¿Bienvenidos al prechavismo?

¿Cuáles fueron las condiciones que le abrieron camino a la revolución bolivariana?, ¿se adecuan esas realidades a las de Colombia?

Por: Eduardo Cardona
agosto 12, 2020
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¿Bienvenidos al prechavismo?
Foto: María Fernanda Padilla Quevedo

“Hay un ambiente prechavista”, mencionaba el expresidente Álvaro Uribe hace aproximadamente un mes para hacer referencia a que hay sectores proclives al chavismo que quieren hacerle percibir al país que afrontamos una de las mayores crisis morales y económicas de la historia, y que por lo tanto ha llegado la hora de girar a la izquierda sobre los restos de la institucionalidad que tanto repudian pero que tantas garantías les ha dado en los últimos tiempos. Eso hizo Hugo Chávez y eso, en mi opinión, quieren hacer Petro, Cepeda, las Farc y compañía. Para comprender mejor esa idea, recordaremos cuáles fueron las condiciones que generaron la tormenta perfecta que le abrió camino a “la revolución bolivariana” y si esas realidades se adecuan a Colombia.

La economía siempre será el factor decisivo en la política y en la Venezuela prechavista no fue la excepción. A finales de los años 80 y por aquellos días en que Chávez se hizo al poder, la economía del vecino país estaba herida de muerte. La variable desempleo rondaba el 11%, la inflación llegó a estar entre el 50 y el 70% a comienzos de 1994; para 1997 en plena campaña presidencial que lo llevara al poder, el salario mínimo solo alcanzaba para comprar el 18% de la canasta familiar y el 65% de los hogares tenían ingresos por debajo de la línea de pobreza (26% en 1982). Buena parte de los bancos estaban intervenidos por el Estado después de su fallido y costoso rescate con dineros públicos que ascendían al 14% del PIB acrecentando el inconformismo popular. Atrás quedaban los tiempos de la Venezuela Saudita.

Pero si en la economía llovía, en la política no escampaba. Los dos partidos tradicionales AD y COPEI que tuvieron una especie de frente nacional llamado el “pacto de punto fijo” se alternaron el poder por un acuerdo de gobernabilidad después del fin de la dictadura en 1958, su descrédito era generalizado y la gente estaba saturada de la corrupción y los malos manejos. En 1989 sucedió el Caracazo, una vergonzosa masacre protagonizada por el gobierno contra civiles que protestaban por las medidas económicas en los albores de la apertura económica, esa fue la chispa para que el bravo pueblo buscara desesperadamente el cambio, el que fuera, pero el cambio.

En 1992 la incipiente democracia venezolana con un poco más de 30 años de implementada sufrió dos intentos de golpe de estado, uno de ellos en cabeza de Hugo Chávez, quien finalmente terminó en la cárcel. En mayo de 1993 el presidente Carlos Andrés Pérez fue separado de su cargo por el Congreso y condenado por la Corte Suprema de Justicia a dos años y cuatro meses de prisión domiciliaria por malversación de fondos. El establecimiento se autodestruía por una pelea entre sus dos mayores exponentes, el depuesto presidente y Rafael Caldera. Este último se alza con el poder en 1994 y una de sus decisiones fue indultar al próximo líder del socialismo del siglo XXI Hugo Chávez. El país quedó servido en bandeja de plata para el comunismo en 1998.

La pregunta es: ¿así está Colombia o es que así la quieren hacer ver? Para responder a este interrogante, miremos el país en cifras a febrero de 2020, que es el justo rasero antes de la pandemia. Entre el 2002 y el 2010 la pobreza monetaria se redujo de 49,7 al 37,2; entre 2011 y 2014 bajó al 28,5%, y en el 2018 se ubicó en el 27%; en 2019, la economía creció el 3.3%, nuestra canasta familiar fue la más barata de la región de acuerdo al método Numbeo- Bloomberg, la inflación se ubicó en 3,8%, el desempleo con un mal comportamiento se ubicó en 10,5% en buena parte según la CEPAL, por la presión de 1.8 millones de venezolanos, una población equivalente a la mitad de Uruguay y según el ISE en enero y febrero de 2020, la economía creció al 4.1% (promedio anual). Sin duda no es el país de las maravillas y tenemos muchos problemas por resolver, entre ellos la corrupción y la desigualdad, pero tampoco es el infierno que la izquierda nos quiere hacer creer.

Como la receta venezolana hay que forzarla en Colombia, se necesitan prefabricar las condiciones del prechavismo para cuadrar la ecuación, tener al expresidente Uribe privado de la libertad va en ese sentido, no importa que sea a través de pruebas ilegalmente recaudadas o que no haya sido vencido en juicio, lo que importa es sembrar el mensaje de que todo es un desastre. Vamos a ver quién sigue en esta cacería de brujas, por ahora el trofeo es Uribe. ¡Felicitaciones, ya fabricaron a su propio Carlos Andrés Pérez!

De la misma manera, se les apareció la virgen de la pandemia. Esta tragedia que a todos nos ha golpeado y que ha cobrado tantas vidas ahora la utilizarán mezquinamente para completar su receta. Las cosas se van a poner difíciles y ellos lo saben. Es el momento de otra estocada porque vienen números malísimos por cuenta del COVID-19. El desempleo en junio rondaba el 20% y se espera una contracción de la economía de hasta -4,5% según la ANIF, por eso muchos que le juegan a las condiciones prechavistas no ven la hora de promover nuevas protestas porque el hambre como en la Venezuela de 1989 puede llegar, no por razones atribuibles al gobierno pero eso no es un problema, ellos solo buscan un Caracazo que les de su revolución contra “la tiranía burguesa y oligárquica opresora”.

Si hay personas que persisten en la idea de que estamos muy mal o algunos terminan convencidos del ambiente prechavista prefabricado por la izquierda radical y de verdad creen que somos el peor vividero del mundo, bueno es recordar que el socialismo del siglo XXI tampoco fue la solución en Venezuela y las cifras lo sustentan: una hiperinflación de 130.000 % según (BCV), un salario mínimo de 1.5 dólares mensuales y un tanto igual en un bono de alimentación socialista pero solo para quienes están trabajando porque para los pensionados por vejez, sin excepción alguna, la pensión es de 1 salario, es decir, 1.5 dólares de hoy; un éxodo de 5 mil personas diarias huyendo de la dictadura según ACNUR y OIM, y según pronósticos del FMI para el 2020 se espera una tasa de desempleo del 50%, una contracción de la economía 35% y un caída del PIB del 25%. Como quien dice, resultó peor el remedio que la enfermedad.

En Colombia no podemos perder de vista, como diría Jon Elster, de que “los males de la democracia se curan, con más democracia” no con menos.

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