Anomalías, antigua normalidad o nuevas inquisiciones…

Seguimos desconociendo nuestros motivos y confundiendo las causas. Por eso cada ciclo representa otro ciclón

Por: Germán Vargas G.
junio 09, 2020
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Anomalías, antigua normalidad o nuevas inquisiciones…
Foto: Pixabay

Durante 2019, los expertos convenían que solo un "cisne negro" alteraría la normalización que supuestamente estaba consolidando la economía global, tras la crisis de la primera década del siglo. Contraviniendo su enfoque, el fenómeno COVID-19 fue un rayo que iluminó la oscuridad que mimetizaba tantas disfuncionalidades resignadas o legitimadas.

El contagio de la pandemia/recesión fue producto de las anomalías que incubó la humanidad, desde su "antigua" normalidad; pese a los aparentes progresos e "innovaciones", persiste la negativa correlación entre sostenibilidad y economía, esperanza y calidad de vida. Ahora, la histeria episódica volvió a revelar "nuevas" pesquisas.

Pues bien, Borges advertía en Otras inquisiciones una persistente "anomalía", donde "la causa es posterior al efecto, el motivo del viaje es una de las consecuencias del viaje". Resalto una palabra cuyo significado es confuso, pues puede hacer referencia a un funcionamiento defectuoso, la desviación de un indicador previsible (regular), o un cambio respecto de lo que se considera normal. Las tres alternativas aplican en este caso.

Como breve síntesis, el feudalismo era sinónimo de esclavitud, tal como el capitalismo (y su antítesis). El nacionalismo y la crisis del 29 conectaron el periodo entreguerras; posteriormente se erigió el multilateralismo, sin vocación de construir una visión común, y una realidad equitativa y sostenible, conforme demuestran los hechos.

El Plan Marshall rescató a los aliados europeos, y reforzó diversas divisiones que persisten, según demuestra la torpe Unión Europea. Prometiendo un punto de inflexión, Bretton Woods no pasó de ser algo diferente a la reunión anual del Foro Económico Mundial, que tiene en su agenda más farándula que sustancia.

Acomodando las reglas comerciales y financieras, EE. UU. y Europa se repartieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entes cuya costosa burocracia tampoco apalancó la solución de los problemas estructurales; de hecho, no solo quebraron a las soslayadas economías emergentes.

En retrospectiva, la OMC cometió errores similares a los de la OMS, y mantiene el protector estatus de economía en desarrollo a gigantes como China, cuya mutación del capitalismo (comunista) manipula todos los sistemas.

Aunque se trate de doble moral, no sorprende que EE. UU. amenace con retirarse de esos organismos, que antes miraban para otro lado cuando los verdugos eran la UE y EE. UU. (dejen de personalizar el análisis mediante Trump); por demás, la falta de coordinación global durante la pandemia refleja lo que habían demostrado previas amenazas de cataclismo, como el calentamiento global y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pues el Acuerdo de París y la Agenda 2030, no eran vacunas: fueron diseñados para funcionar como simples tapabocas, que además han estado aplicando mal.

Colmo de males, el terremoto actual dejará heridas, y seguirá debilitando las bases de Naciones Unidas, fracturadas por bloques que demuestran el poder de los accionistas mayoritarios, tal como sucede en el corporativismo. En las mismas "inquisiciones", Borges cuestionaba nuestro pobre individualismo, señalando que los nacionalistas (y, agrego, "globalistas") ignoran a sus supuestos ciudadanos, que involucionaron en "individuos" pues no se identifican con sus Estados.

Lo anterior acarrea una paradoja y una consecuencia. Primero, la ineficacia tras la apariencia de integración y desarrollo; considere al "cuarto" mundo, que incluye a los excluidos que nacieron en países avanzados. Segundo, la guerra tributaria, monetaria y arancelaria, la ganará la autarquía, pues la conquista sustituyó a la prometida complementariedad, y los préstamos multilaterales no representan auxilio sino usura.

Quizás no esté mal probar esa fórmula; cuanto menos, sincerar nuestra línea base parece apropiado para proyectar una realidad diferente. Además, según los pensadores griegos, de la "antigüedad", la autosuficiencia es el estilo de vida ideal.

Respecto a las implicaciones del caso colombiano, sería la oportunidad de no pensar en ser la "despensa del mundo", sino la huerta que garantice el fin de la desnutrición/malnutrición en nuestro territorio, para empezar. En cualquier caso, aunque Gaviria dio la bienvenida al futuro en 1990, según el Banco de la República no somos país importante ni exportante (Comercio exterior en Colombia. Política, instituciones, costos y resultados, 2019), y el Costo Colombia es inviable.

Todo esto pasa mientras las apariencias nos siguen pasando factura, pues como buena nación arribista nos declaramos "país en desarrollo" —tal como Argentina, Brasil y Costa Rica; China, Hong Kong y Corea del Sur; Singapur, India, Sudáfrica, Malasia y Vietnam—, y, por esa razón, EE. UU., nuestro presunto aliado, nos sacó de su lista de países con "preferencias y trato especial" (11/2/2020).

Seguimos desconociendo nuestros motivos y confundiendo las causas. Por eso cada ciclo representa otro ciclón.

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