano era arrancar ganando 1-0 desde el pitazo inicial y de que solo en Barranquilla se podría clasificar a los Mundiales, mito reforzado tras el estruendoso fracaso de Bogotá como sede en las eliminatorias a Corea-Japón y a Sudáfrica. Pero nada más lejos de la realidad: Barranquilla funcionó como sede porque justo en ese momento coincidió con la que yo llamaría “Generación Dorada del Fútbol Costeño”, en la que aparecieron no solo los ya mencionados Mendoza, Cabrera, Pérez, Valderrama e Iguarán, sino también Iván Valenciano, Osvaldo Mackenzie, Víctor Pacheco, Jorge Bolaños y José María Pazo, entre otros, algunos de los cuales podrían rastrearse desde la Selección Atlántico Campeona del Nacional Juvenil de 1989 y luego Subcampeona de 1990, 1992 y 1993. Está demostrado que jugar de local efectivamente pesa en un partido de fútbol, y si teníamos una Selección con jugadores que se sentían locales en la Costa, pues blanco es, gallina lo pone…

Supongo que usted, amigo lector, ya podrá intuir, a estas alturas, porque NI Bogotá, NI Barranquilla deberían ser, al día de hoy, las sedes de la Selección Colombia para las eliminatorias mundialistas: por una parte, Bogotá hace mucho tiempo dejo de ser el destino preferido de los mejores jugadores colombianos. El aporte que hoy brindan Independiente Santa Fe y Los Millonarios F.C. a la Selección Colombia es totalmente insignificante, comparado con el que brindaban en los años 60, 70 y 80. La capital podría intentar ser más bulliciosa y más animadora, pero no importa que tan buena hinchada se comprometan a ser, los jugadores del combinado patrio siempre se sentirán visitantes allí y, en mi opinión, pasarán decenas de años antes de que Bogotá vuelva a ser una columna vertebral para el representativo nacional; por otra parte, estas eliminatorias probaron que la generación dorada costeña hace rato es historia y que el aporte de la Costa a la Selección (y de Barranquilla, por ende) ha caído dramáticamente al punto de que el equipo nacional se siente visitante allí (aunque sin llegar a los niveles de irrelevancia de Bogotá). Increiblemente, “La Arenosa” aún cuenta con un último as bajo la manga para recuperar su posición de honor: reclamar a los jugadores costeños del Atlético Nacional campeón de América 2016 (Alexis Henríquez, Farid Díaz, Alex Mejía, Macnelly Torres, Orlando Berrío y Miguel Ángel Borja) como la base de la Selección Colombia de cara al Mundial 2018, para ser mezclados con los Jarlán, los Falcao, los Teo, los Muriel y los Bacca; además de jugadores circunstanciálmente ubicados en la Costa, como Yimmi Chara. Pero ¿la población costeña podrá ejercer la suficiente presión en la Fedefútbol para que eso pase? Es más, ¿la población costeña podrá siquiera organizarse para tal objetivo, pasando por alto cualquier envidia que tenga con el equipo verdolaga? Veremos…

Siendo cierto lo anterior, la pregunta es, en este caso: ¿cuál debería ser la nueva “Casa de la Selección”? Si me viera abocado a mantener el sempiterno debate dualista, entonces la respuesta sería Medellín vs. Cali. ¿Razones?

Primero, entrados al tema de la sede en sí, ambas ciudades son más parecidas, en clima y altura, a las ciudades europeas que Bogotá y Barranquilla. Bogotá debe bajarse de la nube en ese sentido: sin ninguna intención de burla y en las variables mencionadas, la capital se parece más a La Paz o a Quito que a Madrid, Turín o Munich. Lo más cercano a su situación en Europa serían los Alpes suizos donde, demás decirlo, por allí no pasa la luz reflectora del espectáculo futbolero europeo.

Segundo, solo basta ver las convocatorias de esta eliminatoria y la del Mundial de Brasil en 2014 para ver que el grueso de los jugadores procede de la Costa Pacífica o de la Antioquia Grande. No importa por donde mires: Ospina, Arias, Fabra, Davinson, Sánchez, Mateus, James, Chara, Armero, Zúñiga, Quintero, Zapata, los Murillos, Cuadrado, Cardona, etc, etc, etc.

Tercero, durante casi 40 años y quizá por mucho tiempo más hacía en futuro, la Costa Pacífica y la Antioquia Grande fueron, son y serán las Divisiones Inferiores del Fútbol Colombiano. Cualquier persona que haya seguido tanto los Nacionales Juveniles de Fútbol y los Juegos Deportivos Nacionales, sabe que una final de fútbol entre las Selecciones de Antioquia y Valle es tan colombiana como el café o el sombrero vueltiao. Y decir que Antioquia es el “Brasil” del fútbol nacional juvenil es quedarse corto, no solo por sus 19 títulos desde que se disputa la competición en 1981, sino porque desde el 2007 no ha resignado su corona, con todo y que el Valle (con 3 títulos y 5 subtítulos) sigue siendo su clásico rival en la categoría.

Finalmente, Cali es la Capital del Deporte en Colombia. Una posición que ha sabido hacer respetar desde los Panamericanos de 1971, al poseer la infraestructura deportiva requerida para preparar cualquier formación deportiva, incluyendo, por supuesto, el fútbol.

Considero que es hora de que la Federación Colombiana de Fútbol deje de usar la disputa sobre las sedes de la Selección Colombia como el recurrente Panem et Circenses y comience a pensar en la competitividad y bienestar de los futbolistas que representan al combinado patrio, si quiere asegurarse, por mucho tiempo, que el país sea un invitado permanente a la fiesta que prepara la FIFA cada 4 años. En este caso, la pregunta a dicha institución concerniente a Medellín y Cali es sobre por qué no fueron sedes desde los años 90 y por qué no lo son al día de hoy, a pesar de que las regiones a las que pertenecen han dado tanto, siguen dando y seguirán contribuyendo al éxito del fútbol en Colombia. Pedir que en adelante el debate de las sedes sea Medellín o Calí, y no Bogotá o Barranquilla no es un mero populismo: es un mero acto de justicia.

REFERENCIAS:

Comunidad Tricolor, Selección Colombia rumbo a USA 94.

Botefútbol, SELECCIÓN COLOMBIA 1989.

Millonarios-Futbol.red, En los 70: Gran Euforía Futbolística.

El Espectador, Perú vs. Colombia.

Semana, El Santa Fe de la Copa Libertadores 1961.

HSB Noticias, La Selección Colombia en Eliminatorias.

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