Opinión

“Aquí va a llover billete de la cooperación”

USD 3000 millones es el monto esperado de los países cooperantes en los próximos cinco años. Si nos atenemos al 10 %, de la tajadita, ese podría ser el valor de la corrupción

Por:
julio 27, 2016
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Hace apenas unas semanas, luego de la primera luz de un acuerdo definitivo entre el Gobierno colombiano y los negociadores de las Farc, le escuché decir al gerente de un proyecto financiado con dineros de cooperación internacional, que se avecinaba “la gran bonanza”. El sujeto, no dio mayores explicaciones sobre los alcances de su frase, pero el cruce repetido de sus anulares sobre sus índices, delataron su interés por los recursos que llegarán para el posconflicto, como ha sido llamado por el Ejecutivo.

Frases parecidas con nuevas cargas y matices, he vuelto a escuchar los días que siguieron a la firma, con variaciones que van desde: “La bonanza de las ayudas” “Los apoyos millonarios a la paz”, “La chequera del posconflicto”, hasta la disfrazada y burda: “Aquí va a llover billete de la cooperación”.

La cooperación internacional ha estado de manera formal en Colombia desde los años 70, su presencia ha ido variando con las transformaciones sociales del país y con los sucesos que demandaron su asistencia para superar o equilibrar el bienestar de la gente que los sufrió.

 

Han sido cuatro décadas completas de cooperación internacional
de la que se han beneficiado fundaciones de toda estirpe, corporaciones de toda laya,
operadores de una variedad de abolengos y entidades de indefinida ralea

 

Han sido cuatro décadas completas de cooperación internacional de la que se han beneficiado fundaciones de toda estirpe, corporaciones de toda laya, operadores de una variedad de abolengos y entidades de indefinida ralea. El manejo de los recursos no siempre ha sido transparente y la honestidad de aquellos encargados de ejecutar los proyectos sigue produciendo incertidumbres, además sin rendir cuentas a esa comunidad de la que se aprovechan.

Los números y proyecciones del gobierno de Santos, muestran nuevamente en mi memoria, el regocijo de aquel que pronunció la frase: “Aquí va a llover billete de la cooperación”. La cifra: “Tres mil millones de dólares”, monto esperado que los países cooperantes entreguen en los próximos cinco años. Una cifra, en realidad, pequeña, si anotamos que para los expertos de Planeación Nacional tal monto es apenas el 10 % del total necesario para cubrir los compromisos al implementarse los puntos acordados en La Habana.

Si nos atenemos a las viejas-nuevas prácticas del dulce 10 %, de la tajadita, del CVY (Cómo voy yo ahí) o la renovada porción de mermelada, ese podría solo ser el valor estimado de corrupción que quedará en manos de las ONG, fundaciones, corporaciones, contratistas, o ejecutores de proyectos de cooperación internacional en regiones que soportaron la guerra y guardan la esperanza de nuevas tranquilidades.

En la extensa zona de Montes de María, por ejemplo, en donde ocurrieron más de 50 masacres que generaron 1500 familias desplazadas, Planeación Nacional anunció que en el posconflicto se harán obras que costarán más de 10 billones de pesos. En Montes de María, cuatro de cada diez habitantes es pobre, y solo 2, de cada 10, es titular de la tierra que necesita para desarrollar sus actividades agrícolas. Los compromisos de las administraciones departamentales y municipales están cantadas, lamentable advertir que parte de ese dinero destinado a las víctimas se sumará a los porcentajes de corrupción, porque los modelos de la deshonestidad siguen siendo los mismo de los años 60.

En 40 años, los llamados cooperantes, los miembros de las organizaciones internacionales, y los agentes del Estado encargados de los manejos de los recursos, hoy la Agencia Presidencial para la  Cooperación Internacional, han fallado en algo tan sencillo y necesario para generar desarrollo como es la construcción de confianza, esa misma que ahora hace falta, en un momento en que  “va a llover billete de la cooperación”, aunque suene burdo o sospechoso.

 

 

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