Anoche me volví a embriagar

"Colombia no es un país, sino un bar. ¿Y qué se hace en el bar? Se bebe, se grita y se trata de pasar bien sabiendo que no se le puede exigir mucho"

Por: Felipe Szarruk
junio 23, 2021
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Anoche me volví a embriagar
Foto: Pixabay

Anoche volví a beber, era lunes, comencé la semana ebrio. La semana pasada bebí tres veces, creo. Como no tengo mucho dinero, me toca beber vodka nacional, me gusta más el vodka que otra cosa. Me emborraché porque es muy difícil soportar sobrio la realidad. Es difícil levantarse para ver en el noticiero cabezas cortadas metidas en una bolsa. Es difícil saber que pertenecía a un estudiante. Es muy difícil levantarse y descubrir que el país le paga tres millones de dólares o más a un técnico que dirige una selección que solo sabe fracasar y que hoy tengo que hacer mil maromas para pagar un arriendo que nos costó mucho conseguir, porque en este país para que uno pueda tener ese “derecho” a una vivienda digna, consignado en el libro de chistes llamado constitución, toca que otro se endeude por usted o, peor, algunos tienen que comprar los fiadores chimbos, como todo en este país… chimbo.

Ayer bebí nuevamente para olvidarme que la EPS me dio la cita para una ecografía dentro de cuatro meses cuando posiblemente el tumor que se está formando ya tenga mucha fuerza y otro de los médicos inservibles y prepotentes diga que “no se descubrió a tiempo”, bebí para olvidarme que tenía razón cuando les dije a todos mis amigos que la única forma en que Colombia alcanzaría la inmunidad del rebaño era contagiándose porque las vacunas nunca iban a llegar y sí llegaban se las robarían, o no habría segunda dosis, o cualquiera de las cosas que vemos que está sucediendo, por eso bebí de nuevo, para lograr soportar el dolor de saber que me tocó vender una guitarra y pude vacunarme en otro país mientras veía como más de dieciséis amigos sucumbían en las clínicas y dejaban su vida intubados mientras los bares eran culpados y San Victorino ebullía de comerciantes.

Ayer bebí de nuevo, me emborraché, porque me sirve más que las doce pastillas baratas diarias que me recetaron unos niños recién graduados y que me han ocasionado hasta un infarto, bebí para soportar el estrés que produce haber nacido acá, para soportar saber que los amigos no son personas sino momentos y que en Colombia no se puede confiar en nadie, ni en uno mismo. Bebí para poder disfrutar la música nuevamente porque acá la dañaron, el rock que tanto amaba lo convirtieron es una asquerosa papayera eléctrica que hace doler los oídos, entonces seguí bebiendo y colocando música vieja para olvidar en donde estoy y que no se me vinieran a la mente todos esos “periodistas”, “músicos”, “curadores” y demás genios autonombrados que se han robado todo el dinero del arte, para acordarme que no hago eventos públicos ni monto un bar solo por no pagarle la mordida a los mafiosos de Sayco.

Anoche mi esposa también bebió conmigo, se fumó seis cigarrillos y por fin pudimos sentarnos a hablar de nimiedades, a reírnos, a cantar, porque cuando estamos sobrios toca mirar cómo hacemos para pagar todo, aunque tenemos buenos trabajos eso no alcanza y bebiendo le conté como haciendo “Rappi” en New York ganaba seis veces más que ella siendo directora de comunicaciones de un banco en Bogotá, y bebiendo le conté que lo más triste era que el regalo que le traje costaba seis veces acá lo que cuesta allá. Así que bebí para no darme cuenta de que las personas son idiotas, que son borregos que se han tragado ese cuento del “país más feliz del mundo” y que lo único bueno que tiene Colombia es ese optimismo tóxico en el que todos piensan que “va a mejorar” así estén nadando en estiércol, por eso bebí.

Y así podría seguir enumerando motivos para beber, para seguir bebiendo en este bar que es Colombia, porque no es un país, sino un bar. ¿Y qué se hace en el bar? Se bebe, se grita y se trata de pasar bien sabiendo que no se le puede exigir mucho, es un bar y un bar es para beber y para cuidarse de que no lo maten mientras lo hace. Hace mucho tiempo dejé de pensar que esto es un país y eso me pone un poco más tranquilo, mi bar, mi gran fosa común, mi manicomio, mi centro de abuso de alcohol.

Y lo peor de todo, es que acá todos siempre tienen un consejo para “un alcohólico” como yo, siempre saben como ayudarte, a donde ir, los genios de este país se las saben todas, saben que es malo beber, que me puede matar, que me puede hacer daño, que me puede dar cirrosis… saben cómo se gana el partido, saben cuál es la solución para absolutamente todo, porque cada realidad acá es la verdad y no acepta otra así los argumentos le desbaraten su campo de distorsión de la realidad. Para lo que nunca han tenido un consejo es para ver cómo cambiamos esto, esta realidad de muerte y miseria, esta realidad de dolor y necesidad en donde solo hay dos salidas, o beber como yo cada día o la internacional del Aeropuerto El Dorado.

Entonces, seguramente seguiré bebiendo, porque cuando uno habla de estas cosas, la gente mira hacia otro lado o sencillamente te llaman “loco”, “apátrida”, “si no le gusta váyase”, “afuera hay lugares peores” pero nadie es capaz de levantarse y decir, estamos muy mal, hagamos algo, hagamos algo de verdad.

Hasta que la realidad deje de existir, ¡¡¡salud!!!

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