Anmistía general: un mensaje para los puros de corazón

Esta medida tiene mala fama entre los tibios. Sin embargo, es una salida para poner los ojos en los crímenes actuales y avanzar en términos de paz y reconciliación

Por: Dario Hidalgo
septiembre 02, 2021
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Anmistía general: un mensaje para los puros de corazón
Foto: Leonel Cordero

Se propuso la amnistía general como una medida pragmática para terminar con tanta polarización que nos corroe y no demoraron los puros de corazón a lanzar la primera piedra. Creen que su tibieza los exime de culpas en el conflicto que vive el país. Los indiferentes son cómplices por indolentes. Si tomaron partido igual, simpatizar con uno de los bandos es ser cómplice de sus atrocidades, buscan lapidar a quienes ejecutaron los más profundos deseos del otro bando. ¿Quién es peor?, ¿aquel que desde la barrera instiga al delito o el ejecutor? Desde sus cómodos sofás prefieren que el dolor que causa el conflicto se perpetúe, pero que su sed de venganza quede satisfecha.

Hay que empezar por reconocer que todos los colombianos, ya sea por acción u omisión, hemos participado en el conflicto y de alguna forma hemos hecho algún tipo de daño a la contraparte. Hay que recordar que la indiferencia es un tipo de complicidad. Si usted se hace el loco ante el daño que le hacen a su vecino, de una u otra manera está siendo cómplice del delito.

Colombia definitivamente requiere de un punto de quiebre en su historia; la espiral de violencia que sufre nuestro país desde hace seis siglos cuando llegaron los europeos parece no tener fin, la violencia y las injusticias del pasado no nos permiten progresar. Colombia es un país que tiene un potencial enorme; a pesar de tanta corrupción, violencia y crisis de valores de todos sus habitantes, mantenemos un nivel aceptable de desarrollo en comparación con nuestros vecinos. Es fácil imaginarse que sin esos lastres el país podría convertirse en una potencia emergente en el ámbito mundial.

No podemos ver al futuro porque siempre estamos lamiéndonos las heridas del pasado: la izquierda no perdona las ofensas de la derecha y viceversa. Es imposible la reconciliación porque como requisito para lograrla se exige la aniquilación del contrario, la cárcel, el olvido, la muerte política del adversario. Solo se reconocen los delitos de la otra parte y se exige castigo para ellos; los propios son actos patrióticos en defensa de Colombia y de estos solo se espera impunidad.

La búsqueda de justicia es una utopía, porque para la mitad de los colombianos es una y para la otra todo lo contrario. El rencor que genera la expectativa de esa justicia hace imposible la reconciliación del país y la creación de una nación donde quepan todos los espectros políticos más allá de sus diferencias.

El concepto de nación es fundamental en los Estados más avanzados de la historia del mundo. Hay que buscar unos puntos que unan a todos los habitantes sin importar que en otros se tengan diferencias. Estos mínimos en los que todos concordamos podrían ser: la lucha contra la corrupción, la búsqueda de la prosperidad colectiva, la defensa de la democracia. Y la primera piedra con la que se empiece a construir la nación podría ser la amnistía general de la que ya están hablando Uribe y Petro (los dos con cuentas pendientes).

La amnistía general es un tema pragmático. Se deben sacrificar los deseos de justicia que arropen a un grupo en beneficio de la paz de la nación. Se deben amnistiar todos los delitos cometidos en el pasado sin excepción, como son el secuestro, las masacres, el reclutamiento de menores, los falsos positivos, la rebeldía, la conformación de grupos paramilitares, incluso la financiación de grupos terroristas por medio del narcotráfico.

Los beneficios son dos: la misma justicia sale bien librada, ya que se dedicaría a investigar y castigar los delitos que se comenten en el presente, que son los que más afectan la mayoría de ciudadanos, habría una descongestión de las fiscalías y juzgados que permitirían exigir resultados y evitar la impunidad rampante.

En otras palabras, por estar ocupada en los delitos del pasado, la justicia deja impunes los que se comenten en nuestros días. El segundo y no menos importante es la tranquilidad de todos porque es injusto administrar justicia a un solo grupo, mientras que el otro queda impune. A eso es a lo que se opone, por ejemplo, Álvaro Uribe Vélez: se le investiga la conformación de grupos paramilitares, él tiene que renunciar al Senado. Mientras tanto, en la guerrilla, que cometió delitos igual de horrendos como el secuestro, sus líderes tienen curules en el Congreso y no van a cumplir un solo día de cárcel.

Se podría pedir justicia para ambos, que se pudran en la cárcel tanto los líderes de derecha como los de izquierda. Con eso se tranquiliza la conciencia, pero la pregunta es: ¿sí es posible que eso algún día ocurra? En mi opinión, es imposible puesto que hay tratados firmados que desde ya garantizan la impunidad de uno de los grupos involucrados en el conflicto. Tratados que son protegidos por la legislación nacional e internacional y que difícilmente se pueden romper democráticamente.

Entonces, o todos en la cama o todos en el suelo. Yo prefiero que todos estemos en la cama y no en la cana.

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