Alerta naranja en Medellín por contaminación

"El 2017 no es el primer año en el que los indicadores han lanzado alertas para la salud, es así como lo aseguró este domingo Federico Gutiérrez"

Por: Valentina Correa Vélez
marzo 21, 2017
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Alerta naranja en Medellín por contaminación
Foto: Archivo eltiempo.com

Tal vez la alerta naranja no sea un calificativo que se le dé a la calidad del aire que respiramos, los que estamos en alerta naranja somos nosotros, los habitantes del Área Metropolitana.

El 2017 no es el primer año en el que los indicadores han lanzado alertas para la salud en el Valle de Aburrá, es así como lo aseguró este domingo Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, en un intento de calmar a los medios de comunicación (para que luego estos calmaran a la ciudadanía) a partir de negligencias en temas de ambiente en años y administraciones pasadas, presentando la cantidad de alertas naranjas y rojas que se emitieron o debieron ser emitidas desde el 2014 y haciendo énfasis en que este año se le ha dado mayor importancia a las alertas con el fin de crear una conciencia de prevención en los ciudadanos.

Otro método de calma por parte del Alcalde fue dar a conocer que, a comparación con ciudades como Santiago de Chile y Bogotá, en Medellín las alertas naranjas están pronosticadas para establecerse cuando los medidores de aire presentan 35 microgramos por metro cúbico de PM2,5 (partículas cuyo diámetro es tan pequeño que se logran quedar de horas a semanas en el aire por su volatilidad y estas entran con mayor facilidad a nuestro cuerpo, pues no son difíciles de filtrar), mientras que en Santiago de Chile es a los 80 microgramos por metro cúbico y en Bogotá con 35 apenas se considera que el aire se encuentra en un estado moderado, que es el previo a la alerta naranja.

El problema no es la cantidad de PM2,5 estamos inhalando, el problema es que nos hemos equivocado durante años y no deberíamos respirar ni una sola partícula de algo que puede causar la muerte. El tema de la calidad de aire no es una competencia por saber quién tiene mejores medidores y parámetros ICA, sino buscar soluciones y métodos para hacernos menos daño, porque este ya está hecho.

Las alertas no son para el aire, que nada puede hacer más que enfermarse lentamente y enfermarnos a nosotros de la misma manera, la alerta es para quienes llevamos a que el aire padeciera esta suciedad y para esos mismos que tenemos la capacidad de sanarlo. La alerta es para la administración en primer lugar, que es dónde están quienes tienen la capacidad y posibilidad de tomar medidas legales para mejorar calidad de lo que respiramos, acciones que moderen la actividad de camiones y volquetas que son las responsables de más de la mitad de la contaminación que ahora padecemos, pues anualmente, estos automotores producen 611 toneladas de PM2,5 (sin mencionar las fuentes fijas como las fábricas). Es desde allí, desde arriba, donde se toman decisiones para la ciudadanía, como los temas de transporte público, los cuales demuestran su poca adaptabilidad para la ciudad traducido en la cantidad de motos  y su notable crecimiento; hoy en Medellín hay  710 mil motos, cuando hace 10 años eran 139 mil.

Cada vez pensamos más de manera individual, en nuestra comodidad de corto plazo y no en nuestro bienestar a largo. La alerta naranja, que debería ser roja a ver si atisbamos, es para cada uno de nosotros, para aquellas familias de cuatro integrantes en las que cada uno tiene un carro y son utilizados todos los días, para quienes prefieren despertarse más tarde e irse en su particular que despertarse antes y tomar transporte público, para las personas cuyo sueño es comprarse una moto para andar solos y hacer más trancón, en lugar de pensar en el transporte compartido. Las alertas son para que cambiemos y tomemos decisiones personales antes de que sea tarde, para quienes fumamos y sabemos que le hacemos daño a las personas de nuestro entorno y a nosotros mismos.

Ya la Junta Metropolitana del Valle de Aburrá se ha reunido para diagnosticar la situación ambiental, los riesgos y las medidas que se deben tomar, pero cabe preguntarnos qué medidas personales tomará cada ciudadano, voluntariamente, para que su salud y la de los demás ciudadanos y seres vivos que habitan en la ahora perdida “Tacita de Plata” no esté más en riesgo.

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