Alternancia versus COVID-19

Si entre los trabajadores se logró adquirir disciplina para evitar el contagio, ¿por qué este sector no puede garantizar el retorno seguro a las aulas?

Por: Augusto Rafael Terán Lora
enero 15, 2021
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Alternancia versus COVID-19
Foto: Pixabay

Colombia y el mundo se encuentran bajo los efectos de una pandemia ocasionada por el nuevo coronavirus COVID-19, que inició con un brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019. Sus consecuencias han sido catastróficas en todos los ámbitos relacionados a los seres humanos. A mediados de marzo el Gobierno nacional a través del decreto 417 de marzo 17 de 2020 declaró un Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica en todo el territorio nacional y se decretó una cuarentena estricta como medida de mitigación de la propagación del virus, que fue prorrogada a través de decretos presidenciales.

Mundialmente en estos momentos, la suma total de muertos sobrepasa el millón y medio y la cifra de contagios oscila entre los setenta millones, con una economía global que todavía no se repone. En nuestro país se registran 43.500 fallecimientos y 1.650.000 contagios. Aun no se tiene certeza de la efectividad de la vacuna y sus posibles efectos secundarios, así como también la capacidad económica y logística que demanda una inmunización total de la población. La educación ha sido la más afectada, ya que 1.370 millones de estudiantes de colegios y universidades se encuentran sin clases presenciales en al menos 138 países del mundo. Para el caso de la educación en Colombia, de acuerdo con las directivas del Ministerio de Educación Nacional, se brindaron orientaciones para la implementación de estrategias pedagógicas de trabajo académico remoto y un plan de complemento alimentario para que los estudiantes consuman en casa.

El gobierno ordenó que estudiantes y maestros se fueran a sus hogares en una modalidad de educación virtual, a la cual solo un 30% de la población estudiantil cuenta con conectividad a través del acceso a Internet. La gran mayoría de los estudiantes desarrollarían el contenido curricular con guías académicas físicas diseñadas por los docentes. Pero es en la educación donde más se profundiza el problema de esta pandemia, porque los efectos ocasionados en la comunidad estudiantil no son solo de tipo cognitivo, si no también emocional para los estudiantes. Somos los docentes, los padres de familia y el apoyo psicológico los que hemos evidenciado con mucha preocupación la situación de la falta que le hace a un estudiante interactuar con sus compañeros.

Nunca es igual una educación de manera remota y desde la casa a la educación impartida en el aula con un docente guiando el proceso educativo de forma presencial. Cualquier tipo de reforma propuesta en contra de las clases presenciales es equivoca. Razón por la cual somos los docentes, los padres de familia y los estudiantes los que tenemos que defender unidos la educación de forma presencial. Sabemos que el virus continuará conviviendo entre nosotros por largo rato, aun existiendo la vacuna. Al momento llevamos 10 meses de aprendizaje para evitar el contagio y ya hemos evidenciado las falencias tanto del sistema de salud, como del sistema educativo, enumerarlas sería caer en la redundancia, y que vacuna disponible para todos por el momento aún no hay.

Gracias al esfuerzo implementado por los educadores, estudiantes y padres de familia, el año lectivo 2020 se sacó adelante, aunque los resultados no fueron los más anhelados, ya que aumentaron las cifras de reprobación y deserción escolar que, de acuerdo con el Ministerio de Educación, aproximadamente 260.000 niños abandonaron los colegios en lo corrido de esta pandemia. ¿Cuál será la suerte de estos niñas y niños desertores? Con estas estrategias implementadas se evidencia que el sector educativo está sumido en una crisis, ya que ni la educación remota, ni las guías académicas físicas para resolver en casa no son panaceas. Se pueden tomar como opciones transitorias porque son ayudas educativas. Estas circunstancias van en detrimento de la calidad educativa; y los más afectados son los estudiantes que viven en zonas rurales, ya que las brechas tanto en el aprendizaje, como en el desarrollo emocional se amplían.

¿Qué hemos evidenciado hasta ahora en Colombia en cuanto al comportamiento de la pandemia? Luego de haber superado un primer pico, se ha evidenciado en los últimos días un recrudecimiento en el número de contagios y muertes a causa del virus; sin embargo, en algunos municipios de Colombia el impacto del COVID-19 ha sido muy bajo y en otros, ni siquiera se ha reportado un primer contagiado. Hemos pasado diez meses de aprendizaje sobre el comportamiento del virus y de cómo manejarlo. Evidencia de esto, a pesar de la extensión del aislamiento selectivo, las cuarentenas generales y toques de queda en muchos municipios, la mayoría del sector productivo ya abrió sus puertas con todos los protocolos de bioseguridad y cuidados exigidos por las autoridades sanitarias para evitar el contagio. Poco a poco han asimilado el convivir con el virus. El transporte terrestre, aéreo y marítimo ya se encuentra en funcionamiento. Los colegios y universidades en su mayoría aún tienen sus puertas cerradas. A la alternancia en educación hay que decirle SI en este 2021, por el bien de la formación de niñas, niños y jóvenes, y así evitar una escuela muerta. El gobierno debe asumir compromisos serios para resolver las falencias que presentan las instituciones educativas en la disponibilidad de agua potable, la conectividad a Internet para todos y gratuita, y la infraestructura sanitaria. También debe adquirir el compromiso de responder con atención priorizada, inteligente y a tiempo ante posibles contagios, brindando las condiciones de bioseguridad básicas.

Adicionalmente, desde el inicio del nuevo año lectivo 2021 y en modalidad de alternancia, en las instituciones se debe realizar un plan de retroalimentación en cada área del saber en todos los niveles y grados, para corregir las deficiencias que presenten los estudiantes en las respectivas áreas a tiempo. En el proceso educativo se deben mantener las guías académicas físicas como una herramienta de ayuda pedagógica; y transversalmente, hay que implementar la enseñanza en torno a los protocolos y cuidados que se deben asumir para prevenir el contagio y así los estudiantes lleven el mensaje a casa. La alternancia se debe implementar en un 50% de los estudiantes de cada salón para propiciar el distanciamiento social dentro del salón de clases y en todos los niveles y grados desde el inicio del año escolar. Los descansos, si no se suprimen reduciendo la jornada escolar, se deben realizar en horarios diferentes de acuerdo con el grado. Estas mismas medidas deben aplicarse para el ingreso al restaurante escolar y el transporte. Por último, con los padres de familia se deben realizar jornadas pedagógicas con el fin de desatanizar el regreso a la presencialidad, siempre y cuando respetando la decisión final de los padres de familia en cuanto a la asistencia de sus hijos a clases presenciales.

Como conclusión, si entre los trabajadores de los diversos sectores productivos se logró adquirir disciplina para evitar el contagio, ¿por qué en el sector educativo, que debe ser más fácil y eficaz por su carácter formativo, no se puede garantizar el retorno seguro a las aulas?

¡Se las dejo ahí!

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