"Así vi asesinar a mi padre, el comandante del M-19, Iván Marino Ospina": Jorge Iván

Con este testimonio el exalcalde de Cali, hoy senador electo, en su calidad de víctima le hace un llamado al Presidente Santos para que no utilice la paz como una bandera de su reelección.

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abril 09, 2014

El tiempo, solo el tiempo logra borrar los momentos mas difíciles, sin embargo muchos de ellos se escriben con sangre y dejan huellas permanentes.

Es difícil recordarlo con detalle, en ocasiones voy al apartamento en la unidad Santiago de Cali con el propósito de revivirlo y aunque allí están las mismas paredes y algunos de los muebles, no puedo. El tiempo y la necesidad de borrarlo intentan ser mas fuertes.

Sabia que estábamos en guerra, tengo grabadas las palabras premonitorias de mi padre “en una guerra es muy fácil morir y en esta guerra que libra el M muchas personas morirán antes de conquistar la paz”, esas tres letras me motivaron a salir de la Habana, mi refugio “mi todo refugio“, para ver lo que todos llamaban el dialogo nacional y la oportunidad de paz. Sin embargo, como ha ocurrido de manera sistemática y no silenciosa, muchos mas le apostaron a la guerra, a la muerte de unos y de otros, de acá y de allá, como consignando para siempre o por lo menos por mucho tiempo que para este pueblo la paz no seria un parto fácil.

Era de noche estábamos viendo las noticias y alguien tocó a la ventana, un vigilante de acento caucano susurró “lo están buscando, saben donde vive”, e inicia una huida sin éxito, rondamos por horas en un pequeño carro por el centro, se pensó en subir a Siloé, o ir al Distrito, incluso viajar hacia el Cauca, pero pudo mas la confianza y llegamos a los “CRISTALES”

Hablamos, había alegría, una vez mas se alejaba de la prisión o la muerte, habían pasado ya unas horas de la primera información y sentía que allí estaba seguro. En medio de llamadas y obvias conversaciones me indican donde dormir, tuve un sueño corto en el que me trasladé al mar recogiendo estrellas y caracoles, viendo grandes buques. De pronto escucho un estruendo mientras gritan mi nombre, él estaba tranquilo mas sereno que de costumbre, asume el fusil y me dice, “cuida a tus hermanos”. Las batallas se llenan de consignas para amedrentar al enemigo y superar el miedo, la pólvora enardece, se aspira y motiva, los tiempos son eternos y durante algunos minutos todo se estremece, tiros van y vienen, cada bala suena un par de veces, a su salida y en su inevitable punto de llegada, casi está amaneciendo, mientras suena el teléfono se encima al contrario, él sale a la terraza e intento hacerle retroceder pero dos silbidos llegan, uno roza mi cuello y el otro fatalmente certero atraviesa su torax, “me mataron” me dice, como queriéndome decir mas cosas sin poder, lo retiro de la línea de fuego y cierro sus ojos, grito por un rato.

Quedó paralizado y aturdido, todo me da vueltas, solo escucho un zumbido largo de chicharra lejano, pero el tiroteo se agudiza y copa cada espacio, caen pequeñas cargas de explosivos y las consignas son ahogadas por armas de mayor calibre; el único compañero que aún responde al fuego se parapeta en el segundo piso y me dice adiós con la mano mientras la familia Marín se resguarda en el baño. En un instante reacciono, decido abrazarlo y besarlo, lo arreglo, le repito cuanto lo quiero, cuanto lo amo. Ya nada importa y aunque el tiroteo continua y las balas replican cerca de mi, nada pasa; él sigue caliente y me preocupa que este expuesto, lo muevo hacia adentro y continuo abrazándolo como fantaseando con curar sus heridas y evitar que el frio penetre su cuerpo, lo que sigue es recoger sus documentos, armo un incendio con ellos, hago una llamada, no recuerdo a quien, le cuento que Papá ha muerto.

Cuando se ha perdido tanto lo demás no importa, se soportan la tortura, la cárcel y la ausencia de todo, por un tiempo se auto-incrimina y se culpa, pero cuando se supera llega una motivación especial de trabajar para que no ocurra mas, liderar para transformar, comprendiendo que no somos un pueblo malvado destinado a matarnos por siempre.

Si Sr. Presidente, “La paz es la victoria”

Pero no la paz en vano para que todo quede igual, esa no es duradera, es efímera. Se trata de hacerla con una base ética construida colectivamente, con perdón, reconciliación, reparación y rectificación, con verdad, que intervenga las causas de la guerra que ha motivado a algunos y obligado a otros a empuñar el fusil, la que transforma la tenencia de la tierra y define que la unidad nacional no es con los mismos de siempre, es con los afro, indígenas, ambientalistas, raspachines, mineros legales e ilegales, deportistas, gestores culturales y campesinos, esa es la unidad nacional que alcanzará la victoria y tal como usted lo dijo LA PAZ ES LA VICTORIA.

Pero Sr PRESIDENTE la paz como argumento para la reelección no es generoso es humillante, intenta atrapar un derecho de todos, en unos pocos.

La PAZ la conquista mas importante de la nación colombiana debe ser lograda como una politica de estado, y si hemos forjado nuestra identidad y nación en guerras sucecivas, para el siglo 21 es fundamental forjar nuestro futuro desde la PAZ , se lo debemos a futuras generaciones y ud como lider debe dejar ir la paloma de la paz desde su campaña a cualquiera que como hombre o mujer de estado asi la asuma

Jorge Ivan Ospina Gomez

*Los sucesos narrados corresponden a la muerte en combate de Iván Marino Ospina Marín el 28 de agosto de 1985 en el barrio los cristales de Cali

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