"Basta ya de que nos vean como estudiantes y maestros bonsái"

En homenaje a nuestra juventud universitaria, manifiesto por la indignación 

Por: Piedad Ortega Valencia
diciembre 03, 2018
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.

1. Nos están arrebatando el aire, el agua y la tierra. Nos están arrancando de raíz nuestras corporeidades. Nos están hipotecando el porvenir. Nos preguntamos: ¿a qué sabe la indignación en estos tiempos? Sabe a derechos urgentes, pendientes e impostergables.

2. Sabe a este grito en la garganta que atraviesa tu piel y mi piel. Sabe a esta angustia que a veces se queda pegada en las manos, pero que también es trigo, huesos y semillas. Se pega al lomo del viento para poder respirar y tomar aliento. Un aliento compartido. Un aliento colectivo. Un aliento pa' caminarlo pegado a tu sonrisa.

3. No puede haber lucha, resistencia, huelgas, paros, asambleas si nos están asesinando. ¡A la vida, la vida misma! Cada asesinato de un líder y lideresa social necesita ser asumido como una huella permanente en nosotros. Nos duelen, nos hablan, nos reclaman. Que la piel de los tambores suenen por doquier. Que nuestras venas se vistan con sus nombres. Que nuestras voces respiren con sus memorias. Que sus pasos, amores y luchas estén aquí y siempre en presencia y polinicen estos mapas del futuro. No podemos olvidar. No podemos guardar silencio. No podemos resignarnos. Por ellos y nosotros. Por tantos otros. Reclamamos justicia por tanta memoria en cementerios. Reclamamos justicia.
Todos nuestros derechos son urgentes y están pendientes. No aguantamos ya tanto credo del optimismo en torno a la afirmación de los derechos envueltos en una retórica refinada y apalancada en el marco jurídico del "nosepuede", pero habitando en un mundo feliz que nos regala la ilusoria fraternidad de comunidades pedagógicas, comunidades filiales, emocionales y políticas.

4. Hay que descolocar y deslocalizar el lenguaje con el que hoy se nombra a la formación de una generación de jóvenes estudiantes universitarios: Generación E (desde las 6 E: eficientes, eficaces, emprendedores, exitosos, empresarios de sí mismos y endeudados). Se pretende manipular las condiciones estructurales de la injusticia que tiene la tarea del control de la conciencia social sobre la existencia de las desigualdades y las exclusiones. Hoy se pretende meter a los jóvenes en un formato con un exceso de moral para higienizar sus cuerpos. Los estamos acostumbrando a tener los labios sellados por el miedo, el ahogo, la pesadumbre y tanta cínica mentira universitaria.

5. Va y viene. Vuelve y y está ahí en el espacio-tiempo de la universidad, de la escuela y de todo espacio social. Es la presencia de los conflictos que habitan en cada uno de nosotros y por tanto se despliegan en cada gesto. La convivencia es la piel de la corporeidad. Una corporeidad que se enlaza con los tiempos, espacios, acontecimientos y saberes que cada sujeto teje para otorgarle sentido a un proyecto formativo y organizativo. La convivencia se viste con los rituales y rutinas cotidianas. La convivencia está presente en una nueva y necesaria forma de estar juntos. Por ello la convivencia se sitúa en la política de lo colectivo, en los afectos y las afecciones. No queremos políticas de higienización sobre nuestros actos. El marco normativo existente nos están llenando de patologías, de conductas irregulares y de riesgos que intentan intervenirnos desde todo tipo de control.

6. ¿Que los maestros y maestras estamos precarizados? Lo sabemos, pero más que saberlo, lo sentimos en nuestra corporeidad que cada vez se hace más obediente y subordinada. Cada vez, nos recluyen y expulsan. Cada vez, cada tanto, para que nos garanticen el contrato del próximo periodo académico asumimos una actitud mendigante. La precarización del trabajo se materializa en la demolición de la protección social, la negación de derechos laborales ante contratos cada vez desregularizados y flexibilizados y se expresa en bellas declaraciones que conmueven como “seamos emprendedores”, “conviértete en un mini-empresario de tu propia práctica pedagógica”.

7. Las políticas públicas educativas está produciendo jóvenes bonsái: empequeñecidos, disminuidos, relegados a una gotica de agua al mes. Se asumen como mera decoración para las retóricas del buen gobierno (nacional y los gobiernos de las universidades públicas) en torno a la excelencia, la calidad educativa y a las falsas bondades de la inclusión.

8. Para nuestro porvenir no queremos que nos tomen fotografías como los frustrados y fracasados“ faisán” que tienen alas pero no vuelan. Apenas sí se pueden arrastrar. Para nuestro porvenir que se cierren los circos de las simulaciones y de las mentiras permanentes. De las fotos con “sonrisa de ponqué” dulzonas, radiantes y esplendorosas frente a los procesos de acreditación. Que se muestren las fisuras del decorado, que se despinten las fachadas de tanta pintura falsete.

9. Que la sonrisa de la Mona Lisa nos diga cuanta retórica hemos gastado en bellas declaraciones sobre la autonomía universitaria. Qué se caricaturice la desconfianza hacia la educación pública. Que se almidonen tanto burócrata y pragmático que han sido cómplices en la formulación de las políticas educativas, que han desplegado sentencias sobre el “buen vivir”, que han elaborado las planillas de la rentabilidad educativa. Nuestra precarización es tanta y ya se arrastra que le agradecemos al verdugo que nos dejen tuertos para que nos nos saquen los ojos.

10. Construiremos con el uno más uno que grita:

Nos indignamos

Como una poética de la resistencia,

—al modo de la araña que sube por la escoba que la barre—.

Nos indignamos

Con lo que somos, sabemos, pensamos y soñamos.

Nos indignamos

Como luciérnagas, con el resplandor colectivo.

Nos indignamos

y salimos a la calle, al barrio, a la vereda, al pueblo, a la plaza, a la iglesia.

Con aguacero, con sol, con nubes, con sonrisas al viento.

Nos indignamos

Y nos quitamos la silicona de los labios.

para decir, nombrar, gritar no más parodias y simulaciones

 con los discursos de la calidad, excelencia, inclusión, prácticas exitosas, acreditaciones, en suma, todo un credo del optimismo.

Nos indignamos y decimos ¡Basta ya!

De posturas neutrales,

De complacencias ingenuas,

De acomodamientos,

De gestos pusilánimes.

De inercias

De miedos colgados

en la puerta de nuestra casa o metidos en el forro de la almohada.

Decimos

¡Basta ya!

De políticas del empequeñecimiento,

¡Basta ya!

De que nos vean como estudiantes y maestros bonsái

minimizados, recortados, precarizados.

Entre todos construyamos un nosotros

y empujemos la esperanza con utopía, con grandeza y coraje

porque nuestra resistencia es insumisa, desobediente, disidente, transgresora,

fascinante, amorosa, batalladora, subversiva y políticamente insurrecta.

 

Seguiremos insistiendo con nuestras voces y corporeidades en resistencia. Empujando. Estando en la calle y en el aula. En la asamblea y en el paro. Seremos incansables y militantes con la vida y la exigencia de la educación como derecho.

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