Opinión

¡Bien por ti, Dinamarca!

Por:
Septiembre 06, 2014
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Hace poco me enteré de quién recibió este año el Premio Hans Christian Andersen de Literatura. Muchos escritores reciben premios todos los años, pero para mí este es un caso especial. Esta vez, el ganador del premio fue Salman Rushdie, nacido en India y educado en Gran Bretaña. Muchos tal vez no saben quién es, otros tal vez no lo recuerden.

Además de ser un prolífico escritor, Rushdie se hizo famoso por recibir un “premio” muy especial en 1989: una fatua por parte del ayatolá Jomeini de Irán. Una fatua es un edicto religioso del Islam. En este caso, su libro Los versos satánicos fue considerado blasfemo para el Islam, y Rushdie fue condenado a muerte por el crimen de apostasía. Además, se ofreció una recompensa de tres millones de dólares a quien lo ejecutara, así que tuvo que ser protegido por las autoridades británicas. Hasta ahora ha salido ileso, pero otras personas relacionadas con el libro no corrieron con la misma suerte: el traductor japonés murió apuñalado, el italiano fue golpeado y apuñalado, el editor noruego recibió varios impactos de bala y 37 personas murieron incineradas durante protestas contra el traductor al turco. Como regalo de bodas de plata, Ahmad Khatami dijo este año que “la fatua histórica estaba más fresca que nunca”.

A mí el libro me pareció bastante aburrido, a decir verdad, pero me gusta una cita suya que encontré en otro lado:

“Dios, Satanás, el Paraíso y el Infierno desaparecieron todos un día durante mi decimoquinto año de vida, cuando abruptamente perdí mi fe. Lo recuerdo vívidamente. En ese entonces iba a la escuela en Inglaterra. El momento de la revelación sucedió, de hecho, durante una clase de latín, y después, para probar mi recién descubierto ateísmo, me compré un sánduche de jamón más bien simple, y probé por primera vez la carne prohibida del cerdo. Ningún rayo llegó a golpearme. Recuerdo el sentimiento de que mi supervivencia confirmaba lo correcta que mi nueva posición era”.

Para mí es especial este premio porque respeto el valor que tienen los países —en este caso Dinamarca—que defienden a sus ciudadanos, sus gustos y/o costumbres con actos civilizados y llenos de respeto, no con violencia y censura. Recordemos que hace poco Dinamarca pasó por una complicada situación diplomática y de seguridad nacional por unas caricaturaspublicadas en un periódico. Suecia ha pasado por situaciones similares. También hay muchos individuos que tienen el valor necesario para confrontar a quienes quieren imponer sus creencias con violencia. Por ejemplo esta señora, quien defiende su derecho a ser seglar diciendo: “usted puede creer en las piedras si quiere, pero no me las tire a mí”. Debo decir que no estoy de acuerdo con mucho de lo que dice (sobre todo en cuanto al pacifismo del pueblo judío), pero que tiene cojones, ¡los tiene!  ¿Y qué tal esta señora? Habrá que ver el documental “The Aryans”.

Estoy de acuerdo con que todos tienen derecho a que se les respeten sus creencias, eso no lo pongo en duda. Pero lo que no comparto es que recurran a la violencia para hacerse defender o para “convencer” a otros a que se unan a su dogma. Esto es en parte la causa de algunas reacciones bastante indeseadas y algunos sentimientos nacionalistas en Europa, los cuales por supuesto, también rechazo. Normalmente escucho personas que aunque rechazan la violencia, la explican diciendo que el otro sabía que no debía “alborotar el avispero” y que es injusto que los contribuyentes tengan que pagar los costos que implica proteger a estas personas (quienes simplemente quisieron expresar lo que sentían de una manera civilizada).

Es típico de los occidentales pensar que esto es solo cosa de musulmanes, pero es una característica transversal de las tres religiones abrahámicas. Jared Diamond nos recuerdacómo los conquistadores acabaron con Atahualpa y su pueblo cuando este, que nunca había visto un libro, rechazó la Biblia porque “no escuchaba la palabra de ningún dios”. Ni hablar del sinnúmero de mujeres inocentes que fueron acusadas de ser hechiceras y quemadas vivas, o de innumerables librepensantes y científicos que fueron torturados y asesinados por contradecir la autoridad de la Iglesia católica. Las guerras que adelantan en el Oriente Medio los Estados Unidos, un país regido por religiosos, son otro buen ejemplo. De hecho, George Bush padre alguna vez dijo: “Yo no creo que los ateos deban considerarse ciudadanos, ni patriotas. Esta es una nación bajo Dios”. Por supuesto, su hijo también se manifestó con otra joya que resalta lo que ellos creen es su misión en este planeta: “Yo creo que Dios quiere que todos sean libres. Y eso hace parte de mi política exterior”. También conocemos las injusticias que cometen los judíos cada día. Alguna vez leí una divertida frase de Havelock Ellis: “Toda la complejidad religiosa de hoy en día se debe a la ausencia, en Jerusalén, de un asilo para lunáticos”.

Hay algo que yo definitivamente no entiendo, y es por qué un ser omnipotente y todopoderoso necesitará que lo defiendan con semejante violencia, sabiendo que puede enviar un rayo en cualquier momento contra los que lo… ¡oh, oh! ¡Rushdie y su sánduche de cerdo!

 

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